Vilma Delgado
Viernes 24 de Diciembre de 2021
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Definitivamente nada más agradable que degustar un buen vino; es una acción que involucra todos los órganos de los sentidos para poder disfrutarlo a plenitud. Resulta muy placentero ver su color y sus características, sentir su aroma y experimentar en el paladar su sabor a través de una buena copa de cristal.
Pues bien, para cada tipo de vino existe una copa especial. No se podría degustar un vino sin una copa adecuada. Y es que se habla de que una copa ideal no solo mejora el protocolo del vino, sino que puede cambiar y mejorar su sabor. Por esto las copas deben tener unas características especiales.
Tanto el tamaño no es un factor tan importante como la forma, son importantes a la hora de degustar un buen vino. Para los grandes vinos tintos, mejor una copa amplia, panzuda, que facilita la oxigenación sin dispersar los perfumes; los tintos bien estructurados, de gran calidad y con contenido alcohólico elevado, ricos en aromas, necesitan una copa amplia para favorecer la percepción armónica de las sensaciones que generan. Para tintos de envejecimiento mediano, una copa amplia y redondeada, que se hace girar para exaltar los matices del buqué desarrollado sería la ideal.
Por lo general, las copas para vinos blancos son más pequeñas que las de vinos tintos. Para los vinos blancos, ricos en acidez y ligeros de cuerpo, una copa en forma de tulipa propicia y prolonga la apreciación de su frescura. Como tendencia, y en líneas generales, se puede decir que para los blancos frescos y aromáticos es preferible una copa en forma de tulipa, que se abomba en el centro y va estrechándose hacia la boca, para liberar de inmediato los aromas retenidos en su interior;
Lo ideal para los blancos de mayor calidad, estructurados que posteriormente han experimentado un afinamiento en depósito o en madera, es una copa más grande, mucho más abierta en la parte que ha de entrar en contacto con la boca. En este caso, para percibir mejor las sensaciones que produce el vino, se precisa una superficie mayor. En estos casos una copa de tintos serviría a la perfección.
En el caso de los espumosos secos y de gran calidad, la clásica flauta facilita la formación del perlage y permite una visualización óptima.
Respecto a la forma, es preferible una copa de paredes muy delgadas e incoloras, sin tallado u otros motivos ornamentales. Evitaremos todo contacto de éstas con la mano, ya que podría transmitirle su calor y olor al vino. Tomaremos la copa siempre por el tallo. La longitud del tallo o pie deberá variar según el vino.
Existe una norma general: el vino se aprecia en primera instancia con el olfato, la copa debe llenarse como máximo hasta la mitad de la copa (mejor si sólo se llena en una cuarta parte). De esta manera, el vino puede liberar gradualmente su aroma cuando se imprime a la copa un movimiento rotatorio que oxigena el líquido y permite apreciar incluso los perfumes más delicados.
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