La OIV quiere llevar el vino a la Unesco como patrimonio cultural

Bruselas endurece las advertencias sobre alcohol mientras el sector defiende su valor histórico y social

Miércoles 06 de Mayo de 2026

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La OIV quiere llevar el vino a la Unesco como patrimonio cultural

La Organización Internacional de la Viña y el Vino quiere llevar a la Unesco la defensa del vino como patrimonio cultural, en un momento en que el sector ve cómo avanzan en Bruselas las etiquetas de advertencia sobre el alcohol y cómo parte de los consumidores más jóvenes se aleja de esta bebida. La propuesta se puso sobre la mesa el 13 de abril en Verona, durante Vinitaly, en una mesa redonda organizada junto al Ministerio de Agricultura de Italia bajo el título “Reconocer el valor cultural de la vid y del vino”.

El mensaje fue claro desde el inicio. El ministro italiano de Agricultura, Francesco Lollobrigida, dijo ante un auditorio lleno que una botella de vino no es solo una botella de alcohol. Según explicó, dentro hay tierra, cultura, trabajo, empresa, identidad y tradición. Su intervención tuvo peso porque la hizo delante de un comisario europeo, tres ministros extranjeros y el responsable del organismo científico del sector vitivinícola.

John Barker, director general de la OIV, abrió el debate con una idea parecida. Sostuvo que el vino no es solo un producto económico, sino un bien cultural que forma parte de la historia humana desde hace más de 8.000 años. Añadió que el sector debe transmitir ese valor a las nuevas generaciones sin perder su vínculo con los cambios en los hábitos de consumo.

La discusión llegó en un momento delicado para el vino en Europa. En varias instituciones comunitarias se estudian medidas para reforzar las advertencias sanitarias sobre las bebidas alcohólicas. En paralelo, productores y organizaciones del sector temen que el vino quede reducido a su contenido alcohólico y pierda su dimensión social, agrícola y patrimonial.

Lollobrigida fue uno de los más duros con esa línea regulatoria. Rechazó que el vino pueda tratarse como una sustancia peligrosa sin más matices y criticó las propuestas de etiquetado que salen de Bruselas. A su juicio, esas medidas no reflejan lo que representa esta bebida para muchos territorios europeos.

Desde Georgia, el ministro David Songulashvili llevó el argumento todavía más lejos. Recordó que su país tiene 8.000 años de historia vinculada al vino y afirmó que esa bebida forma parte del ADN nacional. Citó además las 500 variedades autóctonas de uva del país y la tradición del qvevri, reconocida por la Unesco como Patrimonio Cultural Inmaterial en 2013.

Songulashvili habló también de una campaña contra el vino y defendió que Georgia puede aportar pruebas históricas de su relación con esta bebida. Serbia siguió una línea parecida. Su ministro Dragan Glamočić explicó que la viticultura serbia se remonta al emperador romano Marco Aurelio Probo y anunció que su país ha iniciado el trámite para inscribir las bodegas históricas de Negotin en la lista del Patrimonio Mundial de la Unesco.

En esa misma mesa intervino Sandro Sartor, presidente de Wine in Moderation, quien defendió que en los países donde el vino está integrado desde hace siglos en la vida cotidiana se consume con moderación y responsabilidad. Frente a eso, sostuvo que cuando no existe esa raíz cultural, el consumo suele ser más ocasional y menos ligado a pautas responsables.

Marzia Varvaglione, presidenta del Comité Europeo de Empresas del Vino, puso cifras al argumento económico y turístico. Señaló que 15 millones de personas visitaron bodegas europeas el año pasado y generaron más de 17.000 millones de dólares. Añadió que existen cerca de 1.700 denominaciones protegidas en Europa, cada una vinculada a un lugar concreto y a una historia familiar o empresarial.

La OIV quiere ahora dar un paso más y buscar un reconocimiento internacional más amplio para la cultura del vino. Barker dejó abierta la puerta a una candidatura ante la Unesco como marco para esa protección. Italia ya ha seguido ese camino con su cocina, inscrita recientemente en la lista patrimonial del organismo.

El debate no se limita a Europa. En Estados Unidos también han cambiado las señales para el sector. En enero de 2025, el entonces cirujano general Vivek Murthy pidió incluir advertencias sobre cáncer en las bebidas alcohólicas. Más tarde, el Departamento de Salud y Servicios Humanos y el Departamento de Agricultura publicaron nuevas guías alimentarias para 2025-2030 en las que sustituyeron los límites clásicos por una recomendación más amplia: consumir menos alcohol para mejorar la salud.

Ese giro regulatorio afecta también a vinos como los californianos Cabernet Sauvignon o Pinot Noir, o los Tempranillo elaborados en Texas, porque forma parte del debate internacional sobre cómo debe presentarse esta bebida al consumidor. Una eventual declaración de la Unesco no cambiaría por sí sola las leyes sobre etiquetado, pero sí podría influir en la forma en que gobiernos e instituciones hablan del vino.

Barker cerró su intervención con una idea sencilla: reconocer el vino como cultura no busca que la gente beba más, sino que participe en una experiencia cultural compartida.

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