“La Covid-19 afectó principalmente a las pequeñas bodegas, que ahora tienen más dificultades para comercializar sus productos”

Isabel Blanco

Jueves 04 de Marzo de 2021

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Sarah Jane Evans es copresidenta de Decanter World Wine Awards y es ex presidenta del Institute of Masters of Wine. Su destacada trayectoria la ha llevado a alzarse con el premio Robert Mondavi Winery Award y como consultora es una reconocida especialista en vino español.

La Master of Wine y reputada periodista de  vinos profundiza, desde su casa en Reino Unido en una conversación a través de Zoom,  en cómo la la pandemia de la Covid-19 está afectando al sector del vino. Con ella también descubrimos los efectos más inmediatos del Brexit con el foco puesto en los consumidores.

Desde su perspectiva, ¿cómo ha afectado el coronavirus al sector del vino?

El principal problema es que se ha cortado el networking, que es una de las claves del mundo del vino, ya que las relaciones son imprescindibles para la puesta en marcha de nuevos proyectos. El hecho de que no se pueda viajar es un gran problema en mi trabajo, y más todavía si tenemos en cuenta que en Reino Unido el Brexit nos obliga a pagar más impuestos para recibir botellas de vino que tenemos que catar desde casa ahora que no podemos visitar otros países. De hecho, tenemos que buscar la forma de poder recibir estos ejemplares sin incrementar tanto el precio.

En mi opinión, la Covid-19 ha afectado, sobre todo, a los negocios pequeños y medianos porque ahora es mucho más difícil para ellos abrir horizontes y empezar a comercializar sus productos en el mercado exterior. A esto además hay que sumar que han perdido su principal vía de venta, la hostelería y los sumilleres. Durante los confinamientos hemos visto como la sociedad ha empezado a comprar vino en el supermercado, lo que de nuevo ha favorecido a las grandes marcas, al igual que las ventas online que en un primer momento puede perjudicar a las marcas menos conocidas.

¿Las bodegas han sabido reaccionar bien a esta situación o, en general, han tenido problemas con la gestión de nuevas herramientas para afrontar la crisis derivada de la pandemia?

La realidad es que las bodegas que tenían departamento de comunicación han sabido responder mejor a esta situación. Si bien, tienen que atender demandas diferentes de consumidores, del mercado internacional, de los periodistas... En España, por ejemplo, me ha llamado la atención la cantidad de eventos que se han realizado a través de Instagram, para mí ha sido muy interesante, ya que a pesar de ser un poco rústico tuvo mucha personalidad. Sin duda, la Covid-19 ha conseguido que las nuevas plataformas digitales como Zoom se instalen de forma definitiva en nuestro día a día, lo cual nos conduce a un modelo más democrático en el que los bodegueros de las zonas más recónditas pueden ahora acceder a mantener contactos internacionales.

Sin duda, hay empresas en el sector vitivinícola que ha demostrado imaginación y que han trabajado muy bien todos estos cambios.

Una de las grandes preocupaciones del sector vitivinícola reside en el Brexit, dada la importancia de Reino Unido como país al que exportan las bodegas españolas. ¿Cuáles son las consecuencias más inmediatas?

Considero que los ingleses tienen un gran interés en los vinos españoles, y eso no va a cambiar porque los productos vitivinícolas españoles ofrecen sabores muy originales e individuales. Simplemente, tendremos que pagar más para poder consumir vino europeo... Los primeros meses van a ser complicados, pero quizás encontremos la forma de trabajar estas relaciones comerciales. Probablemente, otra de las consecuencias del Brexit sea la reducción de la gama de vinos a los que vamos a poder acceder, puesto que si el precio por botella es mayor, las empresas pequeñas tendrán más complicaciones para poder comercializar. De cualquier forma, quiero ser optimista, por lo que confío en que sepamos reinventarnos.

¿Cuál es la relación del sector del vino con la generación millenials?

