Turismo, vitivinicultura, cambio climático, minería y glaciares: cómo la montaña decide el futuro de Mendoza

Los glaciares no son solo una postal: es advertencia, destino y futuro

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Sábado 11 de Abril de 2026

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La montaña mendocina, guardiana de glaciares y aguas, se ha convertido en el juez implacable del futuro. El turismo y la vitivinicultura, pilares de identidad y de economía regional, se enfrentan a la fragilidad de un clima que deshace la nieve, acelera el retroceso de los glaciares y pone en cuestión la memoria del territorio. Cada gota que se derrite en la cordillera es un mensaje de alerta: Mendoza no puede sostener su destino sin defender de manera estricta sus glaciares y ambientes periglaciares. El turismo y el vino, símbolos de prosperidad, dependen de un equilibrio hídrico y ecológico que hoy está en riesgo.

El glaciar que retrocede no solo pierde hielo: arrastra consigo la seguridad hídrica, la belleza turística y parte de la esencia vitivinícola de Mendoza. La montaña, con su biodiversidad y sus ecosistemas de altura, exige respeto porque en su deshielo se escribe el porvenir de ciudades, valles y comunidades aguas abajo. El turismo y el vino dependen no solo de agua suficiente y limpia, sino también de una narrativa creíble de sostenibilidad; la coexistencia con actividades de alto impacto en cabeceras glaciares tensiona esa credibilidad y obliga a repensar la gobernanza del agua y de la montaña.

Los datos internacionales son claros. Informes recientes de UNESCO y del Atlas de Glaciares y Agua de los Andes muestran que el retroceso de los glaciares se ha acelerado desde el año 2000, con pérdida rápida de masa de hielo, mayor escasez de agua en la estación seca, más riesgo de inundaciones repentinas y desequilibrios en los ecosistemas de montaña. Investigaciones vinculadas a la Universidad de Sheffield advierten que esta dinámica amenaza la seguridad hídrica de más de 90 millones de personas en la región andina. El IPCC, en su informe especial sobre océano y criósfera y en sus documentos sobre zonas de montaña, confirma que los ambientes de alta montaña están entre los más sensibles al calentamiento global: menos nieve, glaciares en retirada, cambios en el permafrost y mayor frecuencia de eventos extremos.

Para regiones como Mendoza y otros valles vitivinícolas de los Andes, la disponibilidad de agua de riego depende de manera directa del deshielo nival y glaciar. Estudios sobre agua y vitivinicultura señalan que la reducción de recursos hídricos asociada a la pérdida de glaciares obligará a reformas profundas de la política de agua y de la infraestructura de riego si se pretende mantener los niveles de producción y empleo del sector. No es un desafío futuro: es una agenda urgente de adaptación.

Sobre este escenario se superpone el impacto de la minería de gran escala en zonas de glaciares y cabeceras de cuenca. Su lógica es distinta a la del cambio climático, pero sus efectos se acumulan y se refuerzan. Un informe técnico sobre el ambiente periglacial y el sector minero en Argentina destaca que las actividades de prospección y explotación en alta montaña pueden alterar criosuelos, glaciaretes y reservas de hielo de roca, afectando la función de almacenamiento y regulación de agua que ejercen estos sistemas. En Mendoza, el propio IANIGLA advirtió, durante la evaluación del distrito minero de Malargüe, que la concentración de emprendimientos en la zona podía afectar el ambiente glaciar y periglaciar que da origen a ríos clave, como el Colorado.

Los riesgos son múltiples. En el plano hidrológico, intervenir mecánicamente —con caminos, movimientos de suelo y explosivos— en zonas de hielo y permafrost modifica escorrentías, estabilidad de laderas y recarga de acuíferos; superpuesto al calentamiento global, acelera la pérdida de masa glaciar y altera aún más la curva anual de caudales. En el plano de la calidad del agua, proyectos de minería metálica que utilizan sustancias como cianuro o generan drenaje ácido introducen un riesgo de contaminación en aguas de cabecera: a diferencia de un uso aguas abajo, cualquier incidente se propaga por toda la cuenca, afectando agricultura, ciudades, ecosistemas y, por supuesto, viñedos.

