Viernes 29 de Mayo de 2026
El edadismo existe. Se practica. Y, sin embargo, se calla. Esta fue, en esencia, la conclusión que sobrevoló cada intervención de la jornada organizada por la Fundación de Directores de Hotel (FdDH) en Madrid. Un evento que, bajo el título Edadismo en el Sector Hotelero, reunió a profesionales, directivos y representantes asociativos para romper uno de los silencios más incómodos de la industria turística española.
La apertura del evento corrió a cargo de Fernando Valmaseda, CEO del Grupo RV Edipress, quien también asumió la moderación de la mesa redonda Hablemos claro: Gestionar el talento sin etiquetas, el futuro del empleo turístico. En la jornada también participó, entre otros, Jesús Menéndez, Presidente de la AEDH, y Carlos Lope, Secretario de la AEPT, dos figuras de referencia cuya presencia subrayó la dimensión transversal y trascendental del debate.
Una de las intervenciones más esperadas fue la ponencia de Jaime Chicheri, titulada Valores que empresa y empleados deben cultivar para construir una empresa vital. Chicheri desgranó el concepto de empresa VITAL como marco de transformación cultural: Valores y propósitos, Innovación, Talento, Agilidad y Liderazgo consciente. Un acrónimo que, lejos de ser una fórmula de manual, propone una arquitectura organizativa donde las personas son la base y las relaciones humanas, el activo estratégico.
La confianza, la comunicación, el optimismo, la autogestión y la mente abierta fueron señalados como los valores cimiento de cualquier organización que aspire a perdurar. La experiencia no se enseña en ninguna escuela, fue una de las frases que resonó con fuerza entre los asistentes, poniendo en valor una dimensión del talento que, paradójicamente, el sector turístico parece empeñado en desperdiciar.
La jornada abordó también el papel de la tecnología en la brecha generacional. La tesis compartida fue contundente: la digitalización ha agravado el edadismo, pero la Inteligencia Artificial tiene el potencial de revertirlo. En palabras de Jimmy Pons, "la IA debería funcionar como un exoesqueleto cerebral que potencie las capacidades profesionales, especialmente las de aquellos que atesoran años de experiencia. No una herramienta de sustitución, sino de amplificación del talento humano".
En este sentido, se apostó por el concepto de monitoring inverso: que los perfiles junior acompañen a los séniors en la capacitación digital, invirtiendo la lógica habitual de la mentoría. La adaptación tecnológica de los mayores, se subrayó, es mayor de lo que habitualmente se presupone. La cuestión, como siempre, es la actitud.
No faltó la autocrítica al tejido empresarial. El término empresaurio —acuñado para describir al directivo anclado en modelos de gestión caducos— fue objeto de un debate necesario: ¿cómo se cambia esa mentalidad? La respuesta apuntó a la formación continua como herramienta de supervivencia, no solo laboral, sino vital. Todos somos profesionales que caducamos, fue otra de las reflexiones que marcaron el tono de la jornada.
Uno de los datos más impactantes de la tarde fue la llamada teoría de los 1.000 días: la media de permanencia de un trabajador en una empresa del sector turístico en España. Una cifra que, por sí sola, describe la magnitud del problema de fidelización y de la falta de proyecto profesional que el sector ofrece a sus empleados, jóvenes o no.
La pregunta que formularon varios ponentes merece ser repetida con todas sus letras: Si la experiencia es un grado, ¿por qué existe el edadismo? ¿Por qué los empresarios no tienen el valor de contratar experiencia frente a juventud? No hubo una respuesta única. Pero sí un consenso: el enfoque debe trasladarse de la edad a las capacidades, y de las etiquetas a la contribución real.
Al término de la jornada, Fernando Valmaseda presentó las conclusiones del encuentro en un ejercicio de síntesis que fue, al mismo tiempo, una invitación a la acción. El mensaje fue claro: el sector turístico español no puede seguir mirando hacia otro lado ante una realidad que lastra su competitividad, empobrece su cultura organizativa y dilapida un capital humano de valor incalculable.
La comunicación interna intergeneracional, el respeto mutuo entre perfiles jóvenes y seniors, y la apuesta decidida por empresas que formen y cuiden a sus personas fueron los ejes de un cierre que no pretendía cerrar nada, sino abrir un debate que el sector tiene pendiente hace demasiado tiempo.
La Fundación de Directores de Hotel (FdDH) ha dado con esta jornada un paso concreto hacia esa conversación. El sector, ahora, tiene la palabra.
Más información: www.rvedipress.com