Miércoles 05 de Agosto de 2026
Leído › 167 veces
El proyecto GRAMOLA ha puesto en marcha en Elche varios ensayos para evaluar estrategias sostenibles con las que reducir las alteraciones internas de la granada mollar de Elche, la única del mundo con Denominación de Origen Protegida. La investigación combina sensores de temperatura y humedad, mallas de sombreado y tratamientos foliares para estudiar la posible relación entre las condiciones ambientales, la temperatura del fruto y la aparición de alteraciones fisiológicas en el arilo.
El Grupo de Cooperación para la Innovación que impulsa el proyecto está formado por el Instituto Valenciano de Investigaciones Agrarias, la DOP Granada Mollar de Elche y la empresa Hermanos Fuentes 2022 SL, con la colaboración de la Estación Experimental Agraria de Elche. El trabajo tiene una duración de dos años y cuenta con cofinanciación de la Unión Europea, el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación y la Conselleria d’Agricultura, Aigua, Ramaderia i Pesca de la Generalitat Valenciana a través de fondos FEADER.
Los trabajos se desarrollan sobre todo en dos parcelas experimentales. En una de ellas se aplica el conjunto completo de tratamientos y la segunda sirve de apoyo para comparar el comportamiento del cultivo con malla y sin malla. Belén Martínez Alcántara, investigadora de la Unidad de Agricultura Sostenible del IVIA y corresponsable del proyecto junto con Ana Quiñones Oliver, explica que ambas parcelas cuentan con un sistema de monitorización continua.
Ese sistema está compuesto por sondas de temperatura y humedad del suelo y del ambiente, además de sensores de temperatura situados en la copa del árbol. Con ese dispositivo, el equipo registra datos en tiempo real para conocer las condiciones a las que está sometido el fruto durante su desarrollo. Martínez Alcántara afirma que el cultivo está monitorizado en todo momento para seguir el proceso mediante distintos tratamientos y muestreos y conocer las condiciones del fruto a lo largo de su crecimiento.
Una de las líneas del ensayo se centra en la instalación de 1.200 metros cuadrados de sombreado, repartidos en tres zonas de 400 metros cuadrados. Cada zona utiliza una malla con propiedades, materiales y colores distintos, con el fin de modificar tanto la cantidad como el tipo de luz que recibe el árbol. Las mallas se instalaron en junio, en el periodo de mayor radiación solar, y permanecerán colocadas hasta septiembre. Después se retirarán para que el fruto complete su maduración en las condiciones habituales.
La estructura es fija, por lo que las mallas podrán volver a extenderse durante el mismo periodo de la próxima campaña. Julia Morales, investigadora del proyecto, señala que este manejo busca reducir la temperatura del fruto. Morales sostiene que una de las hipótesis del trabajo es que las temperaturas elevadas asociadas al cambio climático puedan estar detrás de estas alteraciones internas, aunque precisa que esa relación todavía no está confirmada y que precisamente los ensayos pretenden comprobar la respuesta del árbol al descenso de temperatura.
De forma paralela, desde principios de junio se ensayan tratamientos foliares con aplicaciones basadas en caolín y silicio. Estos productos actúan como protectores del fruto frente al estrés térmico y la radiación solar, con la intención de reducir su temperatura mediante una alternativa que pueda aplicarse directamente sobre el árbol con la maquinaria habitual. Morales detalla que las aplicaciones se realizan cada tres semanas y continuarán hasta principios de septiembre, al mismo tiempo que el ensayo con mallas, para comparar ambos manejos en campo.
Durante todo el ciclo, el equipo realiza distintos muestreos para caracterizar la evolución de las alteraciones y relacionarlas con las condiciones ambientales y el estado del cultivo. El proyecto también prevé analizar el perfil nutricional, hormonal y metabolómico del fruto, además de evaluar su comportamiento durante la conservación en frío y la posterior comercialización.
Desde el Consejo Regulador de la DOP Granada Mollar de Elche consideran que profundizar en el origen de las alteraciones internas y establecer medidas sostenibles para reducir su incidencia es una cuestión clave para preservar la calidad diferenciada del producto, reforzar la posición del sector y proteger una granada reconocida por su sabor dulce y su pepita blanda.
El estudio se repetirá durante una segunda campaña para comprobar si los resultados se reproducen bajo condiciones climáticas distintas. Martínez Alcántara recuerda que en los ensayos de campo es necesario contrastar los datos de al menos dos campañas, ya que las variables climáticas generan escenarios diferentes y la respuesta del cultivo puede variar.
Al término del proyecto, el grupo de cooperación espera disponer de una imagen más precisa sobre la evolución de estos desórdenes durante el crecimiento y desarrollo del fruto, identificar en qué momento aparecen y verificar si alguno de los tratamientos probados permite reducir su incidencia.
Leído › 167 veces