Mariana Gil Juncal
Lunes 06 de Abril de 2026
Leído › 910 veces

Wine, Women & Words es el proyecto creado en Barcelona por la actriz argentina Andrea Carballo que esta semana inicia su etapa fuera de España, donde ya cuenta con más de 25 ediciones desde 2019. El próximo sábado 11 de abril la tertulia se llevará a cabo en Wine Spot, el espacio de Château d'Ancón ubicado en La Carrera, Mendoza. A partir de la premisa "Dime qué lees y te diré qué bebes", Wine, Women & Words parte de la idea de que ambos lenguajes requieren tiempo y atención, y que su cruce habilita una instancia de encuentro. El ciclo se desarrolla en distintos espacios y mantiene un mismo esquema de trabajo: selección de autora, curaduría de textos, elección de vinos y apertura a la conversación.
Las ediciones locales tendrán como invitada a la escritora Tamara Tenenbaum, quien presentará su libro Un millón de cuartos propios. El encuentro propone la lectura de tres fragmentos de la obra, cada uno acompañado por un vino seleccionado para cada instancia. En Mendoza la degustación será guiada por la sommelier invitada Camila Cerezo Pawlak y el martes 14 de abril en Casa Cavia a las 17 la degustación será guiada por la sommelier Delvis Huck.
El formato organiza la actividad en torno a la lectura, el vino y la conversación. La autora compartirá la lectura de sus textos y luego abrirá el intercambio con el público en un esquema sin mediaciones formales. El vino acompaña el desarrollo de la lectura y la escucha, integrándose a la dinámica del encuentro.
Para conocer todo acerca de Wine, women & words conversamos con su creadora Andrea Carballo, quienestá a cargo de la curaduría, conducción y desarrollo de esta tertulia eno-literaria donde las protagonistas son mujeres: escritoras, sommeliers, enólogas y cocineras.
De algo bastante simple: conversar, leer y disfrutar de una copa de vino. Es una idea que imaginé hace muchos años, pero fue en 2019 cuando decidí ponerla a prueba. Siempre estuvo esa intención de pensar en grupo, de hablar con otros. Tanto el mundo literario como el vitivinícola me interesaron desde siempre y me parecía fascinante conectarlos desde un espacio de tertulia, jugando con la idea de charlar libros y vinos al mismo tiempo. Al principio fue muy pequeño: gente cercana, livings de casas, estudios de artistas. Quería ver si eso que para mí tenía sentido también funcionaba con otros. Y funcionó. Ahí entendí que no era solo una idea, sino una forma de encuentro que valía la pena sostener.
Sobre todo, una sensación de comunidad. También me confirmó algo en lo que creo profundamente: la fuerza que tiene la conversación. Cuando generás el contexto adecuado, todo fluye de manera natural. La conversación aparece, el vino acompaña, y tanto el texto como la copa empiezan a abrir preguntas. Ahí es donde todo se vuelve realmente interesante. Lo que no esperaba es lo que terminó siendo lo más importante: mucha gente vuelve. Se formó una comunidad. Hay personas que se hicieron amigas, vínculos que perduran mucho más allá del encuentro. Eso es más de lo que imaginaba al principio.

Perfiles muy distintos, y eso es justamente parte de la riqueza. Como protagonistas han participado escritoras —desde voces consagradas hasta nuevas autoras—, también sommeliers, enólogas y artistas. Lo interesante es ese cruce, donde conviven miradas muy diferentes. Y algo importante: aunque las protagonistas son mujeres, el encuentro es abierto a todo el mundo. No es un espacio exclusivo, sino uno donde las voces femeninas están en el centro, pero al que puede venir cualquiera con ganas de disfrutar, escuchar y participar.
Creo que tiene que ver con la necesidad de crear espacios y con la posibilidad de pensar en conjunto. También con algo muy actual: el deseo de desacelerar y volver al encuentro en persona. De parar un poco y darle tiempo real a la conversación. Hoy hay una búsqueda más consciente de encontrarnos desde un lugar más horizontal, más libre, donde se pueda hablar sin tanto filtro y sin tener que encajar en un discurso previo. Y en ese sentido, Wine, Women & Words tiene algo muy claro: nadie ni nada está en un pedestal. Ni el vino, ni la literatura, ni quienes participan. La idea es acercar esos mundos y ponerlos en conversación.

Es difícil pensar en esto para mi pero creo que una respuesta honesta es la intuición y la perseverancia. La intuición no como algo abstracto, sino como una forma de leer lo que está pasando, de escuchar, de observar y tomar decisiones desde ahí. Y la perseverancia es eso que te permite visualizar un proyecto y no desistir, aunque al principio sea pequeño o incierto. En proyectos como este, las dos cosas terminan siendo más valiosas de lo que parecen.
Lo veo en un momento muy interesante. Hay muchas mujeres haciendo cosas muy potentes en distintos ámbitos del sector —en bodega, en sala, en comunicación— y cada vez con más presencia. Pero lo que más me llama la atención es cómo están cambiando la forma de hablar del vino: desde un lugar más cercano, más conectado con la experiencia. No tanto desde lo técnico como punto de partida, sino desde lo que el vino genera. Y eso tiene un impacto real, porque hace que más gente se acerque sin sentir que no sabe lo suficiente o que tiene que entenderlo todo para poder disfrutarlo. Ese cambio en el lenguaje es, quizás, uno de los movimientos más valiosos que están ocurriendo hoy en el mundo del vino.
Me cuesta quedarme con nombres puntuales. Siento que hay muchas mujeres haciendo un trabajo muy sólido, tanto en bodega como en comunicación o en sala. Paz Levinson, por ejemplo, su trabajo es excepcional. Más que figuras individuales, me interesa esa red que se está tejiendo y que está cambiando la forma de hacer y de contar el vino.
Fue una conexión bastante natural. Vengo de Argentina, de una cultura donde el vino está muy presente, donde forma parte del paisaje, de la mesa, de los encuentros. Creo que desde ahí empezó todo, más desde la observación y el disfrute que por cualquier otra cosa. Con el tiempo, ese interés fue creciendo de manera orgánica. Y en gran parte se dio a través de mujeres muy talentosas —emprendedoras, comunicadoras, sommeliers, enólogas— que me fueron acercando al vino desde un lugar más abierto, más narrativo. Ahí empecé a entenderlo de otra manera.
A mi familia. Y cuando digo familia, también hablo de mis amigas y amigos, que son parte de eso. Extraño ese vínculo cotidiano, esa cercanía que en Argentina se vive de una forma muy particular.
¡Varias! Pero diría que el gazpacho en verano y el café con hielo son dos que ya incorporé completamente.
El café y el pan tostado con manteca. Y ese primer momento en la cocina cuando se empieza a preparar una salsa: el ajo, la manteca derritiéndose... ese aroma me lleva directo a la cocina de mi abuela los domingos, preparando ñoquis mientras sus nietos mojábamos el pan en la salsa directo de la olla.
Después de las dos ediciones especiales en Argentina —en Mendoza y Buenos Aires, con Tamara Tenenbaum, Delvis Huck y Camila Cerezo—, regreso a Barcelona para una edición muy especial en la víspera de Sant Jordi, junto a Sara Torres. Las de mayo y junio todavía son sorpresa. Y además, este año el proyecto viaja por primera vez a Jerez y a Madrid.
Mariana Gil JuncalLeído › 910 veces