Lunes 09 de Febrero de 2026
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El genetista suizo José Vouillamoz ha presentado en la feria Wine Paris un hallazgo que cambia la historia de dos regiones vinícolas europeas. Tras analizar muestras de la uva turca Kolorko, enviadas por Seyit Karagözoğlu de la bodega Paşaeli, Vouillamoz ha confirmado mediante pruebas de ADN que Kolorko y Furmint, la variedad blanca más conocida de Hungría, son genéticamente idénticas. El resultado se ha verificado con análisis independientes y repetidos, eliminando cualquier duda sobre la identidad genética de ambas variedades.
Kolorko se cultiva en la región de Tracia, en Turquía, entre Şarköy y Tekirdağ, una zona influida por el mar de Mármara. Por su parte, Furmint es la base de los vinos dulces y secos del área de Tokaj, en Hungría. La conexión histórica entre ambas regiones se remonta al siglo XVIII. Según explican Seyit Karagözoğlu e István Szepsy Jr., uno de los productores más conocidos de Furmint en Tokaj, la explicación más plausible para esta coincidencia genética está relacionada con el exilio del príncipe húngaro Francisco II Rákóczi. Tras su derrota frente a los Habsburgo en 1708, Rákóczi vivió en Polonia y Francia antes de instalarse en Tekirdağ, entonces llamada Rodosto, acompañado por varios nobles húngaros. Aunque no existen documentos que confirmen el traslado de esquejes de vid durante ese periodo, este episodio histórico ofrece un marco razonable para entender cómo pudo llegar Furmint a Tracia otomana.
Durante las últimas décadas, Kolorko estuvo a punto de desaparecer en Turquía. Sin embargo, gracias al trabajo de conservación realizado por Paşaeli Winery durante los últimos 20 años, la variedad se ha recuperado y desde 2009 se elabora vino monovarietal con ella. Dr Vouillamoz señala que este descubrimiento pone de relieve la relación entre el vino y la historia europea. Aunque Kolorko y Furmint son la misma variedad desde el punto de vista genético, sus vinos reflejan diferencias marcadas por el clima, la cultura y el paso del tiempo.
István Szepsy Jr. considera que esta identificación es un ejemplo claro del papel que puede jugar la genética moderna para recuperar capítulos olvidados de la historia vitícola y unir países como Hungría y Turquía a través de una herencia común que supera los tres siglos.
El hallazgo abre nuevas posibilidades para catas comparativas entre vinos elaborados con Kolorko en Turquía y Furmint en Hungría. Estas degustaciones permitirán conocer cómo influyen los distintos entornos y métodos de elaboración en una misma variedad genética.
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