Lunes 25 de Mayo de 2026
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Nueva Zelanda cerró la vendimia de 2026 con una campaña marcada por fuertes diferencias entre regiones, un verano fresco y húmedo y un otoño cálido y seco que permitió salvar buena parte de la cosecha. El balance que hacen varios elaboradores del país es de calidad alta, aunque con volúmenes por debajo de la media, en parte por el excedente de 2025 y por una temporada que obligó a vigilar de cerca la sanidad de la uva.
El informe, publicado por Jancis Robinson a partir de testimonios de bodegas y viticultores neozelandeses, describe una primavera casi sin heladas, que aceleró el desarrollo de las cepas, seguida de un verano inestable con más lluvia de lo normal en todas las zonas. Esa combinación elevó la presión de enfermedades en el viñedo. La situación cambió en marzo y abril, cuando llegó un otoño seco y templado que ayudó a completar la maduración en la mayor parte del país.
La amplitud geográfica del viñedo neozelandés explica que no haya una sola lectura posible para toda la campaña. Hawke’s Bay registró su inicio de vendimia más temprano, con Chardonnay recogida el 12 de febrero. Marlborough vivió su primavera más cálida en más de cuatro décadas. En el extremo opuesto, Central Otago tuvo una de sus campañas más frías y tardías en años recientes.
Pese a esas diferencias, los productores consultados coinciden en dos ideas: la calidad es buena y la producción será menor que la media. La comparación con 2025 pesa mucho en esa lectura, porque el año anterior dejó una cosecha abundante. Ahora, el sector espera menos uva disponible y un mercado más ajustado.
El informe también subraya la dependencia exterior del vino neozelandés. Cerca del 90% de su producción se exporta y gran parte corresponde a Sauvignon Blanc. Esa exposición hace que el país note con rapidez los cambios en la demanda internacional. En este momento, los productores hablan de exceso de inventario, ventas flojas en algunos canales y precios bajos en el mercado a granel.
La caída del mercado a granel es uno de los puntos más sensibles. Según el texto, el precio del vino a granel ha quedado por debajo del coste de producción en algunas operaciones, lo que complica la viabilidad de ciertos viñedos. Al mismo tiempo, las marcas con mejor posicionamiento comercial están registrando una evolución más favorable.
En Northland y Auckland, la campaña arrancó pronto y estuvo condicionada por humedad, nubosidad y episodios de lluvia. En esa zona, Chardonnay volvió a ser la variedad más sólida, con rendimientos alrededor de 20% inferiores a lo normal pero con vinos que apuntan a claridad y frescura.
En Hawke’s Bay, Warren Gibson, de Bilancia, habla de una vendimia muy buena y subraya que fue una campaña temprana tanto en el inicio como en el cierre. La zona tuvo un verano cálido y varios días por encima de 30 grados, aunque también sufrió algunos episodios de lluvia al principio del año. Después llegó un periodo seco prolongado que favoreció sobre todo a los tintos. Gibson espera vinos fragantes, densos y bien equilibrados.
En Wairarapa, Tim Bourne, de Escarpment, describe una temporada irregular pero con buen resultado final. La primavera fue cálida y ayudó a una floración favorable para Pinot Noir. Más tarde hubo lluvia variable y momentos de tensión antes del tramo final seco. Bourne sitúa esta vendimia como la segunda mejor de los últimos cinco años.
Marlborough ofrece una lectura parecida. Tras una primavera muy cálida llegaron semanas inestables con humedad elevada y cierta preocupación por botritis. Desde mediados de febrero el tiempo se estabilizó y el otoño seco permitió recoger uvas con buena acidez natural e intensidad aromática. El informe señala que Chardonnay, Sauvignon Blanc y otras variedades aromáticas muestran concentración y limpieza.
En Tasman/Nelson, Todd Stevens, de Neudorf, habla de una campaña interesante por el contraste térmico entre día y noche. Esa diferencia ayudó a una maduración lenta y ordenada. El resultado esperado es bueno para Chardonnay, con vinos que conservan frescura y precisión.
North Canterbury siguió un patrón similar: calor temprano en primavera, adelanto en la floración y luego un periodo más fresco y húmedo que frenó la maduración. Huw Kinch, de Pyramid Valley, señala rendimientos inferiores a la media por racimos más ligeros en Pinot Noir y Chardonnay.
Central Otago fue la región más distinta del conjunto. Tras una primavera sin heladas llegó un verano frío para sus estándares, con temperaturas moderadas durante buena parte del ciclo vegetativo. La vendimia se retrasó entre una y dos semanas respecto a lo habitual. En Gibbston, un episodio frío y ventoso durante la floración redujo mucho los rendimientos. Aun así, los elaboradores consultados creen que hay materia prima para vinos con línea fina, longitud y capacidad de guarda.
El informe deja claro que Nueva Zelanda entra en una fase de ajuste tras varias campañas muy productivas. La oferta será menor este año y el mercado interno e internacional marcará qué vinos encuentran mejor salida. Para los productores consultados, la clave pasa por mantener identidad, calidad y regularidad en un momento en que los compradores miran cada vez más el origen y el estilo antes que el volumen disponible.
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