Pistas para descubrir los viñedos que dan buenos vinos

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La densidad y disposición de un viñedo nos da las claves de producciones de calidad

¿Has visitado últimamente algún viñedo? ¿Te has planteado alguna vez que observando un rato un viñedo puedes hacerte una idea de la calidad que tendrán los vinos que se obtengan de esa finca?

Con solo observar la cantidad de cepas plantadas, el espacio que hay para caminar entre líneas del viñedo y el tipo de clima, por ejemplo, ya tendrás suficiente información para saber si de esa viña saldrá un buen vino. Pero vayamos por partes.

La densidad de plantación es el número de cepas plantadas por viñedo (o unidad de superficie), generalmente medido en cepas por hectárea.

La densidad de plantación determina la exploración del suelo por el sistema de raíces o sistema radicular del viñedo y por lo tanto la densidad de plantación determinará una gran cantidad de funciones vegetativas de la planta y en última instancia de su fruto.

Ajustando el número de cepas por hectárea a las posibilidades del medio de cultivo, se podrán obtener vendimias y vinos de calidad, creando un equilibrio entre este medio y el viñedo.

Mayor número de cepas, mayor calidad del vino

Cuando las densidades de plantación son altas, la densidad radicular  de la superficie total del viñedo también aumenta al haber más vides, sin embargo este hecho hace que haya mayor competencia entre plantas y la densidad radicular por cepa disminuye. Del mismo modo, el vigor individual de las vides decrece y en consecuencia también su producción, pero por el contrario la calidad de la uva tiende a aumentar, al conseguirse racimos más pequeños y con granos de uva de menor tamaño, con más hollejo por unidad de volumen, que se traduce en vinos más aromáticos,  de mayor extracto y, en definitiva, de mayor calidad.

Por todo lo expuesto, para una determinada superficie de cultivo, aumentar la densidad de plantación hace que las producciones sean mayores, pero si se logra un buen equilibrio vegetativo entre las vides y el suelo donde se nutren, la calidad también puede ser más elevada.

No obstante, no siempre con elevadas densidades de plantación se puede conseguir un incremento de la calidad, pues en ocasiones no se produce un adecuado equilibrio y las producciones pueden ser elevadas, pero por desgracia con racimos de poca calidad.

Líneas de viñas con formas regulares, producen mejores vinos

Los marcos de plantación regulares, es decir de igual anchura de calle que entre vides de las filas, consiguen una mejor distribución del sistema radicular de las cepas, explorando mejor el terreno y mejorando la calidad de la vendimia, pues se eleva el porcentaje de "raíces absorbentes", respecto del de las "raíces conductoras" no absorbentes.

La distancia entre vides de una fila de un viñedo, influye sobre todo en la calidad de la uva a través de la producción por cepa, mientras que la distancia entre filas, controla preferentemente la producción de uva por hectárea.

Las condiciones del medio, determinan la calidad final

Con todo, la densidad de plantación no depende exclusivamente de la voluntad humana, está ligada a varios criterios, como la fijación de la energía solar disponible, la fertilidad del terreno y también a las disponibilidades de agua.

La pluviometría es un factor limitativo del cultivo de la vid y aunque el viñedo puede vegetar con algo menos de 300 mm de lluvia anual, las densidades de plantación de las distintas zonas vitícolas, pueden variar como término medio desde las 1.500 cepas por hectárea en las comarcas más secas, hasta superar las 5.000 en las más húmedas.

Por otro lado, la disposición del viñedo y sus lineales se refiere a la forma de distribuir las vides en una superficie partiendo de una determinada densidad de plantación, pudiendo establecerse en varias disposiciones (marco real, tresbolillo, marco rectangular, calles, líneas de nivel, etc.) La elección de una forma u otra, dependerá de las condiciones de cultivo del viñedo y sobre todo de la necesidad de su mecanización. Las grandes densidades de plantación pueden generar la dificultad de su mecanización al estorbar el paso de vehículos y aperos por el viñedo.

Asimismo, las grandes densidades de plantación también pueden generar otro tipo de problemas, como producir un menor aprovechamiento de la insolación debido a abundantes sombreados entre hojas y, por último, presentar un mayor riesgo de contraer enfermedades criptogámicas generadas por una falta de ventilación y acumulación de la humedad.

Por último, la capacidad económica de la bodega o viticultor también influye en la densidad de plantación y, en consecuencia, en la calidad de los vinos finales. Los costos de plantación y explotación también están relacionados con la densidad de plantación, así pues cuando se triplica la densidad de plantación, los costos aumentan entre un 60% a 70%. En este sentido, la línea o fila de vides de un viñedo puede ser considerada como la "unidad básica del costo", pues se aumenta más el costo de plantación y explotación cuando se eleva el número de filas de un viñedo, mientras que si se modifica la distancia entre vides dentro de cada fila, estos costos varían en menor proporción.

En definitiva, mientras el terreno y condiciones de cultivo, las lluvias, la insolación y los costes de producción, lo permitan, viñedos con grandes densidades de plantación, con disposiciones regulares de calles y líneas del mismo ancho son candidatas a ofrecer vinos de mayor calidad.

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