El Gobierno francés retrasa la previsión de vendimia por calor extremo, sequía e incendios

La falta de lluvias y el riesgo de humo en la uva complican precios, compras y controles en bodega

Viernes 21 de Agosto de 2026

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El Gobierno francés retrasa la previsión de vendimia por calor extremo, sequía e incendios

El Ministerio de Agricultura francés ha retrasado de comienzos de agosto a comienzos de septiembre su previsión anual de vendimia por la incertidumbre que han abierto la ola de calor, la sequía, las tormentas y los incendios forestales. La decisión llega después de un verano marcado por temperaturas por encima de 40 grados en varios momentos, un fuerte déficit de lluvia y varios fuegos de gran extensión en zonas vitícolas.

Jérôme Despey, viticultor del departamento de Hérault y vicepresidente de la FNSEA, la principal organización agraria del país, justificó ese aplazamiento por la falta de fiabilidad de las estimaciones hechas con observaciones y análisis de principios de julio. A su juicio, el calor, la sequía, las tormentas y los incendios han alterado tanto el estado del viñedo que las cifras de agosto podían quedar rápidamente desfasadas.

Los datos que maneja el sector explican esa cautela. Francia no había registrado hasta ahora un verano tan continuamente caluroso como el de 2026, con temperaturas que han superado con frecuencia los 40 grados. La lluvia, además, ha caído un 67% menos en el conjunto del país y julio fue el tercer mes más seco desde 1959.

Una primera consecuencia ha sido el adelanto de la vendimia en Borgoña, Beaujolais y la región Centre-Val de Loire. Otra, el daño directo a las cepas por la falta de agua. Solo alrededor del 15% de la superficie de viñedo en Francia está regada, de modo que la mayor parte de las parcelas ha soportado el calor sin ese apoyo. Despey describe una parte de ese deterioro con un término conocido por los viticultores: defoliación, es decir, pérdida de hojas en la vid por estrés hídrico y térmico.

La situación ha sido especialmente dura en Gironda, al oeste de Burdeos, donde el fuego arrasó 42.000 hectáreas. En Provenza también se han registrado incendios de gravedad durante las últimas semanas. En Correns, una localidad de esa región, un fuego de finales de julio consumió cerca del 15% de las viñas. Allí, varios productores empezaron a vendimiar en agosto en un paisaje de árboles carbonizados y cepas marchitas. Uno de ellos resumió el ánimo de la zona con una frase simple: la vendimia, que suele ser un momento esperado, se ha convertido esta vez en un trabajo que desean terminar cuanto antes.

A la pérdida directa de superficie se suma otro temor: la contaminación por humo en la uva. Es un problema bien conocido en California tras años de incendios. Cuando arde la madera se liberan compuestos aromáticos, los llamados fenoles volátiles, que pueden penetrar en la piel de la uva y unirse a sus azúcares. El defecto no siempre se detecta en la viña. Puede aparecer durante la fermentación y, en algunos casos, incluso después del embotellado. Los vinos tintos están más expuestos porque sus hollejos permanecen más tiempo en contacto con el mosto.

En Correns, los elaboradores están aplicando un tratamiento especial a base de carbón para intentar eliminar ese defecto. Un responsable de bodega admitió que en la zona hay preocupación y que muchos productores siguen afectados por lo ocurrido. Esa inquietud puede tener efectos más allá del viñedo: el retraso de la previsión oficial priva durante varias semanas al mercado de una referencia útil para precios, compras y contratación de uva y vino, mientras que el riesgo de contaminación por humo obliga a reforzar controles y decisiones en bodega antes de sacar el producto al mercado.

El panorama es distinto en el suroeste del país. La Union des Grands Crus de Bordeaux, que agrupa a 126 châteaux, sostiene que los grandes fuegos de Gironda no alcanzaron las propiedades principales de Médoc y Graves. La organización afirmó a finales de julio que, hasta esa fecha, no se había observado ningún efecto en la calidad de la uva y recordó que una situación parecida ya se dio en 2022, también sin daño apreciable en ese apartado.

La agrupación bordelesa considera, además, que 2026 puede dejar una campaña muy favorable en calidad. Su argumento es doble. Por un lado, el tiempo seco ha limitado la aparición de enfermedades en la viña. Por otro, ese mismo calor favorece una concentración alta de azúcar en las uvas. El riesgo existe, porque las mismas condiciones pueden causar deshidratación y quemaduras por sol, pero la llegada de temperaturas más suaves y algo de lluvia en los últimos días ha permitido rehidratar parte del viñedo y beneficiar a las variedades de maduración tardía.

En Chablis, la vendimia comenzó antes de lo habitual este agosto. Los viticultores de la zona consideran que habrá algo menos de producción, pero esperan una añada de gran nivel. En el oeste de Francia también manejan previsiones positivas y hablan de un vino muy marcado por el sol.

Con esos elementos sobre la mesa, el mapa francés se divide entre zonas con pérdidas directas por incendio o por sequía y otras que confían en convertir un verano extremo en una mejora de la calidad final. A falta de la nueva estimación oficial de septiembre, la campaña apunta a un equilibrio inestable: menos volumen en varias áreas y una apuesta del sector por salvar, parcela a parcela, el valor de la cosecha.

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