El humo de los incendios hundió durante años las ventas de vino en Oregón

Un estudio vincula la mayor exposición al humo con caídas de hasta el 23% en el canal minorista

martes 3 de noviembre de 2026

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El humo de los incendios hundió durante años las ventas de vino en Oregón

Un estudio de la Universidad Estatal de Oregón concluye que el humo de los incendios de septiembre de 2020 redujo las ventas de vino de las bodegas del estado durante varios años, incluso después de que mejorara la calidad del aire. El trabajo, firmado por Amod Sugiyama y James Sterns y publicado el 15 de octubre en la revista Journal of Wine Economics, relaciona una mayor exposición al humo con menos ventas en el canal minorista hasta 2023 y con menos visitas a las salas de cata en los meses posteriores a los fuegos.

La investigación parte de una idea sencilla: medir solo el daño inmediato de un incendio puede dejar fuera una parte importante del golpe económico. Los autores recuerdan que más del 60% de las bodegas de Oregón declararon haber sufrido de forma directa los efectos del humo, una proporción que subió al 76% en el valle de Willamette, según datos de encuesta citados en el estudio. También mencionan que un análisis realizado poco después de los incendios cifró en 3.700 millones de dólares las pérdidas del vino en California, pero sostienen que esas fotografías tomadas a corto plazo no siempre separan el efecto del humo de otros factores.

Para medir el caso de Oregón, los investigadores cruzaron datos de calidad del aire obtenidos por satélite con información comercial. Compararon las ventas de 171 bodegas de Oregón entre 2018 y 2024 con su exposición al humo en septiembre de 2020. Además, clasificaron 850 bodegas por tamaño de producción anual y utilizaron otra base de datos con el comportamiento mensual de 158 salas de cata.

En esa parte del análisis, centrada en la visita presencial, el patrón fue claro. Por cada aumento de la presencia de humo en un código postal, las ventas y el número de visitas a la sala de cata bajaron un 5,8% al mes siguiente. En cambio, otras ventas al consumidor descendieron un 2,7%. Los autores atribuyen esa diferencia a que los pedidos por internet o por teléfono dependen menos de la calidad del aire local que una visita física a una bodega. También indican que la caída de ingresos vinculados a hospitalidad se prolongó durante varios meses tras la exposición al humo.

El efecto más duradero apareció en las ventas minoristas. Según el estudio, un aumento de una desviación estándar en la exposición al humo en septiembre de 2020, equivalente a unos 11,6 microgramos más de partículas finas por metro cúbico de aire, se asoció con un descenso aproximado del 15% en el volumen de ventas minoristas en 2021, del 20% en 2022 y del 23% en 2023, siempre en comparación con los niveles de 2019. En 2024 la brecha se redujo hasta alrededor del 19%.

Los investigadores sostienen que el calendario encaja con la llegada de los vinos de la añada 2020 a los lineales de las tiendas entre dos y tres años después de la vendimia. El mayor efecto apareció en 2023, cuando esa cosecha tenía más presencia en el mercado. A su juicio, esa demora muestra una limitación de las evaluaciones hechas al mismo tiempo que el incendio o poco después, porque pueden infravalorar el coste económico real si no tienen en cuenta los años siguientes.

Esa lectura tiene implicaciones más allá de una campaña concreta. Para el sector de las bebidas, y en especial para el vino, el estudio apunta a que valorar solo la pérdida de uva o el frenazo de unas semanas puede dejar fuera una parte del daño que aparece más tarde en el mercado. Ese desfase temporal puede influir en seguros, financiación, planes de inversión y cálculo de riesgos en zonas expuestas a incendios.

No todas las categorías de vino se comportaron igual. El Pinot Gris fue la variedad más perjudicada, con caídas de ventas de alrededor del 24% en 2021 y de entre el 37% y el 38% entre 2022 y 2024. El Pinot Noir, que representa cerca del 49% de las ventas minoristas de la muestra, registró descensos de entre el 21% y el 25% hasta 2023, aunque los autores advierten de que la robustez estadística es algo menor. Entre ambas variedades suman el 75% del volumen minorista y explican casi toda la bajada total observada.

El estudio precisa, además, que solo la estimación de 2023 supera el umbral estadístico más usado. Las cifras de 2021 y 2022 cumplen un criterio algo menos estricto. En cambio, los autores no encontraron efectos claros en rosados, mezclas tintas y otros vinos blancos. Plantean que los consumidores pueden no asociar esas categorías de forma tan directa con Oregón, lo que reduciría el daño de imagen tras un episodio de humo. El Chardonnay quedó fuera del análisis porque sus ventas ya seguían una trayectoria distinta antes de los incendios, lo que dificultaba aislar el efecto del humo.

Los precios ofrecieron una imagen menos uniforme. En Pinot Gris, el precio bajó cerca de un 3% al mismo tiempo que caía el volumen vendido. En Pinot Noir ocurrió lo contrario: el precio subió en torno a un 3% pese a que las ventas retrocedieron. Los autores plantean varias hipótesis para ese movimiento, pero el estudio no ofrece una respuesta cerrada sobre la razón de esa subida.

El trabajo también intentó comprobar si las bodegas grandes, con más acceso a pruebas y equipos para mitigar daños del humo, habían resistido mejor. Para ello, los investigadores dividieron 850 bodegas en tres grupos: pequeñas, con menos de 5.000 cajas al año; medianas, entre 5.000 y 10.000; y grandes, con más de 10.000. El resultado fue que no aparecieron diferencias estadísticamente relevantes entre categorías, lo que sugiere que disponer de más tecnología no evitó las consecuencias en el mercado minorista.

Los autores reconocen varias limitaciones. La exposición al humo se asignó a partir de la dirección registrada de cada bodega, no de la ubicación exacta del viñedo, algo que puede difuminar el efecto real. De hecho, consideran que eso probablemente rebaja la magnitud observada. Además, los datos minoristas no identifican qué añada se vendió en cada caso, de modo que la relación con las uvas de 2020 se apoya en el calendario comercial. La información sobre salas de cata procede de los clientes anonimizados de una sola empresa, por lo que no representa a toda la industria. El estudio tampoco cuantifica el daño a la imagen conjunta del vino de Oregón, un factor que, a juicio de los investigadores, puede ampliar las pérdidas más allá de las cifras atribuidas a cada bodega.

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