Miércoles 24 de Junio de 2026
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Una investigación realizada en los bosques de Badia a Coltibuono, en el municipio italiano de Gaiole in Chianti, sitúa la presencia de la vid en esta zona hace más de 2.300 años y adelanta al menos hasta el siglo III antes de nuestra era las pruebas documentadas de viticultura local.
Los trabajos se centran en el yacimiento arqueológico etrusco-romano de Cetamura, donde arqueólogos de Florida State University excavan desde hace más de cincuenta años bajo la dirección de Nancy de Grummond. Entre 2012 y 2016, el equipo recuperó numerosas pepitas de uva muy bien conservadas en las capas más profundas de pozos etruscos. Los investigadores consideran que esas semillas fueron depositadas como parte de rituales votivos.
El análisis genético ha sido realizado por la Universidad de York con apoyo del Consorzio Vino Chianti Classico. Los resultados muestran que una misma variedad blanca fue cultivada y utilizada para elaborar vino durante varios siglos consecutivos, desde la etapa etrusca hasta la romana. El estudio también confirma el uso de propagación vegetativa, la técnica que aún se emplea para reproducir vides mediante esquejes.
Para los investigadores, ese dato apunta a que ya existía un conocimiento avanzado del cultivo de la vid en época etrusca. Los análisis revelan además un claro predominio de variedades blancas, aunque también había presencia de algunas tintas.
El hallazgo tiene una repercusión directa en Gaiole in Chianti y en su museo arqueológico, Chianti Origo, donde se conservan las piezas recuperadas en las excavaciones. El alcalde del municipio ha subrayado el valor cultural e histórico de la investigación y su vínculo con una tradición vinícola de varios milenios.
La familia Stucchi Prinetti, propietaria de los bosques de Badia a Coltibuono y colaboradora habitual de las excavaciones, afirma que los resultados conectan la historia de la finca con los primeros orígenes de la viticultura en Chianti. La propiedad añade que ese legado fue conservado durante siglos por la Orden Vallombrosana y ha llegado hasta la actualidad a través de una viticultura ligada al paisaje local.
Las investigaciones siguen abiertas para comprobar si existe una relación genética entre la antigua variedad identificada en Cetamura y cepas que todavía existen. Si esa conexión se confirma, Badia a Coltibuono plantea la posibilidad de impulsar un proyecto para recuperar la vid que crecía en estas colinas hace más de dos mil años, antes de que la sangiovese se convirtiera en la uva más asociada a la zona.
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