David Manso
Martes 27 de Enero de 2026
Dirigida por Almudena Alberca MW, la jornada ha contado con varios invitados procedentes de diferentes regiones donde el cultivo de la vid se asienta sobre suelos pizarrosos. En este particular viaje recorriendo las diferentes zonas han compartido sus propias experiencias y conocimientos Fernando Maíllo de Bodega Cámbrico (Do Sierra de Salamanca), Maite Sánchez de Bodega Arrayan (Do Cebreros), Fernando Mora MW (Do Calatayud), César Márquez de Bodega César Márquez (Do Bierzo) y Sara Pérez de Bodega Más Martinet (DOCa Priorat). Una amplia y variada representación del mapa vitivinícola asentado sobre terrenos pizarrosos, una parte de la gran variedad litológica de España.
Son muchos los factores que hacen que cada vino tenga sus propias percepciones organolépticas; el clima, la orientación del viñedo, la altitud, y por supuesto el tipo de suelo sobre el que es cultivada la vid. De entre esa variedad de suelos encontramos los pizarrosos, los cuales no son estandarizados, es decir, que poseen a su vez una subclasificación según los materiales que les acompañen en su composición (arcilla, granito,..etc.) y además una estructura propia. Estos factores hacen que los vinos nacidos de sus suelos posean ciertas características comunes, afines, y otras que les diferencian de sus homónimos. Es por tanto el suelo, el terroir, un elemento diferenciador no solo respecto a otros vinos procedentes de suelos no pizarrosos, sino también de aquellos que asientan sus viñas sobre pizarras incorporando al vino matices únicos y diferenciadores. Según la zona de pizarra y esos otros suelos que la acompañan encontramos vinos con más mineralidad, textura, calidez o concentración, o por el contrario, más rústicos, frescos o ligeros.
Los suelos pizarrosos son ácidos y con poco nutrientes, al que obliga a la planta a profundizar en la búsqueda de agua y nutrientes haciéndola más resistente. Por su fisionomía, son suelos que captan y retiene el calor durante la noche favoreciendo la maduración haciendo que esta sea más rápida. Los frutos de la vid son más pequeños y concentrados en compuestos aromáticos, en polifenoles y buena acidez natural. Todo ello da como resultado vinos intensos, de mayor graduación alcohólica, complejos, aromáticos, mineralidad y potencial de guarda. La mejor manera de comprobar sus características, y a su vez diferencias según su origen, es a través de la cata. Para ello, una serie de seis vinos procedentes de las zonas representadas por los invitados. Dos de Sierra de Salamanca y los restantes cuatro uno de cada zona. Las diferencias entre ellos son notables, esto viene motivado entre otros factores por las variedades de uva empleadas y el tipo de suelo que acompañan a la pizarra. Pero en ellos encontramos elementos comunes como la buena acidez, mineralidad y frescura, y por su puesto identidad y tipicidad, valores estos últimos que comparten todos ellos en común y que a su vez los hace diferentes.