Óscar Tobía, siempre en la memoria

El vino Alma Tobía no morirá nunca

domingo 18 de octubre de 2026

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Oscar Tobía, siempre en la memoria

Experiencia de enoturismo en Bodega Tobía; primavera 2017. Foto Alfredo Selas

“Yo seguía con fe la luz que me guiaba, hasta que descubrí que procedía de la linterna que llevaba en mi mano” viñeta de El Roto, El País 3/1/2015

A todos los que le hemos conocido y tratado nos ha compungido el alma y nos ha dejado huérfanos la noticia del fallecimiento de Óscar Tobía.

Le conocí en su San Asensio natal; recuerdo que me llevó al calao familiar para ver la posibilidad de llevarle clientes en mis experiencias de enoturismo para visitantes extranjeros, antes de que se trasladara a su nueva bodega en Cuzcurrita de río Tirón en 2010, y fue allí donde colaboramos. Me deleitó la primera vez que me habló de la “Rioja altísima” como él llamaba a la Rioja Alta cuando me acerqué a Cuzcurrita a conocer su nueva bodega.

Óscar vivió intensamente y amó profundamente, desde el primer vino que creó en 1994 en San Asensio hasta su nueva hija que nació hace unos pocos años en Logroño. Su empeño personal, profesional, vital, era crear vinos y hablar con las personas, desde la cercanía, con sentido común, con criterio; desde su profesionalidad, bonhomía y buen hacer.

Quizá el término de referencia en su trayectoria sea honradez. Quien esto escribe, conocedor de los avatares de su vida y de sus proyectos, puede asegurar no saber de otro caso en que la creación de vinos y de su nueva bodega se efectuara tan sopesada, tan cuidadosa y acertada.

Avalado por su trayectoria, con el triunfo de su primer rosado fermentado en barrica, decidió sustituir el pasado familiar en San Asensio, para labrarse nuevos futuros lanzándose a un proyecto con vocación internacional: exportar sus vinos con la colaboración comercial de un amigo suyo de Valencia; también seguir aglutinando amigos, conocidos y amantes del vino

Sus primeras añadas en la nueva bodega –con mucho trabajo y éxito evidente– fueron éxitos. Controlaba y trabajaba sus producciones, desde el trato personal, en una dimensión abarcable para amigos y clientes… la verdad es que los resultados han sido realmente encomiables.

Me permito rendir mi pequeño homenaje a su memoria con notas de cata de sus vinos que caté.

“El vino presenta intenso color rojo cereza picota, de capa alta. En nariz es limpio; aparecen notas de frutos silvestres, engarzados con otras que recuerdan a sotobosque umbrío (retamas, plantas aromáticas). El vino es acariciante en la entrada. Se perciben leves toques lácteos en boca, suave, sedoso; sabores que provocan sensaciones placenteras que trascienden a lo puramente táctil; taninos vigorosos que regalan el paladar en el paso de boca con una fresca presencia frutal, con justa acidez en equilibrio (lo cual se corresponde con la añada). Tiene una frutalidad profunda, envuelta en nítidos especiados de buen roble. Final de boca donde prima la elegancia de la Rioja Alta. Vino con carácter, sin concesiones, auténtico, como son los riojas de antes y de ahora.”

Tus vinos, Óscar. Tu vida, que has ofrecido a quienes te hemos conocido.

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