La Barra de A’Barra: sabor y experiencia a un metro del lujo

Cócteles de autor, jamón Joselito y ambientes versátiles en un óvalo de mármol único en Madrid

Martes 20 de Enero de 2026

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En el corazón del barrio de Chamartín, en la calle del Pinar 15 encontramos A'Barra, el restaurante que desde su apertura en 2016 se ha convertido en uno de los grandes referentes de la alta cocina madrileña. Oculto tras una discreta fachada de ladrillo visto y sin grandes letreros que delaten su estrella Michelin, este local ocupa un elegante edificio de los años setenta que en su día albergó El Bodegón. A'Barra surge de la alianza entre Joselito, la firma famosa por su jamón ibérico, y La Catedral de Navarra, especializada en conservas y productos de calidad del norte.

Merece la pena recorrer el espacio porque es un restaurante que se vive en varias capas y ninguna sobra. Nada más cruzar la puerta, un pequeño vestíbulo de madera obscura y luz cálida actúa como cámara de descompresión: aquí ya te quitan el abrigo y te hacen sentir que has entrado en otro ritmo. Recorriendo un pasillo que funciona como antesala, el comensal atraviesa una exposición de botellas de la bodega, que anticipa la importancia del vino en la experiencia gastronómica. Al final del recorrido se abre el salón principal amplio y luminoso, con ventanales que dan al jardín interior, donde la distribución de las mesas combina amplitud y confort y los materiales nobles como la madera y el mármol refuerzan la sensación de elegancia contenida.

Junto al salón, el restaurante cuenta con varios reservados privados —como "Biblioteca", "Bellver", "Dalí" y "Viola"— cada uno con personalidad propia. Algunos miran al jardín, otros se cierran para ofrecer mayor privacidad y todos permiten mantener un ambiente tranquilo y discreto, independientemente de la actividad del salón principal. A estos ambientes se suma la Mesa de Cocina, situada dentro del área de cocina, pensada para un máximo de ocho comensales que pueden presenciar la elaboración de los platos y observar al equipo en acción, acercándose al corazón técnico del restaurante.

En esta ocasión nos centraremos en la Barra, un espacio diferenciado dentro de A'Barra, concebido como un lugar autónomo con identidad propia. Tuvimos la suerte de contar con Sergio Manzano, jefe de cocina, quien nos presentó esta zona y supervisa su propuesta gastronómica; con una enorme formación y trayectoria, garantiza que la barra mantenga la esencia del restaurante y funcione como un espacio único. Aquí se pueden disfrutar de cócteles, vinos, bebidas en general y el jamón Joselito, considerado por muchos el mejor del mundo. La barra tiene capacidad máxima de 18 personas sentadas y hasta 40 personas de pie, lo que la convierte en un lugar versátil y acogedor.

Además, la barra se revela como un lugar perfecto donde diferentes ambientes conviven en un mismo espacio: desde un aperitivo a media mañana, una copa de sobremesa tras la comida, hasta sumarse al ya famoso tardeo madrileño. Aunque la propuesta actual funciona muy bien, sería interesante plantear en el futuro un menú especial o aperitivos premium, completando la experiencia sin interferir con los menús principales del restaurante.

Bajo la supervisión de Nacho Zamora, titulado en Mixología y en Destilados por la Cámara de Comercio de Madrid, jefe de barra, la coctelería de A'Barra alcanza un nivel sobresaliente. La oferta de cócteles es amplísima y variada. Entre todas las propuestas destacaría el Bloody de Cayo, una reinterpretación del clásico Bloody Mary totalmente clarificado de forma natural, elaborado con tomates de La Catedral de Navarra. El vodka Belvedere infusionado con pimienta negra aporta un toque picante, equilibrado con Tabasco y salsa Perrins, mientras que una burbuja de humo finaliza la experiencia, ofreciendo un juego sensorial que combina aroma y sabor en cada sorbo. Otro cóctel interesante es Paloma, una propuesta refrescante que combina tequila 100 % agave, lima, soda y pomelo, ofreciendo un equilibrio perfecto entre acidez y frescura.

En definitiva, la barra de A'Barra es mucho más que un simple rincón para tomar una copa: es la cara más libre, cercana e igual de exigente que el resto del restaurante. A un metro del mejor jamón del mundo y rodeado de una coctelería que poco tiene que envidiar a los mejores speakeasy más reputados, uno comprende que la verdadera estrella Michelin no está solo en el comedor formal, sino en este óvalo de mármol, donde el lujo se sirve sin protocolo y la excelencia se disfruta sin prisas.

Un artículo de Alberto Sanz Blanco
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