El mercado de compraventa de fincas vitivinícolas en Francia cae a mínimos históricos por la falta de compradores

La crisis del sector, la caída del consumo y la incertidumbre económica frenan las transacciones y elevan la cautela de los inversores

Lunes 07 de Julio de 2025

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French vineyard sales hit historic lows as buyers vanish from the market

El mercado de compraventa de fincas vitivinícolas en Francia atraviesa uno de sus momentos más difíciles. Las llamadas de propietarios que buscan vender sus dominios no dejan de llegar a las oficinas de firmas especializadas como Tusker Wine, pero los compradores escasean. Esta situación ha provocado que el número de transacciones haya caído a mínimos históricos, según confirman varios profesionales del sector.

Los banqueros y asesores que tradicionalmente gestionan estas operaciones reconocen que aceptar un mandato de venta implica ahora meses o incluso años de trabajo, con la posibilidad real de no recibir remuneración si la operación no se cierra. El ambiente entre estos expertos refleja el estado general del sector vitivinícola: predomina la preocupación y la incertidumbre.

Por parte de los potenciales compradores, el perfil no ha cambiado mucho en los últimos años. Herederos con grandes patrimonios, empresarios, fundadores de start-ups y deportistas con alto poder adquisitivo siguen mostrando interés por invertir en propiedades vinícolas. Sin embargo, sus exigencias han aumentado. Buscan fincas que funcionen bien, con equipos consolidados dispuestos a continuar tras el cambio de propiedad. La dificultad radica en que muchos dominios no pueden presentar un plan de negocio fiable a medio plazo y la rentabilidad se percibe como incierta.

Algunas denominaciones y propiedades mantienen buenos resultados tanto en el mercado nacional como en la exportación, lo que permite ofrecer rendimientos sólidos a los inversores. Sin embargo, en estos casos los precios por hectárea han subido tanto que incluso los compradores más decididos se lo piensan dos veces antes de cerrar una operación. Grandes grupos industriales como Castel, Grands Chais de France o Advini, muy activos hasta hace poco, han reducido su actividad. Además, la llegada masiva de inversores extranjeros —chinos, rusos o estadounidenses— ha disminuido notablemente.

François des Robert, banquero en Edmond de Rothschild y especialista en este tipo de operaciones, reconoce que el mercado está parado y que se siente afortunado si logra cerrar tres o cuatro operaciones al año. Alexis Weill, responsable del área vitivinícola en Rothschild & Co., confirma esta tendencia: si antes gestionaba una media de seis operaciones anuales, el año pasado no cerró ninguna. Recuerda 2021 como un año excepcional para las transacciones, con operaciones relevantes como la compra del château Beauséjour Duffau-Lagarrosse por la familia Courtin o la adquisición del château Lafon-Rochet por Jacky Lorenzetti.

La labor de estos banqueros va más allá del asesoramiento financiero. Deben gestionar también aspectos emocionales y familiares entre los propietarios y mantener una estricta confidencialidad para evitar filtraciones que puedan complicar las ventas. Jean-Luc Coupet, fundador de Wine Bankers & Co., destaca la importancia de conocer bien el sector y las particularidades del trabajo en el viñedo para poder asesorar correctamente a sus clientes.

Tusker Wine es una de las pocas firmas que sigue apostando por este nicho pese al parón actual. Ha incorporado a expertos como François Aubry para seleccionar cuidadosamente los mandatos que acepta. Por su parte, Crédit Agricole mantiene una actividad estable en asesoramiento y gestión patrimonial relacionada con el vino, aunque reconoce que hay menos operaciones relacionadas con terrenos agrícolas.

La principal causa del frenazo en las transacciones es la crisis que afecta al sector vitivinícola francés desde hace varios años. Tras un periodo optimista tras la pandemia, el consumo ha caído y las entidades financieras muestran mayor cautela debido al aumento de los tipos de interés. Los compradores son cada vez menos numerosos y muchos grandes inversores ya han realizado adquisiciones previas o prefieren esperar ante la previsión de nuevas bajadas en los precios.

El precio es otro factor determinante. Los vendedores aspiran a obtener plusvalías respecto al precio original, pero calcular el valor real de una finca resulta complicado debido a la caída del consumo interno y a la incertidumbre sobre las exportaciones. Además, encontrar personal cualificado para trabajar en los viñedos se ha convertido en un problema añadido; algunos reclutadores llegan a realizar cientos de llamadas para cubrir puestos clave como el jefe de cultivo.

Las operaciones abiertas tardan mucho más tiempo en cerrarse. Los compradores solicitan más visitas y garantías adicionales para protegerse ante posibles problemas futuros. Todo esto ralentiza aún más el proceso e implica a abogados fiscalistas, notarios y otros especialistas cuya intervención es imprescindible.

No todos los territorios sufren igual esta situación. Burdeos es uno de los más afectados: según Jean-Luc Coupet, apenas hay interés por comprar allí cuando hace dos años era uno de los destinos preferidos por los inversores. En Borgoña los precios siguen siendo elevados pero la rentabilidad no mejora. En Provenza se han registrado caídas importantes en el valor de algunas propiedades sin lograr atraer nuevos compradores; incluso algunos crus classés adquiridos recientemente superaron ampliamente su valor estimado y ahora tienen dificultades para vender su producción.

En Champagne también se percibe una menor demanda respecto a años anteriores. Los expertos consideran que estos ciclos forman parte habitual del sector financiero vinculado al vino y esperan que esta situación lleve a los vendedores a ajustar sus expectativas sobre precios y condiciones.

Mientras tanto, muchos inversores prefieren destinar su dinero a otros sectores como la hostelería antes que asumir riesgos adicionales comprando viñedos. Sin embargo, quienes trabajan desde hace décadas en este ámbito confían en que tarde o temprano volverá el interés por adquirir propiedades vinícolas únicas.

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