California arranca 47.229 acres de viñedo por la caída del mercado del vino
La pérdida de mercado en Canadá deja cerca de la mitad de la cosecha sin comprador pactado
sábado 31 de octubre de 2026
Los viticultores de California arrancaron 47.229 acres de viñedo, unas 19.113 hectáreas, entre agosto de 2025 y agosto de 2026, según el Wine Grape Mapping Project 2026 de la California Association of Wine Grape Growers. La poda del mapa vitícola llega después de otro recorte de casi 40.000 acres en el ejercicio anterior y deja al estado con algo más de 439.000 acres de viñedo en pie, en torno a 177.700 hectáreas.
La reducción responde a un mercado con menos salida para la uva y para el vino, tanto fuera de Estados Unidos como dentro del país. El ajuste es relevante para el negocio de las bebidas porque puede modificar la disponibilidad de uva en próximas campañas, influir en los precios de la materia prima y condicionar la capacidad de elaboración en los años siguientes si la superficie sigue bajando.
Uno de los golpes más claros llegó desde Canadá. Varias provincias canadienses retiraron en marzo de 2025 los vinos de Estados Unidos de las estanterías de sus tiendas públicas de bebidas alcohólicas como respuesta a los aranceles estadounidenses. El Wine Institute informa de que las exportaciones de vino de Estados Unidos a Canadá han pasado de casi 40 millones de dólares al mes a poco más de 5 millones, un descenso cercano al 90%. La misma organización no espera una recuperación rápida de ese negocio.
A esa pérdida exterior se suma una demanda más débil en el mercado interno. El informe anual sobre la industria del vino de Silicon Valley Bank señala que la generación del baby boom ya ha pasado su pico de consumo, mientras que los menores de 30 años beben menos que otros grupos de edad equivalentes desde que existen registros. Ese grupo, añade el banco, se inclina más por seltzers, cerveza y destilados.
La falta de compradores se ha notado con fuerza en la vendimia. Jeff Bitter, presidente de Allied Grape Growers, afirma que cerca de la mitad de la cosecha californiana de uva para vino de esta campaña llegó a vendimia sin contrato de compra. En un año normal, entre el 70% y el 80% de esa producción suele estar ya contratada antes de recoger la uva.
Ese dato ayuda a medir la tensión que atraviesa el sector. Cuando una parte tan amplia de la cosecha se recoge sin comprador pactado, el productor queda más expuesto a ventas tardías, rebajas de precio o, en algunos casos, a no colocar toda la producción en las condiciones previstas. Para las bodegas y para el resto de la cadena de bebidas, eso también anticipa un ajuste de oferta que puede prolongarse si la demanda no remonta.
Dentro del propio sector no hay acuerdo sobre cuánta superficie debería salir todavía del sistema. Algunos productores consideran que bajar de 425.000 acres, algo menos de 172.000 hectáreas, abriría la puerta a una falta de uva en el futuro. Otros sostienen que el mercado no encontrará equilibrio hasta caer por debajo de 400.000 acres, alrededor de 161.900 hectáreas. Si esa segunda visión se impone, aún podrían arrancarse decenas de miles de acres más antes de que las ventas de vino toquen fondo.
Las previsiones que maneja la industria sitúan ese suelo de ventas en 2027 o 2028. Esa perspectiva explica por qué muchos agricultores siguen revisando parcela por parcela qué hacer con sus viñas, sobre todo en zonas donde la rentabilidad se ha deteriorado con rapidez. El arranque de viñedo no es una decisión menor: reduce producción de forma inmediata, pero también obliga a pensar qué uso tendrá después esa tierra y cuánto tiempo tardará en volver a generar ingresos si se replanta o se destina a otro cultivo.
California concentra una parte muy amplia de la producción de vino de Estados Unidos, de modo que los movimientos en su viñedo tienen efecto más allá del campo. Si continúa la salida de superficie, el mercado del vino puede entrar en una fase de menor disponibilidad de uva para ciertos segmentos en los próximos años, aunque a corto plazo el problema sigue siendo el exceso de oferta para una demanda debilitada. Esa combinación explica por qué la discusión ya no gira solo en torno a la vendimia de este año, sino también al tamaño que debe tener el viñedo californiano cuando el consumo vuelva a estabilizarse.