CRISPR abre la puerta a clones de Chardonnay resistentes al mildiu y al oídio

El estudio logra editar genes de susceptibilidad sin alterar la identidad varietal de la vid

Martes 07 de Julio de 2026

La edición genética ha permitido obtener clones de vid con resistencia al oídio y al mildiu a partir de variedades de Vitis vinifera, según un trabajo difundido por IVES OpenScience este martes, 7 de julio. La investigación se centra en Chardonnay y en microvides, y plantea una vía para reducir la dependencia de los tratamientos fitosanitarios en el viñedo sin alterar la identidad varietal y clonal de las plantas.

El estudio parte de un problema conocido en viticultura. La vid cultivada es muy sensible a varias enfermedades causadas por hongos y organismos similares a hongos. Entre ellas figuran el oídio y el mildiu, dos de las más extendidas y costosas para el viñedo por la frecuencia de los tratamientos que exigen para su control. Esa presión sanitaria obliga a usar una cantidad alta de pesticidas durante la campaña.

Los autores explican que en otros cultivos ya se ha probado con éxito una estrategia basada en inutilizar genes de la propia planta que favorecen la infección. En este caso, el trabajo se ha dirigido a genes de susceptibilidad concretos. Por un lado, la familia MLO, relacionada con la sensibilidad al oídio en vid. Por otro, DMR6, identificado en Arabidopsis thaliana como gen ligado a la susceptibilidad al mildiu, aunque su papel en la vid aún debía comprobarse.

Para ello, el equipo recurrió a la tecnología CRISPR/Cas9, una herramienta de edición genética que permite introducir cambios precisos en puntos concretos del ADN. Según el resumen publicado por IVES OpenScience, esta técnica ofrece la posibilidad de generar mutaciones de pérdida de función en genes concretos y mantener al mismo tiempo la identidad varietal y clonal, algo que no ocurre con los cruces tradicionales, donde se mezclan rasgos de dos progenitores.

El trabajo se llevó a cabo sobre callos embriogénicos de Chardonnay y de variedades microvine. Ese material vegetal fue transformado mediante Agrobacterium tumefaciens con vectores CRISPR/Cas9 diseñados para editar genes MLO y DMR6. Después, las plantas regeneradas in vitro a partir de esos callos fueron secuenciadas para comprobar si la edición se había producido en los lugares previstos del genoma.

El análisis confirmó la presencia de pequeñas inserciones y deleciones, así como polimorfismos de un solo nucleótido en las dianas seleccionadas. Esos cambios son los que permiten inactivar o alterar la función de los genes estudiados. A partir de ahí, el objetivo del trabajo es generar clones resistentes al oídio y al mildiu mediante esa modificación dirigida.

La investigación figura como resumen ampliado en IVES Conference Series dentro de GiESCO 2017 y está firmada por Lisa Giacomelli, Tieme Zeilmaker, Mickael Malnoy, Riccardo Velasco, Roberto Viola, Jeroen Rouppe Van Der Voort y Claudio Moser. Los autores pertenecen a la Fondazione Edmund Mach, en San Michele all’Adige, Italia, y a Scienza Biotechnologies, en Enkhuizen, Países Bajos.

El interés del estudio va más allá del laboratorio. Si esta resistencia genética se confirma en plantas listas para cultivo y mantiene un buen comportamiento agronómico, podría rebajar el número de aplicaciones fungicidas necesarias en viñedo. Para el sector del vino eso abriría la puerta a una producción con menos insumos fitosanitarios, una sanidad vegetal más estable y una posible mejora en la regularidad de la uva entre campañas.

También tendría efectos económicos para las bodegas y los viticultores. Menos tratamientos pueden traducirse en menor gasto operativo en campo y en una gestión más simple del viñedo en zonas con fuerte presión de oídio y mildiu. En regiones donde estas enfermedades condicionan buena parte del calendario agrícola, disponer de clones resistentes podría ayudar a proteger rendimiento y calidad con menos intervenciones.

Aun así, el trabajo presentado por IVES OpenScience describe una fase experimental basada en edición genética y verificación molecular de las plantas regeneradas. El texto no aporta datos agronómicos de campo ni resultados sobre producción, composición de la uva o comportamiento a largo plazo frente a infecciones naturales. Tampoco entra en cuestiones regulatorias sobre el uso comercial de este tipo de materiales vegetales.

Ese punto es relevante porque la aplicación práctica de clones editados depende no solo del éxito biológico del proceso, sino también del marco legal vigente en cada país y de su aceptación por parte del sector. En Europa, cualquier avance en nuevas técnicas genómicas aplicado a variedades destinadas a vino suele abrir debate entre viveristas, viticultores, bodegas y administraciones.

Pese a esas cautelas, el trabajo aporta una prueba técnica importante: es posible editar genes ligados a la susceptibilidad a enfermedades en vid cultivada y regenerar plantas con esas modificaciones confirmadas por secuenciación. En una especie donde conservar el perfil varietal tiene un valor comercial alto, esa posibilidad resulta especialmente relevante para variedades muy implantadas como Chardonnay.

La presión del mildiu y del oídio es uno de los factores que más condicionan el manejo sanitario del viñedo europeo. Por eso, cualquier avance que permita reducir tratamientos sin cambiar las características básicas de una variedad despierta interés inmediato entre productores e investigadores. La línea abierta por este estudio apunta precisamente a ese objetivo: mantener la identidad del material vegetal y reforzar su resistencia desde el propio genoma de la planta.