Burberry se viste de fantasía británica junto a Sir Quentin Blake

La firma británica transforma la ilustración en moda en una cápsula con Sir Quentin Blake, donde el trazo infantil se convierte en lujo narrativo.

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Martes 02 de Junio de 2026

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Hay colaboraciones que no solo suman moda: reescriben el imaginario completo de una firma. La nueva cápsula de Burberry junto al legendario ilustrador británico Sir Quentin Blake pertenece exactamente a esa categoría rara en la que el arte deja de ser inspiración para convertirse en materia prima.

El punto de partida no es una tendencia ni una temporada, sino algo mucho más delicado y difícil de fabricar: la sensación de infancia. Ese territorio emocional donde la imaginación no pide permiso y el trazo es libre, instintivo, casi musical. Daniel Lee, Chief Creative Officer de la casa, lo resume con precisión quirúrgica: las ilustraciones de Blake contienen una magia infantil profundamente británica. Y esa es precisamente la clave de lectura de la colección.

Blake, caballero del arte desde 2013 y figura esencial de la ilustración británica durante casi siete décadas, ha construido un universo reconocible al instante: líneas que parecen moverse, personajes con carácter inmediato y una narrativa visual que no necesita explicación. Su obra no ilustra historias: las cuenta.

En esta cápsula, ese lenguaje gráfico se traslada al armario con una naturalidad sorprendente. Motivos dibujados a mano como aves, plumas, figuras juguetonas interactuando con la naturaleza, aparecen reinterpretados a partir de archivos históricos, como una ilustración de 1971 para una edición de Los pájaros de Aristófanes, y de dibujos más recientes nunca antes publicados. El resultado es un diálogo entre tiempo, papel y tejido.

La prenda protagonista inevitable es el trench coat, ese icono eterno de Burberry que aquí se convierte en lienzo. Confeccionado en gabardina tropical resistente a la lluviam, la más ligera de la firma, el abrigo se transforma mediante técnicas artesanales que trasladan el universo de Blake al textil sin perder sofisticación. En la versión fit-and-flare Pembury, el interior se revela como un secreto: forro de seda estampada que parece una escena capturada al vuelo. En el modelo Foxfield, más limpio y estrecho, el bordado aporta textura, casi como si el dibujo hubiera decidido abandonar el papel para convertirse en relieve.

Cada pieza incorpora además la Knight label de Burberry, rematada con la firma del artista, un gesto que funciona como sello y como declaración: aquí el autor no es invitado, es co-creador.

El lenguaje de la seda impresa atraviesa toda la colección como un hilo narrativo. Paneles en camisetas de punto, vestidos fluidos con volumen controlado, faldas que se mueven como si tuvieran vida propia. Incluso las prendas más esenciales, camisetas de algodón, jerséis ligeros, se convierten en soportes de una iconografía que no necesita estridencias para ser reconocible.

En los accesorios, la historia continúa con discreción elegante: gorras de algodón twill bordadas con los motivos de la cápsula y bufandas de cashmere escocés cepillado hasta alcanzar una suavidad casi doméstica, como si el lujo decidiera, por un momento, hablar en voz baja.

Lo interesante de esta colaboración no es solo el encuentro entre moda y arte, sino la forma en la que ambos lenguajes se respetan. Burberry no intenta traducir a Blake; le deja hablar. Y Blake, a su vez, no ilustra la moda: la desordena suavemente, la vuelve más humana, más juguetona, menos solemne.

El resultado es una cápsula que se siente menos como una colección y más como un cuaderno abierto: páginas donde el trazo no se detiene y donde la ropa recupera algo que a veces la industria olvida, que vestir también puede ser una forma de contar historias.

Un artículo de Laia Acebes
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