El vino chileno busca seducir a los jóvenes con enoturismo y redes sociales

Maule impulsa experiencias en el campo y campañas digitales ante la caída del consumo en mercados clave

Miércoles 29 de Abril de 2026

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La industria del vino en Chile busca atraer a consumidores más jóvenes ante la caída del consumo en varios mercados y el cambio de hábitos entre las nuevas generaciones. En la región del Maule, una de las zonas vitivinícolas más conocidas del país, los productores están apostando por visitas con participación directa en el viñedo, prácticas agrícolas con menor impacto ambiental y campañas en redes sociales para acercarse a un público que bebe menos vino que sus padres.

En San Javier de Loncomilla, en el centro del valle, algunos bodegueros han cambiado la visita clásica a la sala de catas por experiencias en las que el turista poda cepas, recoge uva o pisa racimos. La idea es que el visitante conozca el trabajo del campo y se vincule con el origen del producto. José Luis Gómez Bastías, viticultor de la zona, explica que ese tipo de actividad atrae a jóvenes interesados en saber cómo se cultiva la vid y qué prácticas usa cada bodega.

El sector observa esta búsqueda de nuevos consumidores como una respuesta a una caída que no se limita a Chile. Julio Alonso, del grupo Wines of Chile, señala que el descenso del consumo se ha mantenido en mercados clave como China, Reino Unido y Estados Unidos. En ese último país, una encuesta de Gallup publicada en 2025 mostró que solo el 50% de los adultos jóvenes consume alcohol, frente al 59% registrado en 2023 y por debajo del 54% de la población general.

Entre los profesionales chilenos del vino hay preocupación por la falta de relevo generacional. Felipe Rivera, sumiller de 25 años, afirma que su generación bebe menos vino y que esa ausencia de nuevos consumidores es uno de los principales problemas para el sector. Su lectura coincide con la de otros actores de la industria, que ven un cambio claro en las preferencias de compra y consumo.

Ricardo Grellet, creador de la campaña “Yo Tomo Vino”, sostiene que el futuro pasa por ofrecer calidad antes que cantidad. Según su visión, los consumidores jóvenes prestan más atención al bienestar personal y a los productos certificados. También cree que los vinos sin identidad clara o sin una elaboración cuidada tendrán más dificultades para mantenerse en el mercado.

La campaña que impulsa Grellet anima a tomar una copa sin prisas y a dejar a un lado el teléfono móvil durante ese momento. El mensaje busca presentar el vino como parte de una experiencia social y cultural, no solo como una bebida para ocasiones formales. Esa estrategia también se apoya en contenidos digitales pensados para llegar a usuarios que consumen información sobre alimentación, viajes y estilo de vida desde sus móviles.

En Maule, varias bodegas han incorporado prácticas agrícolas ecológicas como parte de su oferta al visitante. Bastías asegura que muchos jóvenes muestran interés por fincas que trabajan con métodos más respetuosos con el entorno. Para los productores, esa conexión entre sostenibilidad, turismo rural y vino puede ayudar a abrir una vía comercial nueva en un momento en que las ventas ya no dependen solo del mercado tradicional.

Silvia Lobos, creadora de contenido de 24 años, dice que antes conocía poco este mundo y que ahora lo ve como parte de la identidad chilena. Su reacción resume uno de los objetivos del sector: convertir el vino en una referencia cercana para quienes no crecieron con él en la mesa familiar y buscan productos con relato propio, origen claro y una relación más directa con quien los produce.

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