El vino sudafricano reclama más financiación para llevar la investigación al viñedo

El sector pide mejor coordinación e implicación directa de los productores para aplicar los avances en viñedo y bodega

domingo 11 de octubre de 2026

Compártelo

Leído › 347 veces

El vino sudafricano reclama más financiación para llevar la investigación al viñedo

La industria del vino de Sudáfrica obtiene resultados de investigación con menos recursos que otros países productores, pero varios investigadores y responsables sectoriales consideran que ese modelo necesita más financiación, una mejor coordinación y una participación más directa de los productores para que los avances científicos se conviertan en cambios reales en el viñedo y en la bodega. Esa fue la idea central de un debate organizado por South Africa Wine en un acto sobre investigación, desarrollo e innovación celebrado cerca de Paarl, en la provincia de Western Cape.

Albert Strever, profesor del Departamento de Viticultura y Enología de la Universidad de Stellenbosch, afirmó que los equipos sudafricanos logran una producción científica y formativa de alto nivel pese a trabajar con financiación y capacidad limitadas. Comparó la situación local con la de instituciones de Australia, California y Francia, que cuentan con recursos mucho mayores, y sostuvo que Sudáfrica sigue aportando investigación útil, innovación y formación de posgrado.

Erhard Wolf, presidente del panel y antiguo directivo del sector, añadió que investigadores sudafricanos están siendo captados por entidades de otros países. A su juicio, retener ese talento es una cuestión relevante para la industria, aunque también considera que el interés exterior confirma el nivel técnico que existe en el país.

La diferencia de recursos quedó ilustrada con un ejemplo concreto. Pierre van Rensburg, responsable internacional de tecnología del vino en AB Mauri, citó un proyecto australiano de tres años para mejorar la calidad de los vinos de baja y nula graduación que recibió 6 millones de dólares australianos, unos 66 millones de rand. Explicó que Australia se apoya en varias vías de financiación: gravámenes del sector, un fondo específico para investigación del vino y programas públicos de apoyo científico. Ese esquema, señaló, permite financiar trabajos que no dependen solo de los recursos recaudados por la propia actividad.

La discusión tiene interés directo para el negocio de las bebidas porque parte de esa I+D afecta a cuestiones con efecto comercial claro: desde el uso del agua en el viñedo hasta la mejora de vinos de baja o nula graduación, una categoría que puede ganar peso en bodegas que buscan ampliar su oferta y adaptarse a nuevos hábitos de consumo.

Van Rensburg también diferenció entre producción académica y utilidad práctica. Afirmó que Europa lidera en publicaciones científicas y formación de posgrado, mientras que Australia obtiene muy buenos resultados en retorno de la inversión y en aplicación de la investigación dentro de la industria del vino. Al mismo tiempo, avisó de que la propia capacidad australiana está bajo presión. Los cambios en las prioridades de financiación de Wine Australia, dijo, ya han contribuido a recortes de plantilla en el Australian Wine Research Institute, lo que abre dudas sobre su margen para mantener ese rendimiento.

Para Sudáfrica, Strever planteó que hace falta ampliar las fuentes de financiación. Entre las opciones citó el apoyo a proyectos capaces de convertirse en empresas viables. El capital riesgo puede ser una de esas vías, aunque acceder a él en el mercado sudafricano sigue siendo difícil. Por eso, a su juicio, ayudar a las empresas jóvenes a desarrollarse forma parte del apoyo necesario a la innovación.

La selección de temas de trabajo fue otro de los puntos tratados. Etienne Terblanche, responsable del servicio de consultoría de Vinpro, explicó que las convocatorias de investigación de South Africa Wine se elaboran con aportaciones de actores del sector y de sus comités. Los investigadores presentan primero propuestas breves y, si superan esa fase, pasan a una solicitud completa. Ese sistema, afirmó, deja espacio a ideas nuevas y, al mismo tiempo, permite valorar si tienen utilidad para la industria.

Eduard Hoffman, investigador y profesor ya retirado, repasó cómo ha cambiado ese proceso con los años. Recordó que antes las prioridades se definían a partir de las opiniones de productores recogidas en jornadas informativas y de las aportaciones de asesores del sector, mientras que buena parte del trabajo recaía en el Consejo de Investigación Agrícola. A medida que la capacidad de ese organismo fue reduciéndose, más proyectos pasaron a las universidades y los propios investigadores empezaron a llevar sus propuestas.

Hoffman señaló que la introducción de grandes proyectos coordinados, diseñados a partir de la planificación estratégica y de la opinión del sector, ha servido para reunir a especialistas de distintas disciplinas. Ese enfoque, dijo, ya ha dado resultados útiles, entre ellos nuevas formas de gestionar el agua. A partir de esa experiencia, el panel debatió la conveniencia de concentrar la pericia disponible en dos o tres programas de gran tamaño, con varios equipos trabajando sobre un mismo problema desde ángulos distintos. Van Rensburg se mostró a favor de reforzar esa fórmula.

Los participantes también hablaron de las líneas de trabajo que más atención requieren. Strever subrayó que los programas ya en marcha están respondiendo a cuestiones como la disponibilidad de agua y la resistencia al cambio climático. Sandra Lamprecht puso el foco en las enfermedades del suelo, un campo que, a su juicio, necesita más investigación dentro del interés que está despertando la salud del suelo. También señaló que el cambio climático está alterando el comportamiento de enfermedades de las plantas y que conviene entender mejor esa evolución.

La parte final del debate se centró en cómo llevar la investigación al campo. Marko Roux, consultor privado de viñedo, defendió que los productores participen durante todo el proceso, desde la formulación y validación de una idea hasta la aplicación de los resultados. Considera que esa implicación mejora la probabilidad de que el conocimiento se adopte de verdad. Añadió además que la información debe presentarse de una manera adaptada a quien la recibe, porque un productor de 25 años y otro de 66 no incorporan del mismo modo los nuevos contenidos.

Hoffman volvió sobre el caso del agua para explicar el problema de la transferencia práctica. Afirmó que existe investigación que muestra cómo usar menos agua sin perder de vista las necesidades del viñedo, pero que algunos productores siguen aplicando pautas de riego ya asentadas porque así se lo recomiendan sus asesores. Criticó la costumbre de dejar el problema en manos del consultor y cambiar de asesor cuando la solución no funciona como se esperaba. En su opinión, los agricultores deben utilizar sensores, datos y otras herramientas disponibles para comprender mejor lo que ocurre en sus fincas, participar de forma activa en la evaluación de los problemas y decidir por sí mismos qué medidas adoptar.

Wolf cerró la sesión con un llamamiento a apoyar a los investigadores emergentes y a mantener una actitud abierta hacia sus ideas, combinando esa aportación con la experiencia de los especialistas con más recorrido en el sector.

¿Te gustó el artículo? Compártelo

Leído › 347 veces

Cookies

Utilizamos cookies y otras tecnologías para que el sitio funcione, analizar su uso y ofrecer contenidos externos. Puedes aceptar, rechazar o configurar las cookies opcionales.

Política de cookies