La vendimia francesa repunta más de lo previsto tras la mejora del sur del país

El nuevo cálculo sitúa la cosecha un 3% por encima de la anterior, aunque sigue 10% bajo la media reciente

sábado 7 de noviembre de 2026

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La vendimia francesa repunta más de lo previsto tras la mejora del sur del país

La vendimia de 2026 en Francia será mejor de lo que se preveía hace unas semanas. El Ministerio de Agricultura francés, a través de su servicio estadístico Agreste, situó el pasado 1 de noviembre la producción en 36,7 millones de hectolitros y corrigió al alza su cálculo de octubre. Con esa revisión, la cosecha quedaría un 3% por encima de la de 2025, que fue la más baja desde 1957.

La mejora no borra el retroceso de fondo. Agreste calcula que la producción de este año seguirá un 10% por debajo de la media de 2021 a 2025. El ajuste al alza se apoya, sobre todo, en rendimientos mejores de los previstos en Languedoc-Rosellón y Charentes, además de Champaña y el sureste del país.

El nuevo balance dibuja una Francia del vino partida en dos. Las zonas del norte han sufrido con más fuerza la sequía y varias olas de calor durante el verano de 2026. En Borgoña y Beaujolais, la producción cae un 22% respecto a 2025. En el caso del pinot noir de Borgoña, las pérdidas superan el 50%. En Alsacia, la cosecha quedaría un 6% por debajo de la del año pasado, que ya fue corta.

Champaña mejora algo sus previsiones iniciales, pero sigue muy lejos de un año normal. La estimación revisada deja la producción un 38% por debajo de la de 2025 y un 36% por debajo de la media de los cinco años anteriores.

El sur, en cambio, ha cambiado el signo de la campaña. En Languedoc-Rosellón, pese a la reducción de la superficie cultivada, la producción aumentaría un 25% sobre el muy mal resultado de 2025 y quedaría un 6% por encima de la media quinquenal. En Burdeos el avance sería del 10% y en el sudoeste, del 15%, siempre en comparación con una cosecha de 2025 especialmente baja. El sureste también mejoraría un 7%, aunque con diferencias internas entre zonas.

Parte de esa recuperación se explica por el agua. Tras tres años de sequías muy duras en la mitad sur del país, las lluvias de finales de verano y las reservas acumuladas por las precipitaciones del invierno y la primavera han ayudado a la viña. A eso se suma, según representantes del sector, una mejor adaptación de las prácticas de cultivo a los episodios de calor.

El viticultor Gérard Bertrand dijo en octubre a AFP que 2026 había sido “un año que sienta bien, que devuelve la moral” en el Languedoc. En su explicación, el invierno dejó mucha agua en el suelo y, aunque el verano fue caluroso, las temperaturas no pasaron de los niveles a partir de los cuales la vid sufre con más intensidad. Bertrand añadió que la planta puede adaptarse a registros de entre 35 y 38 grados, pero lo tiene mucho peor cuando se superan los 40.

A finales de octubre, Jérôme Despey, viticultor del Hérault y presidente del consejo especializado del vino de FranceAgriMer, dijo también a AFP que las regiones del sur llevan años aplicando cambios en las técnicas de cultivo, en el control de la cubierta vegetal y en el uso del riego para proteger mejor la viña frente a las altas temperaturas. Entre esas prácticas, el propio sector cita el mantenimiento de una mayor cobertura de hojas para resguardar la uva.

Más allá del repunte de este año, la viticultura francesa arrastra una bajada de producción desde hace varios ejercicios. Agreste y los representantes del sector la relacionan con los problemas climáticos, la menor capacidad de gasto de los hogares, la pérdida de consumo de vino tinto y las tensiones comerciales con China y Estados Unidos.

Francia ocupa ahora el segundo puesto entre los productores mundiales de vino, por detrás de Italia, y además de la caída de rendimientos está reduciendo su superficie de viñedo. El Estado ha financiado tres planes de arranque en los últimos años para limitar la sobreproducción y apoyar los precios. El último, aún en marcha, afecta a 27.000 hectáreas y debería dejar la superficie vitícola francesa en 740.000 hectáreas, frente a casi 800.000 hace cinco años.

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