Martes 14 de Abril de 2026
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La expansión del mezcal en México está dejando una huella ambiental cada vez mayor en Oaxaca, donde el cultivo intensivo de agave ha sustituido bosques y tierras agrícolas en varias zonas del estado. Un estudio citado por AP calcula que, en dos áreas productoras, se han perdido 34.953 hectáreas de bosques tropicales secos y de pino-encino en 27 años para abrir paso a plantaciones de agave.
La producción de esta bebida pasó de unos 1 millones de litros en 2010 a más de 11 millones en 2024, según el organismo regulador mexicano COMERCAM. Casi toda se elabora en Oaxaca, aunque menos del 30% se queda en México y cerca del 75% de las exportaciones va a Estados Unidos. El aumento de la demanda internacional ha impulsado el negocio, pero también ha acelerado la presión sobre el suelo, el agua y los recursos forestales.
En comunidades como San Pedro Totolápam y San Luis del Río, el mezcal sigue siendo una fuente de ingresos para muchas familias. Productores locales explican que la actividad ha permitido crear empleo y sostener estudios universitarios para jóvenes del entorno. Al mismo tiempo, reconocen que la expansión del agave tiene efectos sobre el territorio.
El estudio dirigido por Rufino Sandoval-García, profesor de la Universidad Tecnológica de los Valles Centrales de Oaxaca, señala que las plantaciones de agave crecieron más de 400% en tres décadas en esas dos zonas. Ese avance ha ido sustituyendo bosques y parcelas por espadín, la variedad más usada en el mezcal comercial. Los autores vinculan ese cambio con erosión del suelo, menor capacidad para recargar acuíferos y una reducción de 4 millones de toneladas anuales en la captura de dióxido de carbono por parte de los bosques.
La elaboración también exige mucha agua. Según el trabajo citado por AP, un litro de mezcal puede requerir al menos 10 litros para fermentación y destilación. A eso se suman residuos como bagazo y vinazas, restos ácidos que a menudo se vierten sin tratamiento en ríos. La cocción del agave y el funcionamiento de las destilerías consumen además grandes cantidades de leña, parte de ella procedente de tala ilegal, según Sandoval-García.
La sequía agrava la situación. Oaxaca registró en 2024 su peor episodio seco en más de una década, según la Comisión Nacional del Agua de México. En ese escenario, la presión sobre los recursos hídricos preocupa tanto a productores como a organizaciones ambientales.
Las grandes marcas aseguran que trabajan para reducir su impacto. Del Maguey afirma que ha reutilizado más de 5.000 toneladas de bagazo y 2 millones de litros de vinaza en los últimos cinco años para construir una plataforma elevada en una destilería de San Luis del Río y evitar inundaciones y contaminación. También dice que impulsa la plantación de árboles.
En paralelo, algunos productores reclaman más apoyo público para conservar el entorno. Luis Cruz Velasco, mezcalero de San Luis del Río, sostiene que las empresas han aportado más que las autoridades a las zonas marginadas, pero pide incentivos para plantar especies nativas y mantener sistemas agrícolas tradicionales.
La regulación también pesa sobre el sector. En Oaxaca, gran parte del terreno es comunal y cualquier cambio de uso forestal requiere autorización federal. Sin embargo, el proceso es lento y burocrático, lo que lleva a algunas comunidades a actuar sin permiso, según Helena Iturribarria, del proyecto Tierra de Agaves. El Ministerio mexicano de Medio Ambiente dijo que no había recibido solicitudes para talar bosque con fines agrícolas en los últimos tres años en Oaxaca y añadió que investiga nueve denuncias presentadas desde 2021 por desmonte ilegal ligado al mezcal.
Entre quienes buscan otro modelo está el colectivo Guardianes del Mezcal, fundado por Gladys Sánchez Garnica en 2018. El grupo promueve una producción con prácticas más cuidadosas, como usar solo madera caída para la cocción y plantar agave junto con otros cultivos. Con apoyo local, logró protección proyectada para 26.000 hectáreas de bosque alrededor de Santa María Zoquitlán.
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