Martes 27 de Enero de 2026
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La industria vitivinícola global atraviesa un punto de inflexión: la sostenibilidad verificable bajo estándares GRI, el desempeño ESG y las nuevas exigencias derivadas del acuerdo UE–Mercosur han dejado de ser simples credenciales reputacionales para convertirse en requisitos ineludibles a la hora de acceder y competir en los mercados internacionales.
En el caso del vino, la sostenibilidad pasa de ser un recurso de marketing a un pilar estratégico de gestión. La agenda ESG y los marcos GRI se consolidan en áreas críticas como la gestión hídrica, la energía renovable, la agroecología y la viticultura regenerativa, configurando tendencias clave para el futuro de la vitivinicultura del Cono Sur.
Grandes bodegas y cooperativas ya publican reportes de sostenibilidad alineados con GRI, integrando indicadores ambientales (agua, energía, emisiones), sociales (empleo rural, seguridad, comunidad) y de gobernanza (ética, cumplimiento y anticorrupción).
Dentro de la cadena vitivinícola, los focos prioritarios se concentran en el uso y la calidad del agua, la descarbonización y la eficiencia energética, la gestión de residuos y la economía circular, las condiciones laborales en contextos rurales, el respeto de los derechos humanos en toda la cadena de valor y la solidez de los sistemas de gobernanza.
En un mercado europeo cada vez más regulado y consciente, los importadores de vino están sometidos a una presión creciente para demostrar su compromiso con la sostenibilidad y la responsabilidad social corporativa. Ya no basta con ofrecer un producto de calidad: consumidores, inversores y autoridades exigen transparencia y trazabilidad a lo largo de toda la cadena de suministro. En este contexto, los reportes GRI (Global Reporting Initiative) se han convertido en una herramienta central para los operadores europeos, actuando como evidencia tangible de diligencia debida y de alineamiento con las políticas y objetivos de sostenibilidad de la Unión Europea.
La diligencia debida en sostenibilidad alude al proceso sistemático de identificar, prevenir, mitigar y rendir cuentas por los impactos negativos que una empresa puede generar sobre el ambiente y la sociedad.
Los reportes GRI aportan una base documental valiosa en este sentido, al ofrecer información detallada y comparable sobre las prácticas de sostenibilidad de los productores de vino. Al analizar estos informes, importadores y otros eslabones de la cadena pueden identificar riesgos y oportunidades, tomar medidas para mitigarlos y trabajar junto a sus proveedores para mejorar el desempeño.
Paralelamente, los criterios ESG se consolidan como el nuevo "idioma" del mercado, facilitando la comunicación entre bodegas, instituciones financieras, fondos de inversión y grandes distribuidores. Estos actores demandan métricas concretas sobre huella de carbono, riesgos climáticos, seguridad y salud laboral, diversidad e inclusión, así como sobre la calidad del gobierno corporativo. La adopción de criterios ESG permite una evaluación más completa y transparente del desempeño empresarial, más allá de los tradicionales indicadores financieros.
En el sector vitivinícola se observa una convergencia entre certificaciones ya existentes (orgánicas, biodinámicas, sustentables) y la elaboración de informes ESG, con el objetivo de respaldar narrativas de sostenibilidad sólidas y creíbles ante consumidores y socios comerciales. Las bodegas empiezan a asumir que la mera acumulación de sellos no alcanza: necesitan comunicar su compromiso mediante datos y métricas verificables, integrados en marcos de reporte reconocidos internacionalmente.
El turismo del vino también se ve impactado por esta agenda. Operadores turísticos y plataformas digitales comienzan a priorizar destinos y experiencias que acrediten una gestión ESG clara y trazable. En este escenario, bodegas y regiones vitivinícolas que adopten prácticas sostenibles y las comuniquen con rigor ganan ventaja competitiva en el mercado turístico. La transparencia y la responsabilidad en la gestión ambiental, social y de gobernanza se consolidan así como factores clave para atraer a un turismo más consciente y exigente.
Estos estándares se articulan estrechamente con el Pacto Verde Europeo, que funciona como la estrategia de crecimiento y hoja de ruta de la Unión Europea para transformar su economía y alcanzar la neutralidad climática en 2050. El Green Deal integra un amplio paquete de iniciativas orientadas a reducir emisiones de gases de efecto invernadero, impulsar la energía renovable, proteger y restaurar la biodiversidad y acelerar la transición hacia una economía circular, desacoplando el crecimiento del uso intensivo de recursos.
Las cláusulas de sostenibilidad del acuerdo UE–Mercosur se inscriben precisamente en este marco, reforzando expectativas sobre trazabilidad, respeto ambiental y estándares laborales en las cadenas agroalimentarias, incluido el vino.
Trabajar con estándares como GRI y marcos ESG ya no es una opción accesoria, sino una inversión estratégica para cualquier bodega o destino vitivinícola que busque sostener y ampliar su presencia en el mercado europeo. Su adopción permite anticiparse a las nuevas exigencias regulatorias del Pacto Verde Europeo y del acuerdo UE–Mercosur, fortalecer la reputación, mejorar la gestión de riesgos y demostrar, con datos comparables y verificables, un compromiso real con una transición baja en carbono, justa y regenerativa.
Fuentes consultadas: https://agriculture.ec.europa.eu / https://www.internationalwinechallenge.com / https://www.vinetur.com / https://www.bywine.com.ar/noticias
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