Miércoles 17 de Junio de 2026
El vino aportó en 2025 el 46,7% del saldo comercial positivo de la industria italiana de alimentos y bebidas, según los datos del Istat analizados por WineNews. La cifra sitúa al sector vinícola como una de las principales bases del superávit agroalimentario del país.
El instituto estadístico italiano cifra en 15.400 millones de euros el saldo comercial de la partida de alimentos y bebidas en 2025, apenas por debajo de los 15.800 millones registrados en 2024. Dentro de ese bloque, el vino sumó un saldo de 7.200 millones de euros, resultado de 7.700 millones en exportaciones y 565,6 millones en importaciones.
Ese peso del vino resulta aún más relevante porque el conjunto de agricultura y productos alimentarios mantuvo un saldo positivo superior a 2.000 millones de euros en 2025, pero muy por debajo de los 5.400 millones del año anterior. El retroceso se explica por el deterioro de la balanza de los productos agroganaderos, que siguió en negativo y cerró el ejercicio con -13.300 millones de euros.
El Istat señala que el agroalimentario italiano generó en 2025 un valor de producción de 80.100 millones de euros, un 3,9% más que los 77.100 millones de 2024. Sin embargo, esa mejora no evitó la caída del saldo comercial total del sector, afectado por el empeoramiento anual de casi 3.000 millones en los productos agroganaderos entre 2024 y 2025.
En ese escenario, la industria transformadora alimentaria volvió a compensar el déficit histórico del sector primario. El Istat recuerda que en Italia el saldo comercial de los productos agroganaderos ha sido casi siempre negativo desde la Unificación, mientras que la parte industrial ha ido acumulando superávits durante los últimos quince años, hasta llevar a terreno positivo desde 2018 al conjunto del agroalimentario.
El vino ocupa una posición central dentro de esa parte industrial por su fuerte orientación exterior. Los datos manejados muestran una relación muy inclinada hacia la exportación, con ventas fuera del país muy superiores a las compras realizadas en el exterior. Esa estructura convierte al vino en una fuente básica de divisas para Italia y en una referencia para otras ramas del negocio de bebidas, que observan cómo una categoría con alto valor añadido puede sostener buena parte del equilibrio comercial del sector.
Para las empresas de bebidas, la evolución italiana ofrece además una señal clara sobre el peso económico que puede alcanzar una marca país bien asentada en mercados internacionales. En el caso del vino, esa capacidad exportadora no solo impulsa sus propias cuentas, sino que también ayuda a amortiguar la debilidad de otras áreas del agroalimentario italiano.
Con un saldo comercial de 7.200 millones de euros sobre los 15.400 millones generados por alimentos y bebidas, el vino quedó cerca de aportar la mitad del superávit de esa rama industrial durante 2025.