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La nariz humana es un detector sin igual de las sutilezas de los aromas, y cuando se trata del vino, los sentidos olfativos desempeñan un papel crucial. La experiencia aromática puede suponer hasta el 80% del placer derivado de descorchar una botella. Sin embargo, esta experiencia también puede volverse amarga si se topa con aromas no deseados, olores que a menudo alteran las cualidades inherentes del vino e incluso pueden hacer que no se pueda beber. Este artículo pretende ofrecer un análisis en profundidad de los diez aromas clave que señalan un vino defectuoso.
Cuando se describe una agradable nota verde en el vino, se puede utilizar el término "herbáceo". Sin embargo, un exceso de esta nota verde -denominada "herbácea"- suele ser señal de un problema en el proceso de producción. Puede deberse a la trituración, el despalillado o el prensado de la uva o el racimo, que ha provocado la inclusión de hojas y tallos inmaduros. Prevenir estas inclusiones durante la vendimia es esencial para evitar esta cualidad aromática no deseada.
El Brett, o Brettanomyces, es un elemento controvertido en el ámbito de los aromas del vino. En pequeñas cantidades, algunos consideran que añade complejidad al vino. Sin embargo, cuando es excesivo, produce un olor a moho, humedad o suciedad, a menudo debido a la falta de higiene en la bodega. Un exceso de Brett también aumenta los niveles de ácido acético, lo que hace que el vino resulte desagradablemente ácido.
Un aroma acre parecido al de las almendras amargas podría indicar que el vino ha entrado en contacto con el aire tras el trasiego, el embotellado o el bombeo. Este olor puede considerarse una señal de alarma, indicando que el vino probablemente se ha oxidado durante su movimiento dentro de la bodega.
Uno de los defectos más frecuentes, el olor a corcho puede afectar incluso a los vinos de las bodegas más prestigiosas. Caracterizado por un corcho mohoso y húmedo, o por olores a madera y papel mohoso, este defecto se origina a partir de moléculas cloradas que se encuentran en diversos elementos de la bodega, como el corcho, el cartón y las barricas de madera. Aunque a menudo se asocia con el TCA (tricloroanisol), el olor a corcho puede proceder de diversas fuentes.
Provocado por la presencia de acetato de etilo, este defecto hace que un vino huela a disolvente o barniz. Este compuesto es el resultado de la reacción del ácido acético con el etanol. Así, niveles más altos de ácido acético aumentan la probabilidad de formación de acetato de etilo, un problema algo mitigado por niveles más altos de alcohol, azúcares residuales y menor acidez.
Un olor parecido al de los huevos podridos, u otros olores como a goma, cebolla o queso, pertenece a la categoría de los tioles defectuosos. Suelen surgir por el uso excesivo de dióxido de azufre en la elaboración del vino, utilizado habitualmente como conservante.
Mientras que en algunos vinos, como los Chardonnay del Viejo Mundo, puede esperarse un aroma a manzana fresca, un olor a manzana envejecida es un signo revelador de oxidación y resulta inaceptable.
Especialmente frecuente en los vinos dulces, el olor a geranio puede indicar el ataque de las bacterias lácticas al ácido sórbico, utilizado para evitar la refermentación. Inicialmente sutil, este aroma puede evolucionar hacia un olor putrefacto si no se controla.
También conocido como "olor a vinagre", este defecto se produce por un exceso de ácido acético, generalmente cuando los vinos están mal cerrados o expuestos al aire. Una de las principales causas es la falta de higiene en la bodega.
A veces confundido con las notas terrosas de algunos vinos elegantes de Borgoña, el olor a humedad y a tierra suele ser el resultado de la producción de vino en condiciones excesivamente húmedas o lluviosas.
Saber qué olfatear puede marcar la diferencia entre una experiencia vinícola exquisita y otra lamentable. Comprender estos diez aromas indeseables proporciona un arsenal de conocimientos a cualquier aficionado al vino, contribuyendo a que disfrute del mundo del vino con mayor conocimiento de causa.
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