Abya “despierta” su colección privada de arte con un impresionante mural del artista Miguel Milló

Escrito porAP

Miércoles 25 de Febrero de 2026

La entrada del Palacio de Saldaña, sede de ABYA, se ha convertido en un umbral entre continentes

El restaurante ABYA ocupa el Palacio de Saldaña, una joya afrancesada de principios del siglo XX diseñada por Joaquín Saldaña y López. Con más de mil metros cuadrados repartidos en cuatro plantas, el espacio se concibe como un viaje sensorial donde conviven la gastronomía, la música y el arte. Su nombre no es casual: se inspira en Abya Yala, expresión de origen guna que significa "tierra viva" o "tierra en plena madurez". El proyecto del empresario Manuel González celebra el mestizaje, la libertad creativa y la experiencia total, y convierte cada rincón del palacio en una galería viva.

El mural de Miguel Milló, instalado en la reja que da acceso al edificio, se convierte en la primera pieza de la colección privada de arte de ABYA. Su presencia no solo embellece la entrada; funciona como símbolo de lo que el restaurante pretende ofrecer: un diálogo entre culturas que confluyen en la mesa y en el arte. La figura humana representada, una cara andrógina de rasgos mestizos, sirve de metáfora de ese encuentro entre dos mundos y anticipa la narrativa de una colección que se irá desvelando con el tiempo.

Además de este mural, la colección de arte de ABYA incluye en el interior del Palacio de Saldaña otros dos mosaicos de Miguel Milló, que acompañan al comensal durante la experiencia gastronómica. Realizadas con la misma técnica artesanal, estas obras refuerzan el diálogo entre arte, arquitectura y mesa, uno de los ejes que definen este proyecto.

La técnica y el universo de Miguel Milló

Miguel Milló (Tijuana, 1959) es uno de los grandes nombres del arte contemporáneo mexicano. Egresado en diseño gráfico por la Universidad Iberoamericana y con una trayectoria que combina fotografía, pintura y escultura, el artista utiliza el cuerpo humano como su primer lienzo. En sus creaciones, cuerpos desnudos se cubren con arcilla, pigmentos y materiales orgánicos (plantas, raíces, hojas y flores) hasta convertirse en complejas instalaciones; luego son fotografiados y finalmente traducidos en nuevas obras. Esta búsqueda técnica y poética, en la que el ser humano se convierte en metáfora de la tierra fértil, ha sido aplaudida por la crítica internacional.

La fascinación de Milló por el mosaico surgió tras un viaje a Estambul; allí descubrió los mosaicos bizantinos y quiso trasladar la esencia de sus fotografías a esta técnica milenaria. El proceso es laborioso: cada obra nace de una imagen fotográfica que, antes de ser mosaico, fue un cuerpo pintado con arcilla y una instalación de flores. Luego, las imágenes se traducen a grandes paneles de mosaico —algunos llegan a dos metros de alto y pesan más de cien kilos— realizados con piedras de cerámica cortadas a cincel, vidriadas en horno y colocadas una a una. Milló trabaja con la familia Perdomo, herederos de la tradición muralista mexicana, para actualizar esta técnica con un lenguaje contemporáneo. Él mismo explica que busca "preservar la esencia de la fotografía" en el mosaico y que su obra aspira a transmitir emociones universales más que discursos políticos.

En ABYA, su mural resume esta búsqueda. El rostro que preside la entrada está compuesto por cientos de teselas en tonos rojos, azules, amarillos y negros que dibujan un semblante sereno y poderoso. La mirada del personaje parece seguir al visitante, mientras las ondas de color que componen su piel recuerdan la mezcla de raíces que han dado forma al continente americano. La obra está firmada por el artista y se integra con la rejería y los elementos arquitectónicos del palacio, estableciendo un diálogo entre lo antiguo y lo contemporáneo.

La colección secreta de ABYA

El mural de Miguel Milló es apenas la primera revelación de la colección privada de arte de ABYA. El restaurante alberga más de un centenar de obras de artistas como Vladimir Cora, Amador Montes, César López Negrete o Paola Martínez, que convierten sus salones en una galería viva. Sin embargo, la dirección de ABYA guarda algunas sorpresas: en los próximos meses se irán desvelando nuevas piezas de la colección, muchas de ellas creadas expresamente para el espacio y relacionadas con la filosofía de mestizaje que inspira el proyecto. Hasta entonces, el mural de Milló actúa como carta de presentación, un guiño a Abya Yala y al mestizaje de culturas que caracteriza la propuesta culinaria y artística del restaurante.

Un artículo de AP