Rioja alcanza los 358 millones de kilos de uva con una cosecha que refuerza el futuro de sus blancos

El fuerte aumento de la uva blanca da margen a una categoría con oferta corta

jueves 15 de octubre de 2026

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Rioja recoge 358 millones de kilos en una cosecha mayor que las dos anteriores

El Consejo Regulador de la DOCa Rioja informó este jueves, 15 de octubre, de que la vendimia de 2026 ha dejado una cosecha más amplia que las dos anteriores, con alrededor de 358 millones de kilos de uva recogidos a comienzos de octubre. La campaña ha estado marcada por un inicio muy temprano, un ciclo vegetativo adelantado y episodios de calor intenso, aunque las uvas llegaron a bodega en un estado sanitario muy bueno, sin enfermedades ni podredumbres de relieve.

De ese volumen total, cerca de 315 millones de kilos corresponden a uva tinta y algo más de 43 millones a uva blanca. Este último dato tiene un peso especial para la denominación, que llevaba varias campañas con una oferta corta para atender la demanda de sus blancos. En 2025 la recogida de uva blanca rondó los 34 millones de kilos, por lo que el salto de este año permite a Rioja contar con más materia prima para una categoría que ha ganado espacio en el mercado.

La DOCa atribuye el adelanto de la campaña a un ciclo vegetativo que avanzó, de media, unos 12 días sobre el calendario habitual. Las lluvias se concentraron sobre todo al comienzo del desarrollo de la viña. Después, el calor y el estrés hídrico marcaron buena parte del verano. El efecto no fue igual en todos los viñedos: la disponibilidad de agua, la altitud, el tipo de suelo, los microclimas y las variedades hicieron que unas parcelas resistieran mejor que otras y que los rendimientos fueran distintos según la zona.

Las altas temperaturas aceleraron la maduración y obligaron a afinar mucho el momento de corte. En algunas explotaciones se recurrió a la vendimia nocturna para que la uva llegara más fría a la bodega. La recogida pudo completarse en su mayor parte el 22 de septiembre, una fecha temprana para Rioja. Esa rapidez en la entrada de la uva y el buen estado sanitario de los racimos son dos de los elementos que el Consejo Regulador considera más favorables de la campaña.

La segunda mitad de septiembre trajo un descenso térmico y noches más frescas. Ese cambio ayudó, sobre todo, a las uvas tintas que se recogieron más tarde. El Consejo Regulador observa en esas primeras elaboraciones un color más intenso, una madurez fenólica más equilibrada y buenos niveles de polifenoles y antocianos. Son parámetros que suelen tener relación con la estructura y la capacidad de guarda de los vinos tintos, aunque la valoración final dependerá de la evolución de los vinos en bodega.

En los primeros vinos elaborados, la directora técnica del Consejo Regulador, Alejandra Rubio, aprecia frescura y buena acidez tanto en blancos como en tintos. Para Rioja, esa combinación encaja con una parte de la demanda actual, que busca vinos más ligeros en boca y con mayor tensión. La denominación añade que el mayor volumen de cosecha también abre la puerta a producir más vinos jóvenes pensados para un consumo temprano, algo que había quedado más limitado tras dos vendimias cortas.

La campaña de 2026 ha servido además para aplicar por primera vez dos cambios de calado en la gestión de la denominación. El primero es la entrada en funcionamiento del “Portal del Viticultor”, una herramienta digital desde la que los productores han podido consultar estimaciones individuales de rendimiento por parcela, recibir información actualizada durante la vendimia y tramitar solicitudes de riego. El Consejo Regulador presenta este sistema como un canal directo para ordenar mejor la información en momentos en los que las decisiones deben tomarse con rapidez.

El segundo cambio afecta a los vinos con menor graduación alcohólica. La ampliación del pliego aprobada en 2025 se ha incorporado ya a las normas de esta vendimia. A partir de ahora, Rioja podrá elaborar vinos tintos, blancos y rosados con hasta 1,5 puntos porcentuales menos de alcohol, y espumosos con hasta un punto menos. Para hacerlo posible, en la uva blanca se ha rebajado el grado alcohólico potencial mínimo exigido, que pasa de 10,5% vol. a 9% vol. En la uva tinta se mantiene en 11% vol.

La denominación vincula este ajuste con dos factores. Por un lado, la necesidad de adaptar parte de la producción a un mercado que reclama perfiles más ligeros. Por otro, la conveniencia de tener margen técnico en campañas en las que el calor acelera la maduración de la uva. En zonas cálidas, la acumulación de azúcares puede elevar con rapidez la graduación final de los vinos, de modo que cualquier modificación del pliego tiene efecto directo en la forma de vendimiar y elaborar.

A esa revisión normativa se suma el llamado Plan de Equilibrio, aprobado en primavera para ordenar la producción comercializable como DOCa Rioja. En uva tinta, el Consejo Regulador fijó en el 90% del rendimiento máximo autorizado la cantidad que podrá ampararse bajo la denominación, con un tope de 5.850 kilos por hectárea. En uva blanca se mantiene el límite ordinario de 9.000 kilos por hectárea. La intención, en palabras del organismo, es ajustar la oferta, preservar la calidad y evitar desajustes entre producción y ventas.

La evolución de los blancos explica parte de esa política. Rioja llevaba años viendo cómo la demanda superaba en algunos momentos la disponibilidad de vino blanco amparado por la denominación. El aumento de la uva blanca en 2026 puede aliviar esa tensión y dar más margen a las bodegas, tanto en vinos jóvenes como en elaboraciones con mayor crianza. También reduce la dependencia de campañas con rendimientos cortos, que complican la planificación comercial y la continuidad en determinados mercados.

Rioja agrupa, según los datos del Consejo Regulador, a más de 600 bodegas y unos 14.000 viticultores. La denominación celebró en 2025 su centenario y sigue siendo la referencia española con mayor peso en exportación. En una campaña como la de 2026, marcada por el calor y el adelanto de la vendimia, la combinación entre diversidad de zonas, ajustes normativos y herramientas digitales ha pasado a tener un papel más visible en la gestión diaria de las explotaciones y de las bodegas.

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