Etiopía rescata una vid única ligada al reino de Aksum

La variedad Rubaksum Tsellim conserva un ADN singular y puede aportar resistencia a la sequía en viticultura de secano

Miércoles 22 de Julio de 2026

Compártelo

Leído › 1999 veces

Etiopía rescata una vid única ligada al reino de Aksum

Un equipo interdisciplinar de geógrafos, agrónomos y arqueólogos ha identificado en la región etíope de Tigray una variedad local de vid que, a su juicio, conserva valor histórico y genético y podría aportar rasgos útiles para la viticultura de secano. La investigación sitúa esa línea de vid, bautizada como Rubaksum Tsellim, dentro de una tradición agrícola muy antigua vinculada al antiguo reino de Aksum.

Los investigadores explican que el norte montañoso de Etiopía figura entre los paisajes agrícolas más antiguos de África, pero la historia de la vid en Tigray había recibido menos atención que otros cultivos. En excavaciones del periodo aksumita se habían hallado semillas de uva, recipientes para vino, prensas excavadas en roca y referencias históricas que apuntan al cultivo de la vid en la Antigüedad. A partir de esos indicios, el equipo quiso comprobar si algunas cepas actuales podían descender de aquellas primeras introducciones.

El trabajo combinó prospecciones de campo, entrevistas con agricultores, análisis de ADN y estudio morfológico de semillas. Las prospecciones se realizaron en cuatro áreas de montaña que suman 1.269km². Allí localizaron 41 vides, una cifra que les lleva a estimar que en el conjunto de la región podría haber entre 1.000 y 1.500 plantas maduras.

A diferencia de los viñedos mediterráneos, estas vides no se cultivan en parcelas especializadas. Aparecen en patios domésticos, jardines de aldea y recintos religiosos. Las familias consumen las uvas frescas, las comparten con vecinos, las donan a iglesias ortodoxas y aprovechan la sombra que proporcionan durante la estación seca. Muchas plantas, añaden los autores, se han multiplicado durante generaciones mediante esquejes intercambiados entre familias y no por compra comercial.

Una cepa localizada en Rubaksa, una aldea del valle de Tembien regada por manantiales, centró buena parte del análisis. Sus propietarios y vecinos situaban su presencia allí desde hacía décadas. El equipo recogió hojas para el estudio genético y semillas procedentes de frutos secos que seguían en la planta.

El perfil de ADN no coincidió con las grandes bases internacionales de referencia utilizadas por los investigadores. Sí mostró afinidades con variedades tradicionales del Mediterráneo y del Cáucaso. Las semillas ofrecieron una pista similar: su forma se parecía más a la de variedades documentadas en Italia, Chipre y Grecia.

Con esos datos, los autores proponen que Rubaksum Tsellim es una landrace, es decir, una variedad local mantenida por agricultores durante generaciones y moldeada por selección, intercambio y adaptación, fuera de los programas comerciales de mejora vegetal. El nombre combina Rubaksa, Aksum —centro histórico del cultivo de la vid en la zona— y la palabra tigrinya tsellim, que significa “oscuro” o “negro”.

Después de identificar esa línea local, el equipo amplió la búsqueda a los barrios históricos de Aksum. Allí encontró lo que considera la vid más antigua conservada en la ciudad. El análisis genético mostró exactamente el mismo perfil de ADN que la planta estudiada en Rubaksa. También las semillas eran muy parecidas y se agrupaban cerca de las de Mavro, una variedad antigua presente en Chipre y Creta.

Para los investigadores, ese hallazgo apunta a que estas cepas aisladas pueden ser restos de una tradición vitícola mucho más antigua y extendida por Tigray. Su hipótesis es que parte de su ascendencia procede de introducciones realizadas durante la época aksumita, entre aproximadamente 150 a.C. y 800 d.C., probablemente ligadas a redes comerciales del Mediterráneo oriental y del mar Rojo influidas por el mundo griego. Añaden que esa base genética pudo mezclarse más tarde con variedades introducidas en Eritrea a comienzos del siglo XX.

El estudio recuerda además que las vides silvestres no son nativas del Cuerno de África. Por eso, cualquier vid domesticada presente en el norte de Etiopía tuvo que llegar desde fuera antes de adaptarse localmente durante siglos. Los autores consideran plausibles tanto la vía comercial antigua como introducciones posteriores ligadas a intervenciones coloniales.

La permanencia de estas plantas junto a asentamientos históricos, iglesias y monasterios encaja también con la idea de que las instituciones religiosas ayudaron a conservar el cultivo cuando la viticultura formal había desaparecido en la zona.

Los propietarios de las cepas identificadas como Rubaksum Tsellim han recibido un certificado que reconoce su condición de variedad local única. Con esa medida se busca favorecer su conservación y su propagación mediante esquejes.

Más allá del interés histórico, el hallazgo puede tener recorrido para el sector del vino y otras bebidas derivadas de la uva si futuras investigaciones confirman su comportamiento agronómico. Los autores sostienen que estas vides han sobrevivido durante generaciones en un entorno semiárido y pueden albergar rasgos útiles frente a sequía, enfermedades o cambios climáticos. Esa diversidad genética podría resultar valiosa para programas de selección vegetal y para zonas donde la viticultura depende cada vez más del secano o de riegos limitados.

¿Te gustó el artículo? Compártelo

Leído › 1999 veces