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La industria vitivinícola, con sus tradiciones arraigadas y sus prácticas en evolución, se enfrenta a una lucha continua contra diversas enfermedades, una de las cuales es la podredumbre negra. Esta enfermedad fúngica, presente sobre todo en los viñedos, supone una amenaza importante para la calidad y el rendimiento de la uva. Originaria de Norteamérica, la podredumbre negra hizo su primera aparición documentada en Francia en 1885 y, desde entonces, ha sido un reto recurrente en el cultivo de la vid.
A principios del siglo XX, la podredumbre negra causó daños considerables, sobre todo en el suroeste de Francia. Durante un tiempo, su impacto se atenuó mediante tratamientos antimoho a base de cobre. Sin embargo, la enfermedad ha resurgido periódicamente, mostrando una virulencia particular y una rápida propagación, especialmente cerca de viñedos abandonados.
La podredumbre negra afecta exclusivamente a las partes verdes de la vid, como hojas, peciolos, zarcillos, sarmientos y racimos. La enfermedad se manifiesta en varias fases:
Es esencial diferenciar la podredumbre negra del mildiu en las uvas, ya que las manchas de la primera son redondas y se producen en el lado de la baya, mientras que el mildiu comienza en el pedicelo y se irradia hacia el exterior sin picnidios.
Causada por el hongo microscópico Guignardia bidwellii, la podredumbre negra sobrevive al invierno en órganos resistentes llamados peritecios en restos de uva y podas. Estos peritecios producen ascosporas, que dan lugar a invasiones primarias. Estas esporas, esparcidas por la lluvia sobre las hojas jóvenes, se incuban durante 8-20 días antes de convertirse en picnidios. Las picnidiosporas formadas en el interior de los picnidios provocan infecciones secundarias. El material mucilaginoso que rodea estas esporas requiere la disolución por la lluvia para su dispersión.
La podredumbre negra prospera con agua líquida para la maduración, propagación y germinación de las esporas. El hongo se vuelve activo a temperaturas en torno a los 9°C, con una rápida progresión a los 15°C. La enfermedad favorece las regiones con climas cálidos y lluviosos y tiende a localizarse debido a sus requisitos de humedad y temperatura.

El resurgimiento de la podredumbre negra se atribuye a cambios en las técnicas de cultivo, al abandono de los viñedos y a la selección de productos antimildiu ineficaces o mal programados.
La lucha contra la podredumbre negra requiere un enfoque polifacético que combine la vigilancia, las prácticas culturales y la aplicación juiciosa de productos químicos. A medida que evoluciona la viticultura, también deben hacerlo nuestras estrategias para salvaguardar la salud y la productividad de nuestros viñedos frente a este persistente adversario fúngico.
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