El frenazo del whisky escocés golpea a agricultores y malteros

La demanda de malta cae en 300.000 toneladas ante una cosecha peor y menos siembras de cebada

martes 20 de octubre de 2026

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El frenazo de la producción de whisky escocés está pasando factura a dos eslabones básicos de su cadena de suministro: los agricultores que siembran cebada y los malteros que la transforman. La menor actividad de las destilerías ha restado alrededor de 300.000 toneladas a la demanda de malta, en un momento en el que el campo británico arrastra además una mala cosecha por la sequía y el calor. Para el sector de las bebidas, la situación importa porque una pérdida de superficie de cultivo y de capacidad de malteado puede elevar el coste de la materia prima y dificultar una reacción rápida cuando el mercado del whisky vuelva a pedir más volumen.

El verano de 2026, el más caluroso registrado en Reino Unido, dejó un impacto claro en la franja cerealista de la costa este que abastece a la industria del whisky. En East Anglia, los agricultores pasaron dos meses sin lluvias relevantes y los rendimientos cayeron. Más al norte, las condiciones fueron algo menos duras, pero Escocia vivió su sexto verano más cálido desde que hay registros. El resultado fue una cosecha más corta, sobre todo en la cebada de primavera, que aporta cerca de cuatro quintas partes del grano con calidad apta para malteado.

La Agriculture and Horticulture Development Board (AHDB) calcula que los rendimientos quedaron un 17% por debajo de la media de los últimos cinco años. Anthony Hopkins, director de cereales y oleaginosas del organismo, afirma que esta ha sido la segunda, y en algunos casos la tercera, campaña difícil seguida. A su juicio, la situación pesa más en las zonas que han sufrido peor la sequía, justo cuando los agricultores ya trabajan con unos gastos de producción altos.

A la caída de la cosecha se suma un problema de rentabilidad. La baja remuneración de la cebada maltera ha llevado a muchos productores a reducir siembras. La AHDB sitúa en 930.000 hectáreas la superficie de cebada para la cosecha de 2026, un 12% menos que en 2025 y el nivel más bajo en 16 años. En Escocia, la superficie bajó un 13%, hasta 258.000 hectáreas, el registro más bajo desde 1960.

El recorte llega después de una campaña anterior abundante. En 2025, los agricultores escoceses recogieron más de dos millones de toneladas, aunque una parte del grano fue rechazada por niveles altos de nitrógeno o por un calibrado insuficiente, parámetros que impiden cumplir las exigencias de las destilerías para elaborar malta.

“Estamos en una fase de fuerte caída. La producción de whisky ha bajado mucho y la demanda de malta se ha reducido en unas 300.000 toneladas”, señala Colin Johnston, director de ventas y marketing de Crisp Malt. Esa bajada ha presionado a los malteros. Uno de ellos, en Pencaitland, en East Lothian, cerró en 2026, y otros han dejado en pausa sus planes de inversión hasta que el mercado del whisky escocés vuelva a mejorar.

Johnston explica que, a medida que el parón de producción se aceleró en 2025 y 2026, los malteros se quedaron con contratos por encima de sus necesidades reales. Compraron más grano del que luego podían colocar y acumularon existencias. En ese escenario, una cosecha corta en 2026 ha servido al menos para aliviar parte del exceso almacenado.

El mercado, además, no depende solo del tiempo. Johnston recuerda que en agosto y septiembre subieron los precios del grano para malteado por la guerra entre Rusia y Ucrania y el cierre efectivo del transporte marítimo por el mar Negro. En cambio, el bloqueo del estrecho de Ormuz no tuvo efecto sobre el suministro de cereales en Europa.

Pese al ajuste de producción, hay señales de mejora en la salida comercial del whisky. La Food and Drink Federation informó de que las exportaciones británicas de whisky aumentaron un 5,8% en volumen durante el primer semestre de 2026. En valor, el alza fue del 2,2%, hasta 2.500 millones de libras. Aun así, la mejoría no se traduce de forma inmediata en más compras de cebada o malta. Las destilerías siguen trabajando con un volumen alto de existencias y necesitan tiempo para vaciar almacenes antes de recuperar niveles de compra más normales.

“La industria tiene mucho stock y tardará bastante en absorberlo. El mercado seguirá deprimido durante un tiempo”, advierte Johnston, que evita poner fecha al cambio de ciclo. Esa incertidumbre abre otra cuestión de fondo: si los agricultores británicos seguirán apostando por la cebada o dedicarán más tierra a otros cultivos.

En Inglaterra y otras zonas al sur de la frontera escocesa, el calentamiento del clima abre más alternativas agronómicas y hay más acceso a programas medioambientales. En Escocia, el margen para cambiar de cultivo es menor, lo que deja a muchos productores más expuestos a unos precios bajos. A la vez, una recuperación rápida de la demanda de whisky, favorecida por el pacto comercial entre Reino Unido e India, podría cambiar de golpe el equilibrio y elevar los precios de la cebada justo cuando parte del campo ya se haya alejado de ese cultivo.

Johnston sostiene que el sector necesita mantener atractiva la siembra de cebada. En su análisis, la desaparición de las ayudas europeas supuso un golpe para los productores británicos, mientras que el grano continental se produce con unos gastos energéticos más bajos. También apunta a otra presión adicional: las destilerías piden al campo reducir emisiones y mejorar la eficiencia en el uso de fertilizantes, que dependen de combustibles fósiles.

Por eso, malteros y agricultores están trabajando en prácticas como la agricultura regenerativa, el uso de cubiertas vegetales como alternativa parcial a los fertilizantes convencionales, el seguimiento de la eficiencia del nitrógeno y la aplicación precisa de insumos solo donde el cultivo lo necesita. Las empresas del sector intentan adaptar esas medidas a cada zona y a cada tipo de suelo.

El movimiento no se limita a Reino Unido. En Canadá, agricultores y empresas apoyan ensayos con variedades de cebada más productivas y resistentes, como Churchill. En Estados Unidos, Constellation Brands ha comprometido 100 millones de dólares adicionales durante los próximos cinco años para apoyar a agricultores de Idaho, Montana y Dakota del Norte y reforzar su cadena de suministro. En Reino Unido, la discusión pasa por quién asume la factura del cambio. Johnston defiende que el coste de esa transición debe repartirse a lo largo de toda la cadena y no puede recaer solo sobre los agricultores.

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