Lunes 15 de Junio de 2026
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Bodegas Emilio Moro ha presentado en Pesquera de Duero una colaboración con el diseñador Pablo Erroz que sitúa a Malleolus como nexo entre el vino y la moda. La iniciativa se ha dado a conocer en la propia bodega, donde ambas partes han planteado el proyecto como un diálogo entre dos ámbitos creativos unidos por la identidad, la artesanía y el tiempo.
La jornada arrancó con un recorrido por distintos espacios de la bodega y por sus viñedos. Desde la compañía recuerdan que la historia de la familia Moro se extiende a lo largo de cuatro generaciones y sitúan uno de sus primeros hitos visuales en una fotografía de la vendimia de 1938, en la que aparece el primer Emilio Moro junto a su hijo. Ese recorrido por la memoria familiar convivió con la visita a las parcelas actuales, que, según informa la bodega, superan las 340 hectáreas en ese entorno.
En los viñedos, la firma explicó el papel de la uva Tempranillo en la construcción de la identidad de sus vinos. La bodega señala que los suelos pedregosos, calizos y arcillosos, junto con un clima exigente, aportan carácter y concentración a la uva. Esa idea se puso en relación con el trabajo de Pablo Erroz, que vincula la elección de tejidos, texturas y volúmenes con el resultado final de una colección. El planteamiento compartido pasa por entender que tanto en el vino como en la moda las decisiones iniciales condicionan la pieza terminada.
La visita continuó por la tolva, los depósitos y la sala de barricas. Allí, Bodegas Emilio Moro puso el foco en los procesos que no se ven, pero que determinan el perfil del vino, como la fermentación alcohólica, el remontado, la maceración y la crianza en roble francés y americano. La bodega sostiene que esa parte menos visible del trabajo forma parte de su manera de entender la elaboración. En paralelo, Pablo Erroz asocia ese proceso a la investigación y a las pruebas previas que permanecen fuera de la vista hasta que la prenda toma forma.
La pieza central de la colaboración se instaló en el bodegón de barricas-fudres. Tanto la bodega como el diseñador la presentan como un punto de encuentro entre dos formas de crear desde dentro, sin convertir el vino en un mero recurso estético ni la moda en un simple complemento del producto. El proyecto pone el acento en el tiempo, la artesanía, el origen y en esos procesos silenciosos que sostienen el resultado final.
El recorrido terminó en la zona de nichos, un espacio que conserva la memoria de la familia y de sus vinos. Desde Emilio Moro vinculan ese cierre con la idea de permanencia y con una identidad que, a su juicio, no se limita a lo visible. Esa lectura es la que ambas partes trasladan al sentido de la colaboración.
La unión entre vino y moda ya había tenido una primera puesta en escena reciente durante la 83ª edición de Mercedes-Benz Fashion Week Madrid. Allí, Malleolus, uno de los vinos más conocidos de Bodegas Emilio Moro, formó parte del desfile The Residence de Pablo Erroz. Según indican ambas partes, su presencia en esa propuesta no respondió a un guiño decorativo, sino a una voluntad compartida de reivindicar el valor del trabajo hecho a mano, la dedicación, el tiempo y el legado.
El diseñador plantea The Residence como un espacio íntimo y personal. Esa idea conecta, en palabras de la bodega, con la trayectoria de Emilio Moro, entendida como una residencia en la que varias generaciones han trabajado la tierra, han transmitido conocimiento y han construido una identidad ligada al origen. En ese marco, Malleolus pasa a funcionar como símbolo compartido entre moda y vino.
El resultado concreto de la colaboración se materializa en dos piezas. Por un lado, una edición diseñada por Pablo Erroz, concebida como objeto de colección que traslada el lenguaje del diseño al vino. Por otro, una funda de piel exclusiva creada para portar una botella de Malleolus. La propuesta convierte así el transporte de la botella en una pieza con intención estética propia.
Con esta iniciativa, Bodegas Emilio Moro busca ampliar su presencia en conversaciones culturales vinculadas a otros sectores sin apartarse de su identidad de marca. La empresa enmarca esta colaboración en una línea de trabajo en la que tradición, creatividad e innovación conviven dentro de un mismo relato.
El origen de Bodegas Emilio Moro se remonta a 1891, año del nacimiento de Emilio Moro, primera generación de la familia, en Pesquera de Duero, en la provincia de Valladolid. La compañía recuerda que fue él quien transmitió a su hijo el vínculo con el vino y que ese conocimiento pasó después a las siguientes generaciones. En la actualidad, la bodega está dirigida por miembros de la tercera y la cuarta generación de la familia.
La empresa cuenta con unas 375 hectáreas de viñedo propio. Su gama incluye Finca Resalso, llamado así por el viñedo plantado cuando nació Emilio Moro, padre de la tercera generación; Emilio Moro, considerado por la casa como su referencia principal; Emilio Moro Vendimia Seleccionada; y La Felisa, su vino ecológico y sin sulfitos añadidos. A esa oferta se añade la gama Malleolus, formada por Malleolus, Malleolus de Sanchomartín y Malleolus de Valderramiro, nombres que rinden homenaje a algunos de los viñedos más antiguos de la bodega. También figura Clon de la Familia, que la empresa define como una expresión de la variedad Tempranillo y de los tres tipos de suelo de la Ribera del Duero: pedregoso, arcilloso y calizo.
Fuera de Ribera del Duero, Bodegas Emilio Moro inició en 2016 un proyecto en El Bierzo. Allí posee 60 hectáreas y elabora blancos 100% godello bajo las marcas Polvorete, El Zarzal y La Revelía. Más adelante, el 2023 lanzó su primer rosado, ElAlba de Emilio Moro. Después, en octubre de 2024, presentó Bestizo, su primer Mencía. Un mes más tarde, en noviembre de 2024, nació Latertius, un coupage de tres añadas creado como acceso al Club de Socios de la bodega, El Lagar de Emilio Moro.
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