Úrsula Marcos
Viernes 18 de Octubre de 2024
El debate sobre los beneficios y riesgos del consumo moderado de alcohol ha generado una discusión intensa entre científicos, reguladores y la industria de bebidas alcohólicas. Uno de los personajes más influyentes en este debate es el psicólogo y académico Tim Stockwell, quien durante las últimas dos décadas ha contribuido con estudios que han sido usados como argumento por los sectores que abogan por una mayor regulación y control del consumo de alcohol. Stockwell ha participado en la reducción de las pautas de consumo en el Reino Unido y ha defendido el establecimiento de precios mínimos en Canadá, argumentando que estas políticas ayudan a disminuir el consumo excesivo y, por ende, sus efectos nocivos. Sin embargo, una de sus principales misiones ha sido cuestionar la idea de que el consumo moderado de alcohol tiene beneficios para la salud, algo que le ha ganado detractores.
En una reciente entrevista para el podcast Drinks Insider, Stockwell abordó varias de estas cuestiones con la periodista Felicity Carter. Durante la conversación, trató de evitar un tono de fanatismo, aunque no convenció a todos los oyentes, especialmente en lo que respecta a su postura sobre los efectos positivos del consumo moderado. A lo largo de su carrera, Stockwell ha sido firme en su intención de desmentir la curva en forma de J, una representación gráfica que describe cómo los abstemios tienen un riesgo mayor de muerte prematura que los bebedores moderados, mientras que los grandes consumidores tienen el riesgo más alto de todos. Este tipo de estudios, particularmente en relación con enfermedades cardíacas, han respaldado la idea de que el consumo moderado de alcohol puede reducir el riesgo de sufrir enfermedades coronarias, uno de los principales motores detrás de la baja mortalidad entre bebedores moderados.
Desde que Stockwell presidió en 2006 la Kettil Bruun Society, un grupo neo-temperante que aboga por reducir el consumo de alcohol a nivel global, ha sido constante en su esfuerzo por desacreditar la idea de que el alcohol, en cantidades moderadas, tiene beneficios para la salud. En ese sentido, una de sus principales teorías ha sido la del "enfermo que abandona", que sostiene que los estudios que sugieren un menor riesgo en los bebedores moderados podrían estar sesgados por la presencia de personas que, al dejar de beber debido a problemas de salud, alteran las cifras a favor de los consumidores moderados.
Esta hipótesis, que fue introducida por primera vez en los años 80, ha sido objeto de numerosos estudios que la han desmentido en gran medida. Investigadores, como el célebre epidemiólogo Richard Doll, excluyeron a los exbebedores de sus análisis y compararon a los bebedores moderados con aquellos que nunca habían consumido alcohol. El resultado mostró que los bebedores moderados tenían un riesgo significativamente menor de desarrollar enfermedades cardíacas, confirmando la validez de la curva en J. Doll, en uno de sus últimos estudios, concluyó que el consumo moderado de alcohol podría reducir hasta en un 28 % el riesgo de enfermedades coronarias y en un 12 % la mortalidad por todas las causas.
A pesar de estas evidencias, Stockwell ha mantenido su postura y ha presentado una versión modificada de su teoría original: la "hipótesis del abstemio enfermizo", según la cual las personas que nunca han bebido alcohol podrían ser intrínsecamente menos saludables o estar predispuestas a padecer enfermedades que los llevarían a evitar el consumo de alcohol. Esta afirmación es difícil de sostener, ya que muchas personas que se abstienen de beber lo hacen por razones religiosas, como es el caso de muchos musulmanes y protestantes, o simplemente porque no les agrada el sabor. Estas personas no parecen tener estilos de vida inherentemente menos saludables que el promedio, y en algunos casos, como entre las comunidades religiosas, sus hábitos tienden a ser incluso más saludables.
Stockwell también argumenta que las personas con bajos ingresos, quienes tienden a tener una esperanza de vida más corta, son más propensas a ser abstemias. Sin embargo, este factor, conocido como confusión estadística, puede ser fácilmente ajustado en los estudios epidemiológicos, que regularmente controlan variables como el estatus socioeconómico, la edad, el tabaquismo, y otros factores de riesgo. En el caso de los abstemios por problemas de salud graves desde su nacimiento, es poco probable que su número sea lo suficientemente significativo como para influir en los resultados de estudios que abarcan cientos de miles de personas.
A pesar de los esfuerzos de Stockwell, la hipótesis del abstemio enfermizo no ha sido capaz de superar las pruebas estadísticas. Investigadores como Doll han demostrado que, incluso controlando estos factores, el vínculo entre el consumo moderado de alcohol y un menor riesgo de enfermedades cardíacas se mantiene sólido. Esta relación causal ha sido respaldada durante más de 40 años de investigación epidemiológica, que ha resistido diversas revisiones y ajustes metodológicos.
La discusión no parece tener fin, pero lo cierto es que el consumo moderado de alcohol, especialmente en relación con enfermedades cardíacas, sigue siendo un tema central en la salud pública y en la formulación de políticas de consumo de alcohol. Mientras tanto, los investigadores continúan afinando sus estudios para comprender mejor las complejidades de estos hallazgos y su impacto en la salud de la población.