Lunes 29 de Junio de 2026
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La segunda edición de Discover-Eat abrió este lunes, 29 de junio, en Sigüenza con una defensa cerrada del patrimonio gastronómico y cultural como base para impulsar el enoturismo y los viajes gastronómicos en entornos rurales. El encuentro, promovido por el Gobierno de Castilla-La Mancha y organizado por Vocento Gastronomía, se celebra en Castilla-La Mancha hasta este miércoles, 1 de julio, con el foco puesto en los destinos no urbanos.
La jornada inaugural reunió a especialistas internacionales en turismo, responsables institucionales, cocineros y productores para debatir sobre cómo convertir la identidad alimentaria de cada territorio en una oferta capaz de atraer visitantes, generar actividad económica y mejorar la vida de quienes residen en esos lugares.
Durante la apertura, la directora general de Turismo, Comercio y Artesanía de la Junta de Castilla-La Mancha, Arantxa Pérez Gil, explicó que el objetivo principal del congreso es “dar un empujón al desarrollo del medio rural a través del turismo y la gastronomía”. En la misma línea, el director general de Vocento Gastronomía, Benjamín Lana, afirmó que no se trata solo de atraer turistas, sino también de “crear buenos entornos para vivir”.
La alcaldesa de Sigüenza, María Jesús Merino, subrayó la importancia de que la ciudad y sus pedanías acojan una cita de estas características por la visibilidad que aporta al territorio. La consejera de Economía, Empresas y Empleo de Castilla-La Mancha, Patricia Franco, puso el acento en el trabajo del sector gastronómico de la comunidad y sostuvo que sin ese esfuerzo no sería posible celebrar un encuentro de este tipo.
La sesión matinal, celebrada en la iglesia de Santiago de Sigüenza, arrancó con la intervención de Erik Wolf, director ejecutivo de la World Food Travel Association. Wolf defendió que la gastronomía puede actuar como motor para hacer un territorio más habitable. “El visitante necesita motivos para ir, el habitante para quedarse”, resumió.
A su juicio, el primer paso pasa por reconocer y poner en valor el patrimonio propio. Wolf describió una cadena que comienza con ese reconocimiento, continúa con el orgullo por lo propio, favorece su cuidado y difusión, impulsa la colaboración entre distintos agentes y abre nuevas oportunidades hasta llegar a construir lugares donde se pueda vivir.
El experto sostuvo además que España dispone de un gran patrimonio gastronómico, pero sufre una “crisis de reconocimiento” que limita su visibilidad exterior. En su opinión, la imagen internacional de la cocina española sigue reducida a tópicos como la paella, la sangría o las tapas, mientras queda fuera una oferta mucho más amplia formada por embutidos, quesos, cocidos, vinos y productos agrícolas de alta calidad.
La necesidad de ganar visibilidad también dentro del propio país fue uno de los asuntos abordados por Rubén Pérez, director de operaciones de Rusticae. Pérez aportó un dato sobre la distribución de la ocupación turística y señaló que solo el 40% corresponde a zonas rurales, lo que a su entender deja margen para avanzar. En ese espacio, situó una propuesta basada en un turismo menos masificado, más ligado al territorio y centrado en la calidad de la experiencia.
La construcción de una marca de destino fue otro de los ejes del debate. Lindsey Gallagher, presidenta y consejera delegada de Visit Napa Valley, explicó el trabajo que desarrolla esta organización para mantener al valle californiano como primer destino turístico de su estado. Gallagher coincidió en la importancia de conservar y dar valor al patrimonio y citó como ejemplo la protección de 94.000 hectáreas de viñedo, que definió como el principal atractivo turístico del valle.
Junto a esa preservación, Gallagher defendió la necesidad de maximizar el impacto económico de los visitantes. Para ello, planteó medidas orientadas a equilibrar la relación entre residentes y turistas, como la desestacionalización de la demanda para reducir su efecto sobre la comunidad o la dispersión geográfica de los flujos para que las cinco ciudades del valle se beneficien de la actividad.
