Jueves 18 de Junio de 2026
La gran pregunta en Burdeos no es solo si 2025 será una gran añada, sino si la campaña de primeurs logrará reactivarse tras el mal resultado de 2024. En la plaza bordelesa hay operadores que confían en que la combinación de calidad reconocida y volúmenes muy bajos ayude a mejorar las ventas, una fórmula que durante décadas ha funcionado en este mercado. Sin embargo, el sector llega a esta campaña con las ventas frenadas, las tesorerías de los negociantes bajo presión, los almacenes llenos y un escenario internacional poco favorable.
Ese punto de partida hace que la calidad del vino no garantice por sí sola una buena respuesta comercial. En Burdeos se da por hecho que, para que la campaña funcione, también será necesario un ajuste de precios en algunas de las marcas con más peso. Esa posibilidad sigue abierta, pero no está asegurada.
En el plano vitícola y enológico, la añada 2025 presenta un perfil definido por el equilibrio, la frescura y unos rendimientos bajos. En la orilla izquierda, las primeras catas muestran vinos con fruta nítida, directa y agradable, apoyados además en graduaciones moderadas, por lo general en torno a 13°. Ese resultado llama la atención porque el año registró tantos días de calor intenso como 2022, aunque la expresión final de los vinos es distinta.
La diferencia está en cómo se repartió ese calor a lo largo del ciclo. En 2025 se concentró sobre todo en julio, mientras agosto fue más fresco. A eso se sumaron pequeñas lluvias el 28 de agosto, que ayudaron a contener la subida de azúcares y a aliviar el estado de la uva antes de una vendimia especialmente temprana. En los blancos de Pessac-Léognan, las catas apuntan a acideces bien presentes, con finales sabrosos y buena capacidad de evolución.
En la orilla derecha, el balance es parecido, aunque con más contrastes. En Pomerol y Saint-Émilion, 2025 se perfila como una añada marcada por extremos climáticos muy claros. El desborre fue especialmente precoz y la viña entró pronto en un ciclo vegetativo rápido, con riesgo elevado de mildiu. Después llegaron un déficit hídrico desde primavera y varios episodios de calor intenso: uno a finales de junio y otros en pleno verano, con picos por encima de 41°C en agosto.
La evolución del viñedo cambió al final del ciclo gracias a lluvias que permitieron evitar un bloqueo completo de la maduración. En las primeras muestras catadas aparecen vinos con una fuerte impronta mineral, sin dureza, aunque en algunos casos surgen notas menos habituales, incluso metálicas, que se atribuyen al efecto del calor y de la insolación. También aquí las graduaciones son contenidas. Cheval Blanc se sitúa en 12,7° y La Conseillante en 13°, cifras que apuntan a vinos más centrados en la elegancia que en la potencia.
La amenaza puntual del botritis aceleró algunas decisiones de vendimia y añadió dificultad a una cosecha ya desigual, en la que todavía pueden aparecer bolsas de menor madurez. Aun así, empieza a dibujarse una jerarquía clara entre zonas y propiedades. Los mejores resultados proceden de suelos capaces de regular el agua con precisión. En ese sentido, la meseta calcárea de Saint-Émilion tuvo un papel esencial por su capacidad para devolver agua de forma progresiva y amortiguar los excesos climáticos, lo que favoreció maduraciones más homogéneas.
En Sauternes, las muestras probadas en abril permiten apreciar una impresión general alta para los vinos dulces de 2025, aunque todavía no facilitan una clasificación cerrada entre crus porque los vinos se encuentran en fases distintas de evolución. La añada ofrece bastante homogeneidad y un nivel medio alto, con vinos completos y equilibrados, poco dados a expresiones excesivas y apoyados en un botritis limpio que invita a pensar en una larga evolución en botella.
Las condiciones meteorológicas durante la vendimia facilitaron además una recogida escalonada de las tries hasta el final del proceso. El principal límite vuelve a estar en la cantidad: los rendimientos fueron muy contenidos. En cambio, los secos de Sauternes dejaron una impresión menos convincente. En varias muestras se echa en falta algo más de madurez de fruta y amplitud de sabor. La búsqueda de frescura puede traducirse en finales verdes, amargos o estrechos.
Con estos elementos sobre la mesa, 2025 aparece como una añada con argumentos sólidos para entrar en la bodega del aficionado. La incógnita sigue estando en el mercado: si Burdeos quiere que la campaña primeurs recupere tracción este año, no bastará con ofrecer vinos buenos y escasos; también tendrá que convencer con sus precios.