Jueves 27 de Agosto de 2026
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Antes de cruzar la entrada del Palacio de Saldaña, el visitante se encuentra con la primera mirada de ABYA. Una monumental figura femenina, creada por el artista mexicano Miguel Milló mediante miles de teselas cerámicas colocadas artesanalmente, observa desde la reja principal y anticipa el universo latinoamericano que se despliega en el interior.
Dentro del relato artístico y cultural de ABYA, esta figura puede leerse como una personificación contemporánea de Abya Yala, la "tierra viva" que da nombre y sentido al proyecto. No representa una identidad detenida en el pasado, sino una presencia femenina que introduce al visitante en una historia construida alrededor de la memoria, el territorio y el encuentro entre culturas.
El Día Internacional de la Mujer Indígena ofrece a ABYA la ocasión de explicar una raíz que forma parte del proyecto desde su origen. La efeméride no establece una relación nueva o circunstancial: permite descubrir una identidad que comienza en el nombre de ABYA, continúa en la obra que recibe al visitante y atraviesa su colección de arte.
ABYA toma su nombre de Abya Yala, una expresión de origen guna o kuna utilizada para nombrar el continente americano desde una mirada propia. Traducida habitualmente como "tierra viva" o "tierra en plena madurez", expresa una forma de comprender el mundo en la que las personas, la comunidad, la naturaleza y el territorio permanecen estrechamente relacionados.
Abya Yala no es únicamente una referencia geográfica, sino una cosmovisión basada en la pertenencia a la tierra, la memoria ancestral, la transmisión entre generaciones y la conexión del ser humano con su entorno.
De esa forma de entender América procede una parte esencial de la identidad de ABYA. Tras la fachada de inspiración europea del Palacio de Saldaña se descubre un universo profundamente latinoamericano, articulado a través de la gastronomía, la arquitectura, el interiorismo y una colección artística concebida para establecer un diálogo entre diferentes orígenes y sensibilidades.
"ABYA nace de una manera de entender América como una tierra viva, inseparable de las personas, la memoria y el territorio. La figura que recibe al visitante es la primera mirada de ese relato y anticipa todo lo que sucede después dentro del palacio", explica Manuel González, propietario de ABYA y curador de la colección de arte ABYA, cara a cara.
El 5 de septiembre permite poner el foco en el papel esencial que las mujeres indígenas han desempeñado en la conservación y evolución de la identidad de sus comunidades.
Las mujeres indígenas no son únicamente depositarias de una herencia ancestral. Son creadoras, artistas, líderes, pensadoras, defensoras del territorio y agentes contemporáneas de transformación. A través de sus voces y de su actividad cotidiana, han mantenido vivas las lenguas, los relatos, la alimentación, los oficios artesanales y los conocimientos vinculados a la naturaleza y a la comunidad.
La transmisión de esa memoria se produce mediante enseñanzas que pasan de una generación a la siguiente, pero también a través de la capacidad de interpretar esos conocimientos desde el presente. No se trata solamente de conservar una tradición, sino de mantenerla viva y proyectarla hacia el futuro.
Esta concepción está presente en la filosofía de ABYA y en la forma en que su colección evita ofrecer una representación única o folclórica de Latinoamérica. El proyecto se construye desde la pluralidad, el mestizaje y la convivencia entre diferentes identidades culturales.
El mural de Miguel Milló no actúa únicamente como una obra de bienvenida. Su ubicación convierte la figura femenina en un umbral simbólico entre la apariencia europea del Palacio de Saldaña y el universo latinoamericano que habita en su interior.
La imagen recibe al visitante, sostiene su mirada y lo sitúa frente al origen cultural del proyecto. La figura femenina ocupa el lugar más visible del edificio y simboliza presencia frente a invisibilidad, reconocimiento frente a anonimato y contemporaneidad frente a una interpretación de lo indígena anclada exclusivamente en el pasado.
El trabajo de Milló, realizado mediante miles de pequeñas piezas cerámicas, refuerza además la relación entre creación contemporánea y oficio artesanal. Cada tesela forma parte de una imagen mayor, del mismo modo que cada obra y cada artista contribuyen a construir la identidad global de ABYA.
El relato que comienza en la reja del Palacio de Saldaña continúa en el interior a través de ABYA, cara a cara, la colección curada por Manuel González.
Formada por más de 200 obras, reúne pinturas, esculturas, fotografías, instalaciones y mosaicos de artistas como Vladimir Cora, Amador Montes, Miguel Milló, Paola Martínez, César López Negrete o Antonio Mújica.
Los rostros, las caras y las miradas constituyen uno de los principales hilos conductores de la colección. Aparecen como expresiones de identidad, emoción y pertenencia, pero también como una invitación a reconocer al otro y establecer un diálogo entre personas, culturas y continentes.
Durante años, Manuel González recorrió diferentes países de Latinoamérica, visitando talleres, estudios y galerías para construir una colección que no respondiera únicamente a criterios estéticos, sino a un relato compartido.
"La colección no pretende reproducir una imagen folclórica o detenida en el tiempo de Latinoamérica. Busca mostrar una identidad plural, mestiza y contemporánea. Por eso los rostros y las miradas ocupan un lugar central: nos obligan a reconocer al otro y a encontrarnos cara a cara con él", añade Manuel González.
En ABYA, el arte no funciona como un elemento ornamental añadido a la experiencia gastronómica. La colección forma parte de una narración viva en la que la cocina, el arte, la arquitectura y la herencia latinoamericana comparten una misma identidad.
El mural de Miguel Milló abre ese relato; los rostros y las miradas de la colección lo desarrollan; y la propuesta gastronómica conecta Latinoamérica y Europa desde un lenguaje contemporáneo.
El Día Internacional de la Mujer Indígena invita a detenerse en esa raíz y en las mujeres que, generación tras generación, han conservado, transformado y proyectado los saberes, las lenguas y la memoria de sus comunidades.
Mujeres que continúan dando voz y sentido a Abya Yala, la tierra viva de la que ABYA toma su nombre.
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