Hace dos años hablar del vino en lata era algo ridículo, ahora sin embargo se está empezando a ver como una innovación positiva y de repente ha surgido un gran interés por los vinos con poco alcohol... Son pequeños cambios que apuntan nuevas tendencias y nuevos estilos y formas de llegar al consumidor. Sin embargo, el problema con los millenials es que hay un elevado porcentaje de personas que no beben alcohol y que no quieren introducirse en su consumo, por lo que el reto del sector del vino en este sentido tiene que ser integrar la cultura vitivinícola con la gastronomía para que el mercado no descienda tan drásticamente en unos años. Para conseguirlo, desde las distintas compañías y organizaciones tendrán que buscar nuevas vías de comunicación que faciliten el acceso de los millenials al vino. Actualmente, se puede observar que el vino transmite una imagen de sector complicado en el que es difícil aprender. Por ejemplo, en mi caso cuando realizo explicaciones para Decanter utilizo un vocabulario técnico porque me dirijo a un mercado senior, pero cuando escribo en la revista 'Good Food' de la BBC utilizo palabras sencillas y aúno conceptos conocidos por todos para dar frescura y atraer a todos los públicos. Disfrutar del vino debería ser algo sencillo y accesible para todos.

En tendencias de consumo, ¿hasta qué punto el consumidor valora, hoy por hoy, que un vino se elaboré de forma sostenible?

Probablemente hasta hoy no interesaba demasiado en general, más allá de Alemania, Suecia o el centro de Europa donde si preocupaban ya estas cuestiones. En Reino Unido la mujer el primer ministro está muy concienciada en estos temas, por lo que hay un gran interés, y en EEUU Biden también reconducirá la normativa a favor de la sostenibilidad. Es cierto que en Inglaterra el consumidor se preocupa mucho por comprar barato, pero ahora mismo está cambiando esta mentalidad y cada vez priman más los valores de protección del medio ambiente. Por su parte, los agricultores y productores también se esfuerzan cada día más por cuidar su medio de vida y eso supone un empuje.

¿Qué trascendencia tienen en la decisión final de consumidor los premios y galardones que se entregan en los concursos de vino?

Lo que habitualmente se comenta es que lo prioritario en los vinos que cuestan menos de cinco euros es el propio vino, en los que cuestan entre cinco y veinte euros influye la recomendación de un amigo y en vinos que cuestan más de 25 euros es importante la cata y los premios recibidos. En mi opinión, como copresidenta de la cata más grande del mundo, la cata a ciegas es realmente muy importante por todo lo que revela, ya que lo probamos sin saber qué es, de qué país o región proviene o cuál es la añada o la variedad. La información que se ofrece al consumidor es, por ello, muy valiosa. También considero importante la cata en la que conozco la botella y puedo explicar su historia, conocer el ambiente en el que se desarrolló o como se ha gestado el negocio. Si bien, es cierto que el consumidor también tiene que catar, probar y formar su propia opinión porque cada crítico tenemos nuestras preferencias, más allá de que nuestra experiencia nos avale.

En materia de maridajes, ¿hay propuestas más creativas en la actualidad?

El maridaje es realmente muy importante por la relación del vino y la gastronomía, lo es ya no sólo en catas, degustaciones o eventos sino también en nuestras propias casas. Saber maridar nuestros vinos cuando, por ejemplo, tenemos invitados puede marcar la diferencia. Si vamos a tomar un queso azul y lo maridamos con un vino dulce, los sabores pueden cambiar totalmente. Por ello, considero imprescindible que los sumilleres puedan hacerte recomendaciones en función del plato que has pedido para mejorar la experiencia de los clientes con el mundo del vino.

Como especialista y amante del vino español, ¿cuáles son, en su opinión, los matices más interesantes de este producto?

España tiene mar casi por todas partes, al igual que tiene montañas, por lo que atesora muchas influencias diferentes y además su clima es idóneo para la elaboración de vino y la cultivación de uva. Al mismo tiempo, es un país con un sentimiento regional muy destacable porque cada comunidad abandera una cultura y gastronomía diferentes. En definitiva, es muy especial. En materia de viticultura es cierto que la dictadura la hizo estar cerrada al mundo y eso conlleva un atraso, pero desde su entrada en el panorama internacional moderno ha realizado cambios con rapidez. Ahora mismo, más allá de la crisis de la Covid-19, las posibilidades de futuro del vino español son fabulosas porque hay un gran interés en los vinos que se hacen en este país.

Uno de los aspectos más interesantes de España es que probablemente sea el país europeo que tiene más viñedos ecológicos, y eso es un punto fuerte de cara al futuro porque cuando se habla de vino la sostenibilidad es cada vez más importante.

Isabel Blanco
Licenciada en Periodismo. Máster en Dirección de Comunicación Corporativa.
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