Valdeorras pone a prueba la godello frente al calor y la sequía

Un estudio parcela a parcela guía riegos y correcciones del suelo para sostener la calidad del vino

lunes 29 de junio de 2026

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Bodega Rafael Palacios y Laboratorios Excell Ibérica han puesto en marcha en Valdeorras un estudio sobre la variedad godello para ajustar el cultivo y la vinificación a un escenario de más calor y menos agua. El trabajo, publicado el 26 de junio por Acenología, analiza 13 parcelas de viñedo de la bodega y mide tres factores: la actividad biológica del suelo, las reservas nutricionales de la vid en los sarmientos y el estrés hídrico acumulado durante la maduración de la uva.

El proyecto parte de una preocupación conocida en el viñedo español: el aumento de las temperaturas extremas, la menor disponibilidad de agua y su efecto sobre la uva y sobre los procesos de elaboración. En este caso, el foco está en una variedad muy ligada a Valdeorras, la godello, y en cómo mantener su calidad con un manejo más preciso del riego y del suelo.

Según explica la publicación, el estudio combina ensayos agronómicos y análisis enológicos con una idea práctica: decidir qué parcelas necesitan antes el agua, qué suelos responden mejor y qué viñas llegan con más o menos reservas a la campaña siguiente. Para ello se tomaron muestras del suelo en marzo, junio, septiembre y diciembre de 2025, además de análisis de sarmientos en enero de 2025 y febrero de 2026.

En la parte dedicada al suelo, los técnicos midieron el ADN microbiano total y la actividad ATPasa, un indicador de la actividad metabólica de los microorganismos. La comparación entre ambas variables permite saber no solo cuántos microorganismos hay, sino también si están activos. Esa diferencia es importante porque un suelo puede tener una carga microbiana baja y, aun así, mostrar una actividad biológica alta.

Los primeros resultados, correspondientes a marzo de 2025, muestran diferencias claras entre parcelas. Valdagua registró la mayor carga microbiana, con 25 μg de ADN por gramo de suelo, seguida por Chandoiro y Chao do Couso, con 19, As Lamelas, con 16, y Poulo do Cabo, con 18. En el extremo opuesto quedaron Souto Vello y A Venta, ambas con 4 μg por gramo, junto a A Barca, con 4,9, y Mourela nueva, con 8,6.

En cuanto a vitalidad biológica del suelo, medida por ATP, Valdagua volvió a situarse en cabeza con 1.279 ng ATP/g. También obtuvieron valores altos As Lamelas, con 1.124; A Barca, con 692; Colas, con 617; Poulo do Cabo, con 560; y Chao do Couso, con 542. Los registros más bajos fueron para O Soro Vello, con 133; Souto Vello, con 168; Valverde Alejos, con 172; y A Venta, con 269.

La lectura que hace el estudio es que Valdagua reúne una combinación favorable de carga microbiana y actividad metabólica. Souto Vello y A Venta aparecen como parcelas que requieren medidas correctoras. A Barca ofrece un caso distinto: poca carga microbiana pero mucha actividad biológica, lo que apunta a una comunidad microbiana pequeña pero activa.

A partir de esos datos iniciales se definieron grupos de parcelas y estrategias de manejo. La publicación no limita esa estrategia al riego. También plantea cambios en laboreo, aportes orgánicos y revisión del uso histórico de fitosanitarios cuando los indicadores del suelo sugieren pérdida de biodiversidad microbiana o compactación.

El segundo bloque del trabajo se centra en los sarmientos recogidos durante la poda de invierno. Ese análisis sirve para medir las reservas que deja la planta al final del ciclo y anticipar cómo puede arrancar la campaña siguiente. Se revisaron macro y micronutrientes como nitrógeno, fósforo, potasio, magnesio o calcio, además del contenido en almidón e hidratos de carbono.

Los resultados generales apuntan a una situación aceptable en los parámetros orgánicos de partida, pero también a carencias repetidas en calcio, boro, zinc y sodio. Al mismo tiempo se observó un ligero exceso de manganeso y potasio en muchas parcelas. Ese desequilibrio puede afectar tanto a la resistencia al estrés hídrico como al desarrollo posterior de la planta.

En reservas de carbono hubo diferencias amplias. Las parcelas con mayores niveles fueron A Barca, con 13,71% de materia seca; Coalleira riego, con 13,57%; y Colas arriba, con 13,01%. Las menores reservas aparecieron en Mourela xoven, con 7,91%; Poulo do Cabo, con 10,8%; y As Lamelas, con 11,56%. Para los autores del trabajo, una parcela como Mourela xoven necesitaría un riego más temprano en primavera para evitar que esa falta de reservas afecte al inicio del ciclo vegetativo.

También se localizaron desequilibrios concretos entre nutrientes. En Valverde Alejos y A Venta se observó una relación N/K baja, inferior a 0,5, asociada a exceso de potasio frente al nitrógeno disponible. En As Lamelas y Mourela xoven apareció una relación Ca/Mg por debajo de 3,5. El estudio interpreta estos datos como señales para ajustar fertilización y fertirriego.

