Un pueblo para un vino

El pueblo de Moradillo de Roa, comandado por el viticultor y elaborador de vinos naturales Alfredo Maestro Tejero, ha elaborado un vino como hace siglos con el que se busca financiar el proyecto de recuperación de las bodegas y lagares tradicionales que fue galardonado con el Premio a la Mejor Iniciativa Enoturística del 2016 por ACEVIN.

Sara González Martín

Viernes 07 de Julio de 2017

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Se podría pensar y no de manera desencaminada, que el concepto vino de pueblo atiende a una estrategia comercial, en unos días en los que la oferta es tan amplia que la búsqueda de una nueva nomenclatura a la hora de colocar una botella en una estantería, es un hecho a todas luces relevante.

De ahí nos vamos a los vinos de autor, vino de paraje, de finca... y un largo etcétera. Pero es bien diferente el caso que nos ocupa, porque no es artificio y etiqueta sin más lo que hay detrás del que será el vino "El Cotarro" de Moradillo de Roa, en plena Ribera del Duero.

El concepto de vino de pueblo se nos queda corto para explicar esta iniciativa, más yo lo llamaría un pueblo para un vino, que un vino para un pueblo, más cabría denominarlo un trago de esperanza, cuando hablamos de un pequeño municipio de Burgos dónde están generando con acierto y pasión sus propias oportunidades de futuro, ahí es nada.

Las cepas de blanco albillo conviven con la todo poderosa tempranillo, siendo la primera autorizada solamente en pequeños porcentajes por la Denominación de Origen Ribera del Duero, pero no para su desarrollo en mono varietales. Llegó un momento en que sin ser arrancadas, las cepas lucían los amortajados racimos al acabar la temporada, sin ser vendimiados por su escaso valor de mercado.

Los viñedos, se localizan en el Páramo de Corcos, siendo ésta la zona más elevada de la Ribera de Duero, superando los 930 metros de altitud, con una oscilación térmica muy acusada y un suelo pobre de cubierta de guijarro, que favorece la permeabilidad y al mismo tiempo a la tierra y vid de las cruentas heladas propias del rigor castellano leonés.

Datan los primeros viñedos en Moradillo de principios del 1600 y se conservan aún viejos lagares y bodegas subterráneas. La historia vuelve a ser protagonista con el vino de por medio, demostrándonos de nuevo, que nos habla al oído desde que nos llamamos hombres.
¿Qué es lo característico del caso? ¿Por qué es este vino diferente?

Decenas de bodegas subterráneas habitan en las calles de Moradillo de Roa y en un cerro que destaca desde la llanura castellana junto con algunos lagares, uno de ellos nada menos que de 1736, cuyo uso se retomó este año pasado haciendo revivir la ilusión y la identidad vitivinícola de un municipio.

Todo el aporte de la uva, cabe decir que mucho más de lo estimado en principio, fue donado íntegramente por cerca de una quincena de viticultores profesionales y aficionados del pueblo sin ningún ánimo de lucro.

Alfredo MaestroAlfredo Maestro

Decenas de voluntarios se pusieron sus violetas pañoletas para participar de la fiesta de la vendimia, ayudando al capataz de obra, Alfredo Maestro Tejero, hacedor de néctares en Gredos y viñador de pro, que no dudó en sumarse al sueño y la ilusión de crear un vino de la manera en que lo hacían nuestros antepasados cien años atrás. Absolutamente estimulante en una profesión que nace generalmente de hondas pasiones y arraigos.

No queda en anécdota pintoresca esta movilización, no queda en episódica excitación del acervo cultural, la concepción del Vino de Pueblo de Moradillo de Roa, impulsada por su Ayuntamiento que se ha convertido en abanderado de un pueblo entero y que se ha llevado el Premio a la Mejor Iniciativa Enoturística de España de 2016 y la unión de sus habitantes y convecinos, les hizo merecidos finalistas del galardón a Pueblo Ejemplar de la provincia de Burgos, además de recibir el Premio Renacimiento 2017, por la protección de su patrimonio vitivinícola, definitivamente, un año difícil de superar, en el que este pequeño municipio ha tomado con decisión las riendas de su futuro sin soltar las de su historia.

Todo el capital que se recaude con la venta de "El Cotarro" que ya está totalmente distribuido por multitud de países y parte del cual reposa aun más en La Bodega de Las Ánimas, situada en El Cotarro de Moradillo, será destinado a impulsar este proyecto enoturístico y de recuperación de las antiguas bodegas, lagares y en definitiva de la identidad enológica que representa el alto valor histórico, patrimonial y esperanza de futuro de este municipio burgalés.

Este rico patrimonio ya está hecho y representa un bien histórico y natural que no debe perderse porque ya existe. Rehabilitar y habilitar como museos las bodegas y dotar a este valor incalculable de una ordenanza municipal que lo proteja son las principales metas de este sueño en Moradillo.

Algún día al amparo de las bodegas recuperadas, habrá alojamiento, habrá restauración, habrá gente que no se vaya del pueblo, habrá como siempre en torno al vino, mucha, mucha vida y yo insisto en decir que esto es mucho más que un vino de pueblo, es un pueblo volcado y unido, es el reconocimiento a nuestros antepasados y la raigambre, es agarrar fuertemente lo que fuimos para seguir siendo, en el modo que amamos, que conocemos, que nos representa.

¿Es Moradillo de Roa un espejo en el que mirarnos en un mundo de identidad ausente? Muy probablemente. Yo sigo de cerca el paso firme de unos vecinos que persiguen la esperanza de definirse y diferenciarse respetando su pasado y con el vino de por medio, nada puede gustarme más y no veo ya la hora del descorche de este albillo, pues ese es el bien entendido progreso, el que no resta ni abandona lo que heredamos de bueno y suma mirando al frente con las abiertas posibilidades del hoy.

Sara González Martín (La Garnacha de Sara, Gran Canaria)

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