Mover ficha en Malasaña: Gambit Café y el nuevo ritual del ajedrez

El primer chess bar de Madrid convierte el ajedrez en un plan para conversar, compartir y disfrutar del tiempo sin prisa.

Jueves 05 de Febrero de 2026

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En Malasaña, barrio habituado a absorber y reformular tendencias culturales, acaba de abrir Gambit Café, el primer chess bar de Madrid. Un espacio que integra el ajedrez en la vida social cotidiana, alejándolo del ritual solemne para situarlo junto a la conversación, la copa y el encuentro urbano, como una propuesta de ocio accesible, pausada y en sintonía con nuevas formas de socializar.

Un proyecto personal convertido en espacio urbano

Detrás del proyecto está Alexandra Tivoly, una joven emprendedora francesa que decidió reinventarse al llegar a Madrid tras haber trabajado en el sector bancario. El ajedrez formaba parte de su vida desde la infancia, aprendido junto a su padre y cultivado después en distintos bares europeos donde las partidas se mezclaban con conversaciones largas, copas y risas. Ese modelo —más social que competitivo— fue el germen de Gambit Café. Al instalarse en la capital, Tivoly detectó una ausencia clara: una ciudad rica en propuestas culturales y gastronómicas, pero sin un espacio donde el ajedrez funcionara como punto de encuentro cotidiano. La respuesta fue crear uno.

Del tablero al ritual social

La apertura no es casual. Coincide con un cambio en los hábitos de ocio, especialmente entre las nuevas generaciones, que buscan alternativas a la vida nocturna tradicional. Los juegos de mesa viven un renacimiento y el ajedrez emerge como una práctica que combina desafío intelectual, pausa y relación presencial. En ese contexto, Gambit Café encaja como una extensión natural del barrio. Un espacio que invita a sentarse, pensar y compartir tiempo sin prisas, recuperando el valor del encuentro cara a cara en una ciudad cada vez más digitalizada y acelerada.

Jugar sin jerarquías

El local cuenta con más de cien metros cuadrados diseñados para favorecer tanto la concentración como la convivencia. Mesas pensadas para jugar con comodidad, zonas que aíslan del ruido y una atmósfera cálida que huye del imaginario elitista asociado al ajedrez.

El funcionamiento es sencillo: por tres euros se puede jugar sin límite de tiempo ni de partidas. No importa el nivel. Aquí conviven aficionados habituales, curiosos, principiantes y jugadores experimentados. La intención no es imponer un código, sino desmitificar el ajedrez y mostrar su faceta más lúdica y social. Para quienes repiten, habrá abonos que refuerzan la idea de comunidad.

Mucho más que partidas

Gambit Café no se limita al juego informal. Su programación incluye torneos, partidas simultáneas, encuentros divulgativos y colaboraciones con plataformas internacionales como Chess.com y ChessMood. También están previstas noches temáticas, charlas con jugadores, sesiones de aprendizaje rápido y retransmisiones de partidas históricas o grandes torneos internacionales. La idea es que el espacio funcione como un punto de intercambio cultural, donde observar, aprender o simplemente dejarse llevar por el ambiente.

Comer, beber y pensar la jugada

La experiencia se completa con una propuesta gastronómica y de bebidas pensada para acompañar el juego. Platos sencillos para compartir —hummus, tortilla, gildas, tablas de embutidos o sándwiches— conviven con opciones dulces como cheesecake, brownie o tarta de zanahoria. La coctelería clásica ocupa un lugar central, con referencias reconocibles como Negroni, Margarita, Espresso Martini o Whisky Sour, junto a cafés de especialidad, vinos, combinados premium y alternativas sin alcohol. Una oferta versátil que permite disfrutar del espacio a cualquier hora del día. Un tablero donde pensar, hablar y compartir conviven sin prisa.

Un artículo de Alberto Sanz Blanco
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