Laia Acebes
Miércoles 04 de Febrero de 2026
Uganda no suele aparecer en la conversación cuando hablamos de café de especialidad o chocolate fino. Y, sin embargo, debería. Este país del África oriental, al que Churchill bautizó como la perla de África, es uno de esos lugares que, cuanto más se conocen, más sentido cobran. No solo por su paisaje exuberante, sino por la riqueza agrícola que empieza a reclamar un lugar propio en el mapa gastronómico global.
Lagos inmensos, tierras volcánicas fértiles, selvas húmedas y cordilleras que rozan el cielo componen un ecosistema privilegiado para el cultivo de materias primas excepcionales. En ese contexto nace el Pack Uganda de Kaitxo, una propuesta que invita a recorrer el país a través de dos productos que se entienden mejor juntos: café de especialidad y chocolate bean to bar. Dos elaboraciones hermanas, unidas por el respeto al origen y una forma honesta de hacer las cosas.
Desde su obrador en Balmaseda, en el corazón de las Encartaciones, Kaitxo lleva años defendiendo una manera de trabajar basada en la trazabilidad, la artesanía y el tiempo. Aquí no hay atajos ni artificios. Cada tableta y cada grano de café tienen detrás una historia real que empieza en el campo y termina en la taza o en la onza. El Pack Uganda es, quizá, uno de los ejemplos más claros de esa filosofía.
Situada a ambos lados del ecuador, Uganda ha sido tradicionalmente conocida por su producción de café robusta. Pero algo está cambiando. En los últimos años, el país ha demostrado un enorme potencial tanto en cafés arábica de altura como en cacaos finos capaces de competir con orígenes más asentados. Kaitxo pone el foco precisamente en esa nueva Uganda agrícola: consciente, cualitativa y comprometida.
El café seleccionado procede de Rwenzori, una región montañosa cercana a la frontera con la República Democrática del Congo. Cultivado a gran altitud y procesado mediante método natural, ofrece una fragancia frutal muy expresiva y una taza equilibrada, con notas de chocolate, frutos rojos y frutos secos. Su acidez es baja, el dulzor marcado y el perfil amable, lo que lo convierte en un café versátil y fácil de disfrutar, tanto en métodos filtrados como en espresso.
Pero hay algo más que sabor. Este café está producido por una empresa liderada por dos hermanas que agrupan a pequeños caficultores de la zona, apostando por prácticas sostenibles y una remuneración justa. Un proyecto con mirada social que demuestra que la excelencia también puede ser una herramienta de transformación.
El segundo gran protagonista del pack es el chocolate elaborado con cacao de Bundibugyo, una de las regiones más prometedoras del país. Se trata de un cacao certificado orgánico y fair trade, cultivado por una cooperativa pionera que fue de las primeras en Uganda en apostar por la exportación directa y la diferenciación frente al cacao industrial.
Sensorialmente, es un chocolate que conquista desde la sencillez bien entendida. Su genética combina variedades trinitarias y amelonadas, fermentadas en cajas de madera durante seis días y secadas al sol. El resultado es un perfil intenso pero equilibrado, con notas claras de avellana tostada, canela, toffee y recuerdos de panadería. Baja acidez, amargor contenido y una textura que invita a repetir. Un chocolate accesible, elegante y profundamente reconfortante.
Una vez en Balmaseda, café y cacao pasan por el mismo filtro: el del respeto absoluto por la materia prima. El tueste del café y la elaboración del chocolate bean to bar se realizan de forma artesanal, ajustando cada proceso para no imponer un estilo, sino acompañar al producto hasta su mejor versión.
Café y chocolate comparten más de lo que parece: tiempos, fermentaciones, sensibilidad y una necesidad constante de conocimiento. En este pack, esa afinidad se traduce en una experiencia coherente, pensada para disfrutarse por separado o en diálogo, taza y onza en mano.
El Pack Uganda no es solo una propuesta gourmet. Es una forma de viajar sin moverse, de entender un territorio a través del paladar y de poner rostro a quienes están detrás de cada cultivo. Cada sorbo y cada bocado hablan de paisaje, de decisiones conscientes y de una manera de consumir más informada y respetuosa.
Porque, al final, degustar también es una forma de conocer el mundo. Y con propuestas como esta, Kaitxo recuerda que el verdadero lujo no está en lo exótico, sino en el origen bien contado y mejor trabajado.