Entre las parcelas que requieren más atención figura Valverde Alejos por su bajo nitrógeno total y por una relación N/K muy baja. Mourela xoven aparece señalada por sus escasas reservas de carbono y por exceso de manganeso. Como respuesta inmediata se propusieron medidas como fertirriego correctivo con calcio y boro en algunas fincas concretas, aplicación de zinc quelado donde haya bloqueo por manganeso y retirada de aportes externos de potasio o manganeso allí donde ya existe exceso.

La evolución temporal del suelo entre marzo y diciembre de 2025 muestra oscilaciones marcadas. Según Acenología, varias parcelas sufrieron descensos iniciales en carga microbiana o actividad metabólica a los tres meses y luego recuperaron parte del terreno a los seis y nueve meses. Esa secuencia sugiere que el microbioma del suelo responde rápido a cambios en humedad, temperatura o manejo del riego.

El trabajo subraya además que no siempre hay relación directa entre cantidad de microorganismos y actividad funcional. Algunas parcelas presentaron poca carga genética pero picos altos de actividad metabólica; otras mostraron mucha presencia microbiana pero menor rendimiento biológico. Por eso los autores consideran más útil medir también la función del suelo si se quiere valorar su fertilidad real.

En esa evolución anual el agua aparece como uno de los factores principales. La publicación indica que varios aumentos o descensos observados pueden relacionarse con momentos favorables o adversos desde el punto de vista hídrico. De ahí que la actividad microbiológica se plantee como un indicador indirecto del estado hídrico del suelo.

El tercer eje del estudio es el estrés hídrico acumulado medido mediante δ13C en uvas recogidas durante vendimia. Esta técnica no refleja un episodio puntual sino el efecto acumulado durante semanas clave de maduración. Su utilidad práctica es comparar parcelas entre sí y ordenar prioridades cuando hay que decidir dónde aplicar riego de mantenimiento.

La intención es construir un histórico por parcela para relacionar ese dato isotópico con parámetros posteriores de calidad. Si esa correlación se confirma con más campañas, la bodega podría ajustar mejor tanto el manejo agronómico como las decisiones previas a vendimia.

Los análisis comparados entre enero de 2025 y febrero de 2026 ofrecen otra lectura relevante sobre las reservas en sarmientos tras la campaña pasada. En muchas parcelas bajaron los hidratos solubles y el total de reservas disponibles para una brotación rápida. Algunas fincas aumentaron almidón pero redujeron azúcares solubles, una combinación que puede traducirse en arranques menos homogéneos si las condiciones meteorológicas no acompañan.

Mourela xoven fue uno de los casos que más mejoró desde ese punto de vista: pasó de 7,91% a 13,34% en hidratos totales y elevó su almidón desde 3,21% hasta 7,78%. Souto Vello mantuvo valores estables. En cambio, Valdagua mostró una caída clara en hidratos totales al pasar de 12,41% a 10,43%, lo que podría anticipar más dependencia del clima durante el desarrollo vegetativo.

En minerales mayoritarios se observó una subida general del nitrógeno acumulado en todas las parcelas analizadas. Chandoiro pasó de 0,36% a 0,81%; Valdagua subió de 0,48% a 0,83%; y As Lamelas pasó de 0,44% a 0,81%. El fósforo siguió bajo en casi todas las fincas estudiadas. El potasio mostró baja acumulación en varias parcelas como Colas arriba o Souto Vello. El magnesio presentó ligeras caídas.

La interpretación propuesta es que la planta almacenó bien nitrógeno tras la campaña 2025 pero tuvo más dificultades para incorporar fósforo, potasio y magnesio durante la fase posvendimia. Eso puede condicionar el arranque vegetativo del próximo ciclo al reducir las reservas ligadas al metabolismo energético y a la fotosíntesis.

En oligoelementos también hubo movimientos amplios. El boro cayó en muchas parcelas; el cobre permaneció estable; el zinc mostró buena acumulación en algunas fincas como A Barca u O Soro Vello; el manganeso descendió con fuerza en Poulo do Cabo o Mourela; y el hierro subió mucho en Chandoiro, Poulo do Cabo o Coaxeilla. La publicación interpreta estos cambios como señales sobre cómo funcionó fisiológicamente cada planta durante la campaña anterior.

Aunque se trata de un estudio técnico centrado en viticultura parcelaria, sus efectos potenciales van más allá del campo experimental. Una gestión más precisa del agua y del suelo puede influir en regularidad productiva, composición de la uva y estabilidad cualitativa entre añadas. Para el sector del vino eso importa porque condiciona tanto la disponibilidad futura de materia prima como el perfil final del producto en zonas donde el calor y la sequía pesan cada vez más sobre las decisiones agronómicas.

El trabajo sitúa así a Valdeorras dentro de una línea cada vez más presente en bodegas españolas: usar datos biológicos del suelo y reservas internas de la planta para decidir riegos e intervenciones parcela por parcela. En variedades blancas como godello esa información puede ser útil para conservar equilibrio ácido, maduración adecuada y regularidad estilística cuando las campañas vienen marcadas por temperaturas altas y menor agua disponible.

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