Wine Rider: Ruta del Vino de Toro, por las vegas del Duero

David Manso

Viernes 30 de Septiembre de 2022

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Arrancamos una nueva ruta de dos jornadas que nos llevará a conocer la oferta de enoturismo de la Ruta del Vino de Toro. Una primera parte en la que viajaremos por sus vegas a orillas del Duero, y una segunda en la que profundizaremos en su historia, tradición y cultura en la ciudad zamorana de Toro.

Parto desde la localidad vallisoletana de Tordesillas por el margen derecho del Duero recorriendo sus vegas y caminos salpicados de campos de cultivo, de aisladas zonas de pinares e interminables viñedos.

Llego a San Román de Hornija, una localidad que perteneciendo a la provincia de Valladolid está dentro de la Ruta del Vino de Toro. Este pueblo a orillas del río Hornija será mi puerta de entrada viajando desde el este. La visita a la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción nos permite conocer su pasado visigodo. Un legado cuyos orígenes se remontan al S. VII cuando San Fructuoso fundó un monasterio por orden del rey visigodo Chindasvinto, reposando aquí sus huesos. Algo les deberemos a los visigodos si hablamos de viticultura en España. Tras la caída del Imperio Romano, primeros impulsores de la viticultura en la península, son estos quienes toman el relevo heredando esa tradición por el cultivo de la vid y la elaboración de vino, y se les considera los segundos grandes impulsores de la viticultura en la Península Ibérica.

Tras la visita a la iglesia, voy en busca de esa tradición en San Román de Hornija en la elaboración de vino. Para ello me dirijo al barrio de bodegas, construcciones típicas en muchas regiones de España, principalmente en Castilla y León, donde cada familia elaboraba su vino. Allí, me abre sus puertas la Bodega Ernesto del Palacio, una bodega con tradición, más de tres siglos de historia les avalan, que hoy en día elabora sus vinos en una nueva localización, más moderna, pero que tiempo atrás, hasta el año 1961, usaba este emplazamiento para ello.

Un viaje al pasado, donde todo es tradición e historia, desde la pesada llave de hierro que abre la puerta, la magnífica prensa de tornillo con más diez siglos, sus enseres y barricas, hasta la mesa que es usada para compartir un buen rato con la familia y amigos entorno al vino. Un salto en el tiempo, un recuerdo de un pasado en el que el vino es y ha sido parte de la cultura y economía de esta zona.

Bodega Ernesto del Palacio
Viñedos de Bodega Ernesto del Palacio con característicos suelos de cascajos

Continuo ruta, me salgo un pelín de la Ruta del Vino de Toro para visitar la Antigua Estación en Castronuño. Por aquí, por estas vegas y la ciudad de Toro, pasaba la antigua MZOV (Medina del Campo, Zamora, Orense y Vigo), una línea férrea inaugurada en 1864 que abrió una puerta al transporte de viajeros y de mercancías, entre ellas el vino. Casi un siglo después, un nuevo horizonte se abría para los vinos de Toro. En 1958 se finalizaba el último tramo, el de Zamora a Orense, permitiendo la salida al mar por Vigo.

Tras esta visita es hora de sumergirse en sus bodegas. Mi primera parada es en Valdefinjas para conocer el trabajo y la oferta de enoturismo de Bodegas Numanthia. Allí me recibe Marine Roussel, Asistente de Viticultura y Enología. Llego justo en el momento en el que recepcionan la uva y asisto al proceso de selección. Es época de vendimia, el olor a fruta, a mosto, flota en el ambiente y empapa cada rincón de Numanthia. Una bodega que mima el viñedo, la uva, y cuida al detalle todo el proceso de elaboración. Su nombre, Numanthia, hace referencia a Numancia, ciudad soriana en la que sus antepasados prefirieron morir luchando antes que ceder su plaza al ejército romano, es pues un homenaje a esa resiliencia, una resistencia que los viñedos de Toro hicieron frente allá por mitad del S. XIX a la filoxera. Cato Termes 2019, Numanthia 2017 y Termanthia 2015, una misma uva, la Tinta de Toro, para tres elaboraciones, cada una en su estilo y que me demuestran la dedicación y esmero del trabajo tanto en el campo como en bodega. Grandes vinos sin duda y que reflejan fielmente la variedad. Un acercamiento a la oferta de enoturismo que ofrece Numanthia que va desde las catas de iniciación, de profundidad, verticales o hasta una completa y muy atractiva en la disfrutar de la gastronomía de la zona acompañada de sus vinos, todas ellas con visita a bodega y viñedos.

La ruta prosigue, la tarde va avanzando, me dirijo cerca de Toro para conocer un proyecto reciente. Una bodega que este año 2022 está elaborando su segunda añada. Bodega y Viñedos Maires es el sueño de un proyecto hecho realidad. Fernando y Pablo arrancaron en plena pandemia la construcción de la nueva bodega donde llego también justo cuando están recepcionando uva. El tiempo es oro en época de vendimia y cada uno atiende sus obligaciones. Les robo unos minutos para que me muestren su trabajo, visitemos sus viñedos, me cuenten sobre su filosofía de trabajo, sobre qué buscan expresar con sus vinos, y me llama la atención la originalidad de sus etiquetas con manos y diferentes gestos, y me intriga su simbología. Me cuentan que en cada vino la mano muestra un gesto, unas más jóvenes, otras no tanto, y otras con unas cuantas vendimias, que representan el origen de vino, su zona, la edad del viñedo y de la crianza del propio vino. Me despido de Fernando y de Pablo deseándoles muchos éxitos en esta su nueva andadura.

Cae la tarde, el sol se va ocultando en el horizonte y es hora de descansar. Para ello me dirijo a Monte la Reina, un centro de enoturismo con bodega, restaurante y un castillo como oferta de alojamiento. Un amplio espacio en el que visitar su bodega, disfrutar de la oferta gastronómica acompaña de sus vinos y relajarse. La puesta de sol ofrece un momento único en el que disfrutar con una imagen de postal. Visito su bodega, me relajo al atardecer, disfruto de su propuesta gastronómica con dos de sus vinos. En blanco, Monte la Reina Verdejo 2021, un vino fresco, con buena acidez y final de agradable amargura. Y un tinto, Monte la Reina Crianza 2020, un vino complejo, con notas de crianza y amplio en boca, ideal para el plato de presa ibérica que le acompañó.

Terminada esta primera parte de la ruta queda descansar, para ello Monte la Reina dispone de 8 habitaciones en el castillo en las que los detalles y la atención están muy cuidados. Un alojamiento original, diferente, cuidado al detalle, con gusto, y en el que ducharte en una de las torres del castillo es posible al estar integrada a la misma habitación.

Una jornada en la que conocer el origen del vino, sus suelos, el entorno que rodea a sus viñedos, sus bonitos paisajes. Mañana partiré de nuevo de ruta, viajaré a Toro, a conocer su historia, su pasado ligado al vino, a personajes y lugares que formaron parte importante de ese pasado, disfrutaré nuevamente de su gastronomía, pero eso ya es otra historia que contaré en la segunda entrega por la Ruta del Vino de Toro.

David Manso
Licenciado en Marketing y apasionado del vino.
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