Martes 13 de Enero de 2026
El sector del vino a granel ha pasado de ocupar un papel secundario a convertirse en un elemento central dentro de la industria vitivinícola internacional. Así lo señala un informe reciente de The Drinks Business, que pone de relieve cómo esta categoría atrae a jóvenes profesionales y se beneficia de innovaciones en envases, logística y sostenibilidad. Estas mejoras han convertido al vino a granel en una vía estratégica para abordar tanto el exceso de producción como las demandas actuales en materia medioambiental.
La última edición de la World Bulk Wine Exhibition (WBWE), celebrada los días 24 y 25 de noviembre en Ámsterdam, mostró el dinamismo del sector. En el evento se pudo ver a profesionales jóvenes debatiendo sobre el rendimiento de los flexitanques, presentando rediseños de envases bag-in-box y analizando las ventajas de botellas ligeras. Según Stephan Marusczyk, responsable de desarrollo en VinLog, la división de bebidas de Kuehne + Nagel, la feria es un punto de encuentro clave para proveedores y para todo el ecosistema logístico y de embotellado. La presencia de tantos actores de la cadena de suministro en un mismo lugar refleja el carácter interconectado e innovador del sector.
Durante años, el vino a granel arrastró una imagen negativa, asociada a productos de baja calidad o excedentes difíciles de colocar en el mercado. Sin embargo, esta percepción está cambiando. Paul Braydon, director de desarrollo comercial y marketing en Kingsland Drinks (Reino Unido), explica que prefiere hablar de “vino embotellado en destino” para subrayar la transformación del sector. Kingsland ha llegado a embotellar un Cabernet Sauvignon californiano para una cadena británica con precios por litro nunca vistos antes en este canal. Hace cinco años, ofrecer ese tipo de vino por menos de 15 libras habría sido impensable.
El modelo del vino a granel permite acceder a mercados como Reino Unido, Alemania o Estados Unidos, donde el embotellado local es habitual. Países productores como Australia siguen siendo grandes proveedores bajo este formato. Para los jóvenes profesionales, esto supone una oportunidad para trabajar con cadenas logísticas complejas y multinacionales, algo menos frecuente en la industria tradicional.
Uno de los principales atractivos para los nuevos talentos es la posibilidad real de innovar. Mientras que el vino tradicional está sujeto a normas históricas y familiares, el vino a granel permite experimentar con nuevos formatos y envases. Maria Kurteva, responsable de marca en Corten-Vin Companie SRL (Moldavia), señala que este sector ofrece más margen para proponer ideas novedosas y verlas implementadas.
El sector actúa como laboratorio para toda la industria: desde vinos en lata hasta envases alternativos o botellas ligeras. Equipos internos como el de Kingsland pueden crear marcas desde cero y adaptarlas rápidamente a las tendencias del consumidor joven, que busca comodidad sin renunciar a la calidad.
La tecnología también ha transformado la logística del vino a granel. Los flexitanques han evolucionado hasta convertirse en recipientes fiables capaces de transportar grandes volúmenes sin afectar la calidad del producto. Este avance atrae a graduados con formación en ingeniería o gestión logística, perfiles distintos al clásico especialista en viticultura.
La sostenibilidad es otro factor decisivo para las nuevas generaciones. Transportar 24.000 litros en un flexitanque reduce considerablemente las emisiones frente al envío tradicional en botella. El embotellado local implica que el vidrio recorra distancias mucho menores. Empresas como Kingsland han implantado sistemas cerrados donde las botellas se fabrican cerca del centro logístico, lo que reduce aún más el impacto ambiental.
El ambiente dentro del sector también resulta más accesible para quienes empiezan su carrera profesional. Margherita Furia, estudiante y miembro del negocio familiar Cantina Furia (Italia), afirma que el mundo del vino a granel es menos intimidante y más abierto al aprendizaje colaborativo. Andrew Porton, director del grupo Lanchester Group, añade que existe camaradería entre empresas pese a la rivalidad comercial: todos comparten problemas como impuestos especiales, costes crecientes o descenso del consumo.
Gestionar grandes volúmenes no está exento de dificultades. Producir vino asequible pero con calidad requiere controlar cada gasto y asumir riesgos elevados: un error puede afectar cientos de miles de litros. Evangy Avetisian, presidente del grupo Monochrome (Hong Kong), sostiene que los jóvenes valoran la transparencia y eficiencia por encima del lujo o las marcas tradicionales; buscan saber cómo se produce lo que consumen.
El modelo a granel también abre puertas laborales antes reservadas casi exclusivamente a quienes heredaban viñedos o superaban exámenes especializados. Empresas como Kingsland promueven la movilidad interna y ofrecen formación transversal: desde muestreo hasta compras internacionales o gestión comercial.
El consumo entre los jóvenes desciende en volumen pero cambia hacia opciones con menor graduación alcohólica y formatos alternativos. El sector responde con flexibilidad ante estas tendencias gracias a su capacidad para adaptarse sin depender tanto de la imagen clásica asociada al vino embotellado en origen.
En mercados como Reino Unido, la mayoría del vino consumido sigue este modelo logístico. Para muchos consumidores jóvenes representa su primer contacto con el mundo vinícola; por eso quienes trabajan hoy en este ámbito tienen capacidad real para influir en las experiencias futuras.
El vino a granel ha dejado atrás su papel discreto para convertirse en motor de innovación y sostenibilidad dentro del sector vitivinícola internacional. La presencia creciente de profesionales jóvenes impulsa cambios profundos tanto en procesos como en productos finales, consolidando este canal como uno de los más relevantes para afrontar los problemas actuales y futuros del sector.