Jueves 13 de Marzo de 2025
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha lanzado una advertencia a la Unión Europea al amenazar con imponer aranceles del 200% sobre el vino, champán y otros productos alcohólicos europeos. Esta medida se plantea como respuesta al arancel del 50% que la UE ha impuesto al whisky estadounidense. Trump ha expresado su descontento con lo que considera un comercio desfavorable para Estados Unidos, afirmando que el país está siendo aprovechado por otras naciones.
El anuncio de Trump se produce en un momento de tensiones comerciales entre Estados Unidos y sus aliados históricos. La estrategia de presión arancelaria ha sido una constante en su administración, buscando renegociar acuerdos comerciales que, según él, perjudican a la economía estadounidense. Trump ha utilizado tácticas similares con Canadá, logrando que Ontario retirara un recargo sobre la electricidad tras amenazar con duplicar los aranceles.
La Comisión Europea, por su parte, ha confirmado que su comisario de Comercio está en contacto con sus homólogos estadounidenses para abordar esta disputa. La UE ha señalado que está preparada para cualquier eventualidad y ha expresado su deseo de negociar para evitar más aranceles, argumentando que estos solo traen pérdidas.
El impacto de los aranceles propuestos por Trump podría ser demoledor para los consumidores estadounidenses, que dependen en gran medida de productos importados, especialmente del vino, ya que la producción nacional no abastece el mercado. Estados Unidos es el mayor mercado de importación de vino y champán a nivel mundial, con ventas anuales que superan los 4.900 millones de dólares en vino y 1.700 millones en champán. En contraste, las exportaciones estadounidenses de vino rondan los 1.000 millones de dólares, mientras que las de champán y espumosos suman apenas 67 millones.
En Wall Street, el anuncio de Trump generó una reacción inmediata, con caídas en los futuros bursátiles, aunque estos recuperaron parte del terreno perdido tras la publicación de un informe favorable sobre la inflación. El proteccionismo comercial ha sido una de las principales estrategias económicas del presidente, quien sostiene que los déficits comerciales de Estados Unidos reflejan debilidad. A pesar de las advertencias de economistas y grupos empresariales sobre los efectos negativos de su política arancelaria, Trump mantiene su postura, asegurando que es una fase de transición hacia una economía más fuerte.
Francia, uno de los principales afectados por los posibles aranceles, ha declarado que no cederá ante las amenazas y está decidida a tomar represalias. Las mayores importaciones europeas a Estados Unidos provienen de Francia, Reino Unido, Irlanda e Italia. Según cifras oficiales, Estados Unidos exporta a España alcohol por valor de unos 135 millones de dólares al año, mientras importa apenas 22 millones.
El secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bassent, ha restado importancia a la volatilidad en los mercados, afirmando que la administración está centrada en la economía real y que no le preocupa un poco de volatilidad en el corto plazo. Bassent ha defendido las políticas arancelarias de Trump, asegurando que allanarán el terreno para ganancias importantes.
Trump ha insistido en su visión económica, afirmando que Estados Unidos no tiene libre comercio, sino un comercio desfavorable. Ha elogiado al senador republicano Mark Mullin, quien admitió que un arancel es un impuesto que se traslada a los consumidores, pero argumentó que esto también permitirá abrir nuevos mercados.
El presidente ha asegurado que los aranceles beneficiarán enormemente al sector del vino y el champán en Estados Unidos, aunque en el país no se produce champán. Esta afirmación recuerda a las promesas hechas a los agricultores cuando China aplicó sus propios aranceles a las exportaciones agrícolas estadounidenses.
La Unión Europea ha reiterado su disposición a trabajar con Estados Unidos para abordar el problema del exceso de capacidad mundial de acero y aluminio, que considera el verdadero problema. Sin embargo, Trump ha mantenido su postura, afirmando que los aranceles son un éxito y están trayendo miles de millones de dólares a Estados Unidos.
El anuncio de Trump se produce un día después de que entraran en vigor los aranceles estadounidenses sobre las importaciones de acero y aluminio, lo que llevó a la UE y Canadá a imponer medidas de represalia contra productos estadounidenses. La UE ha asegurado que está preparada para lo que venga y ha dejado claro que quiere negociar para evitar aranceles en el futuro.
Mientras inversores, consumidores y expertos tratan de anticipar si la ofensiva arancelaria de Trump es un plan a largo plazo o una estrategia de presión que busca resultados más inmediatos, el presidente ha dejado entrever que su objetivo es atraer inversiones a Estados Unidos. Ha afirmado que la gran victoria no es el arancel en sí, sino que las empresas se muden al país, cumpliendo así su promesa electoral de fomentar la inversión en operaciones manufactureras en suelo estadounidense.
Desde su retorno a la Casa Blanca, Trump ha apostado por activar aranceles para corregir lo que considera déficits comerciales injustos para Washington y, sobre todo, como medida de presión contra México, Canadá y China para reducir el flujo de fentanilo que entra por las fronteras estadounidenses.
José Luis Benítez, director general de la Federación Española del Vino (FEV), la patronal del vino español, ha respondido al reciente anuncio del presidente Donald Trump sobre la imposición de un arancel del 200% a vinos y otras bebidas alcohólicas procedentes de la UE. Benítez advirtió que esta medida supondría directamente la expulsión de los vinos españoles y europeos del mercado estadounidense, algo que considera insostenible para el sector. Además, ha instado al gobierno español y a la UE a retomar las negociaciones para resolver este conflicto comercial que ya afecta a productos como el acero y el aluminio.
Benítez también ha solicitado a la Comisión Europea que proteja la economía y la diversidad del sector vitivinícola, evitando que el vino sea incluido en la lista final de represalias comerciales, ya que considera que no debe ser utilizado como elemento de presión en disputas ajenas a su ámbito. En 2024, Estados Unidos fue el segundo destino de exportación para los vinos tranquilos españoles envasados y el primero para los vinos espumosos, alcanzando un valor total de ventas de 390 millones de euros.