Como ejemplo práctico, mencionó el “Restaurant Month”, una iniciativa que concentra actividades en restaurantes durante enero, uno de los meses con menos visitas. La idea, explicó, es repartir mejor la demanda y sostener la actividad en periodos de menor afluencia.
La experiencia de Polonia llegó de la mano de Hubert Gonera, consejero delegado de Landbrand e impulsor del Plan Nacional de Turismo Gastronómico del país. Gonera defendió una combinación entre gastronomía, sostenibilidad y capacidad regeneradora del turismo. En su intervención, sostuvo que formar parte de la comunidad que recibe al visitante mejora la experiencia y abre una relación más estrecha con el territorio.
El experto polaco presentó un proyecto desarrollado con cuatro bodegas en el que los visitantes se integran en el trabajo diario de estos establecimientos en función de la época del año. Según explicó, el huésped trabaja junto al propietario, conoce el proceso, participa en él y aporta su valoración sobre la actividad. Para Gonera, este modelo permite una inmersión más profunda y una relación más directa con el lugar visitado.
La jornada también dio espacio a la visión de los cocineros. Enrique Pérez, del restaurante El Doncel de Sigüenza, y Vicent Guimerà, de Antic Molí en Ulldecona, defendieron la cocina como una expresión directa del territorio y de la relación con sus productores. Pérez afirmó que cocinar es una forma de expresar cómo se siente la tierra propia y cómo se convive con ella.
El chef de Sigüenza puso como ejemplo el garbanzo verde y sostuvo que para conocer de verdad un lugar hay que probar sus productos en su momento y en su entorno. Guimerà coincidió con esa idea y añadió que la cocina de un restaurante se enriquece con lo que le rodea. En su caso, vinculó esa identidad al Delta del Ebro, un espacio donde confluyen tradiciones de Cataluña, el País Valenciano y Aragón.
Ambos aprovecharon su intervención para pedir una mayor escucha por parte de las administraciones. A su juicio, para “comer territorio” es necesario que ese territorio exista y no desaparezca por efecto de protecciones y normativas que, según advirtieron, en ocasiones privan a la cocina de productos y reducen la diversidad culinaria.
La defensa de la autenticidad también estuvo presente en la intervención del heladero artesano italiano Franco di Iorgi, segunda generación de la heladería Ercole de Pizzo Calabro. Di Iorgi afirmó que la forma de ofrecer un producto genuino y de calidad pasa por mantener su elaboración artesanal.
El maestro heladero explicó que ha rechazado industrializar la producción del Tartufo, un helado convertido en emblema de la localidad calabresa. Según trasladó en el foro, ese producto ha contribuido a aumentar el número de visitantes que recibe el municipio año tras año.
El cierre de la primera jornada corrió a cargo de Orazio Belletini, director de la Fundación Fuegos de Ecuador, que presentó el caso de la provincia de Manabí. Belletini describió este territorio como una región de gran biodiversidad y riqueza cultural, aunque esa condición no se ha traducido de forma automática en bienestar para su población.
Durante su intervención recordó que productos por los que Ecuador es conocido fuera del país, como el cacao, el atún o el camarón, proceden de Manabí. Esa riqueza gastronómica, unida a su legado histórico y cultural, ha permitido a la provincia convertirse en Región Mundial de la Gastronomía en 2026.
Belletini explicó que la identidad culinaria de Manabí se apoya en un papel central de las mujeres como guardianas de la tradición y en la conservación de técnicas y productos milenarios. Añadió que la provincia apuesta ahora por la educación y la formación para dar valor a esa despensa a través de la innovación y favorecer así su regeneración social y turística.
La primera jornada de Discover-Eat dejó una idea compartida por buena parte de los participantes: la gastronomía no se limita a la restauración ni a la promoción exterior de un destino. Puede actuar como herramienta para ordenar la actividad turística, reforzar la identidad local, repartir mejor los beneficios y hacer más habitables los territorios rurales.
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