La producción mundial sigue en mínimos por tercer año consecutivo

La OIV atribuye la caída a la sequía, los aranceles y el ajuste de la oferta al mercado

Martes 12 de Mayo de 2026

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La vendimia mundial sigue en mínimos por tercer año consecutivo
El Director General de la OIV John Barker, durante la presentación de los datos mundiales este martes 12 de mayo

La Organización Internacional de la Viña y el Vino (OIV) publicó este martes, 12 de mayo, su balance anual sobre el estado del sector vitivinícola mundial con datos de producción, consumo y comercio exterior correspondientes a 2025. El informe sitúa al sector en una fase de ajuste marcada por los aranceles, la climatología y los cambios en los hábitos de compra.

Según la OIV, el valor del comercio internacional se mantiene muy por encima de los niveles previos a la pandemia, aunque en 2025 bajaron tanto el volumen como el valor de las exportaciones. La organización atribuye esa caída a las políticas arancelarias, a la incertidumbre comercial y a factores económicos que han frenado los intercambios.

La producción mundial de vino se estimó en 227 millones de hectolitros en 2025, una cifra algo superior a la del año anterior, pero todavía baja en términos históricos. Es el tercer año seguido con una vendimia mundial reducida. La OIV señala que las condiciones climáticas afectaron a ambos hemisferios y que algunos países también limitaron su producción para ajustar la oferta a la demanda.

El consumo mundial se situó en 208 millones de hectolitros, un 2,7% menos que en 2024. La organización vincula esta bajada a la presión sobre el poder adquisitivo, al cambio de hábitos en mercados maduros y a una menor demanda en varios países con gran peso en el consumo. Entre los mercados que registraron avances figuran Portugal, Brasil, Japón y parte de Europa oriental y central.

La superficie mundial de viñedo cayó por sexto año consecutivo y quedó en 7 millones de hectáreas, un 0,8% menos que en 2024. La OIV explica que los principales países productores están ajustando sus plantaciones a las condiciones del mercado. En la Unión Europea, la superficie bajó un 1,6%, con Francia entre los países que más redujeron su viñedo.

España sigue siendo el país con mayor superficie de viñedo del mundo, con 919.000 hectáreas, aunque perdió un 1,3% respecto al año anterior. Francia quedó en 740.000 hectáreas e Italia en 726.000. China mantuvo su superficie estable y Turquía e India siguieron entre los países con más hectáreas dedicadas a uva, aunque buena parte de esa superficie se destina a uva de mesa o pasa.

En producción, Italia recuperó el primer puesto mundial con 44,4 millones de hectolitros. Francia alcanzó 36,1 millones y España 28,7 millones. La cosecha española cayó un 7,7% frente a 2024 y quedó muy por debajo de su media de los últimos cinco años. La OIV relaciona ese descenso con la sequía acumulada en zonas como Castilla-La Mancha.

En el hemisferio sur hubo una recuperación parcial tras las malas campañas anteriores. Nueva Zelanda registró una de sus mejores vendimias históricas y Sudáfrica también mejoró sus cifras. Chile volvió a retroceder por cuarto año seguido debido a la escasez de agua.

El comercio exterior también reflejó esa tensión entre oferta y demanda. Las exportaciones mundiales bajaron hasta 94,8 millones de hectolitros y su valor descendió a 33.800 millones de euros. El precio medio cayó un 2,1%, aunque sigue por encima del nivel previo a la covid-19. La OIV subraya que casi la mitad del vino que se consume en el mundo cruza fronteras antes de llegar al consumidor final.

Estados Unidos siguió siendo el principal importador por valor, con 5.500 millones de euros, aunque esa cifra supuso un descenso del 12% respecto a 2024. La organización relaciona esa caída con la política arancelaria y con una menor entrada de vino extranjero en ese mercado.

El director general de la OIV, John Barker, señaló que el sector lleva varios años adaptándose a cambios climáticos, económicos y sociales. Añadió que las tensiones comerciales obligan a productores, exportadores y cadenas logísticas a reajustar sus decisiones y que los acuerdos bilaterales y multilaterales pueden ayudar a mejorar las condiciones para los mercados que cambian.

La OIV calcula además que la diferencia entre producción y consumo fue de unos 18,7 millones de hectolitros en 2025. Esa brecha no se traduce solo en existencias porque parte del vino se destina a usos industriales como destilación, vinagre o bebidas derivadas.

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