A esto se suma un riesgo institucional: diversos análisis sobre las reformas a la Ley de Glaciares advierten que debilitar estándares de protección y trasladar decisiones a escalas sometidas a mayor presión extractiva puede reducir la eficacia de la protección de glaciares que la comunidad científica considera crítica para la seguridad hídrica de largo plazo. No se trata solo de una discusión jurídica, sino de la arquitectura de garantías que sostienen el agua con la que se riega, se produce y se recibe a los turistas.

Para la vitivinicultura, las implicancias son concretas. La vitivinicultura andina —incluida Mendoza— ha sido reconocida internacionalmente como altamente dependiente del agua de deshielo. Análisis de gobernanza hídrica indican que el retroceso de glaciares, combinado con un marco más permisivo para la minería en cabeceras, compromete la fiabilidad del suministro de riego en el mediano y largo plazo. Un evento de contaminación en alta montaña podría afectar suelos, plantas y procesos de bodega, con impactos duraderos en la calidad de la uva, en la inocuidad del producto y en la imagen del vino mendocino. En un escenario de menor oferta de agua o mayor riesgo de contaminación, bodegas y fincas deberán asumir costos adicionales de tratamiento, captación alternativa y eficiencia, con efectos desiguales sobre los distintos tamaños de productores.

En el plano reputacional, la literatura sobre "wine capitalism" y turismo de lujo en Mendoza muestra que el modelo se apoya en una narrativa de territorio prístino, agua pura y sostenibilidad. La coexistencia de un discurso de vino sustentable con minería en ambientes glaciares plantea una tensión creciente para consumidores, críticos y certificaciones ambientales, que podría traducirse en pérdida de competitividad frente a otros destinos que preservan mejor sus "torres de agua".

El turismo de montaña y el enoturismo tampoco quedan al margen. El IPCC y otros trabajos coinciden en que el declive de nieve y hielo, junto con el aumento de eventos extremos, impacta directamente en la operatividad y el atractivo del turismo de montaña. Si a esa vulnerabilidad se suman riesgos mineros en alta montaña, crece la preocupación por la calidad del agua, la integridad de paisajes icónicos y la seguridad de rutas y actividades que constituyen la experiencia turística mendocina. Para destinos que apuestan por el turismo regenerativo, la coherencia entre políticas de protección de glaciares, uso del agua y oferta turística es condición de credibilidad; la presencia de minería en cabeceras glaciares erosiona esa coherencia y puede desviar demanda hacia regiones que ofrecen mayores garantías ambientales.

El diagnóstico científico internacional es consistente: el cambio climático acelera la pérdida de glaciares, reduce la nieve y aumenta sequías y eventos extremos, lo que amenaza la seguridad hídrica de las regiones vitivinícolas y turísticas andinas. La minería extractiva en ambientes glaciares y periglaciares añade riesgos físicos y contaminantes en la zona fuente del recurso hídrico y agrava los impactos del calentamiento. El retroceso de glaciares, finalmente, obliga a repensar la gobernanza del agua: menor regulación natural implica mayor dependencia de infraestructura artificial y mayor vulnerabilidad de comunidades y sectores productivos.

Frente a este escenario, la respuesta responsable no pasa por elegir entre "vino o minería", "turismo o desarrollo", sino por asumir que, en provincias como Mendoza, la base de cualquier proyecto de futuro es el agua de montaña. Fortalecer la gobernanza integrada de cuencas, con participación real del sector vitivinícola y turístico, de la ciencia y de las comunidades, alineada con las advertencias de la comunidad internacional sobre la necesidad de preservar estas "torres de agua", es hoy una condición para que la montaña siga siendo origen de vida y no testigo silencioso de un modelo que se agotó.

Fuentes consultadas: https://unesdoc.unesco.org / https://www.ipcc.ch / https://www.watersecuritynetwork.org / https://www.un-glaciers.org

Un artículo de Danielasquez
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