Miércoles 03 de Diciembre de 2025
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El cambio climático está modificando la forma de trabajar de los viticultores en varias regiones de Francia. En Occitania, la compra excepcional de uva para compensar pérdidas por fenómenos meteorológicos se ha convertido en una práctica habitual. Esta medida, conocida como “négoce climatique”, está regulada desde 2017 y permite a los productores adquirir uva o mosto cuando sufren daños importantes por causas climáticas, aunque no tengan el estatus de negociantes.
Según la normativa, el prefecto puede autorizar esta compra si se producen pérdidas importantes por fenómenos meteorológicos adversos. La cantidad adquirida no puede superar el 80% de la producción media de vino de la empresa en los últimos cinco años. Sin embargo, quedan excluidos los daños causados por incendios o mildiu. Catherine Richer, delegada territorial del INAO, explica que en Occitania este mecanismo se ha utilizado cuatro veces solo en 2025. Señala que es más fácil contar los años sin autorizaciones que los años con ellas.
El presidente de los viticultores independientes, Jean-Marie Fabre, también ha recurrido a este sistema para compensar las pérdidas provocadas por la sequía. Explica que las pérdidas anuales oscilan entre el 15% y el 25%, aunque la realidad varía mucho entre explotaciones vecinas. En su caso, perdió un 35% de su producción en 2023 y un 60% en 2025. Esto le deja sin vino para vender y sin liquidez para afrontar sus gastos fijos.
La medida permite a corto plazo mantener parte del volumen de producción y asegurar cierta continuidad en el mercado. Se puso en marcha tras las tormentas de granizo de 2014 y 2016, cuando el sector comprendió que el cambio climático ya era una realidad y que era necesario organizar respuestas rápidas. Para ello se crearon equipos de crisis con la participación de servicios estatales y organismos como el INAO.
Sin embargo, tanto productores como responsables del sector coinciden en que esta solución no resuelve el problema de fondo. Jean-Marie Fabre subraya que es útil y necesaria, pero supone una carga adicional para las bodegas, sobre todo si se repite año tras año. Además, comprar uva a última hora no es sencillo: requiere liquidez y contactos fiables. Una productora del suroeste francés cuenta que utilizó este recurso en 2024 y no se arrepiente, pero no piensa repetirlo porque resulta más difícil vender esos vinos. Aunque no son peores, sí son diferentes y sus clientes buscan otro perfil.
En algunos casos, la demanda para activar este mecanismo es muy alta tras un fenómeno meteorológico grave, pero al hacer balance se observa que su uso real es menor del esperado, sobre todo si existen existencias previas por vender.
Lo que comenzó como una medida excepcional empieza a formar parte del día a día en algunas zonas vitivinícolas. Se han creado mercados informales para la compraventa de uva y cada vez más empresas recurren a esta fórmula como estrategia habitual. Aunque todavía no hay cifras precisas sobre su alcance, varios profesionales reconocen que algunos productores han encontrado ventajas en este sistema.
Esta situación genera debate dentro del sector sobre si se trata de una adaptación necesaria o si supone una competencia desleal para quienes no pueden acceder a estas compras. Muriel Zoldan, coorganizadora del salón Contrastes en Toulouse, explica que han decidido permitir la presencia de vinos elaborados bajo el “négoce climatique”, pero no los procedentes del comercio tradicional.
Jean-Marie Fabre considera que las soluciones posteriores al daño, como la compra excepcional de uva o las ayudas económicas tras las pérdidas, ya no son suficientes. Reclama apoyo para desarrollar sistemas de protección como redes antigranizo, medidas contra las heladas e irrigación. Según él, aunque no se pueda proteger toda la cosecha, perder un 10% o un 40% marca una diferencia importante para la viabilidad económica de las explotaciones vitivinícolas.
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