¿Por qué la segunda uva tinta más plantada de Argentina sigue a la sombra del Malbec?
María Inés Amato defiende que la calidad no depende exclusivamente de la altitud ni del reconocimiento de una región
miércoles 4 de noviembre de 2026

Durante buena parte del siglo XX, la Bonarda fue en Mendoza sinónimo de volumen: una uva generosa en kilos y en color, destinada a engrosar el vino común. En el Este mendocino, donde San Martín se reivindica como Capital Nacional de la Bonarda, esa herencia pesó doble. Hoy sigue siendo la segunda tinta más plantada del país después del Malbec, con 16.360 hectáreas según datos del INV de 2025, aunque su superficie retrocedió un 14,2% en la última década. En ese escenario, Cumehue Wines, bodega familiar de Alto Chapanay, decidió rebautizarla con su nombre de origen, Corbeau Noir, y convertirla en el eje de sus cuatro blends y de su Reserva Bonarda 2020. María Inés Amato, sommelier, docente, geógrafa y brand ambassador de la bodega, explica por qué el Este cargó con prejuicios y por qué, a 690 metros sobre el nivel del mar, la altura no tiene la última palabra.
Prácticamente toda la industria dice “Bonarda” y Cumehue dice “Corbeau Noir”. ¿Fue una decisión enológica, histórica o de marketing? Y siendo honesto, ¿cuánto pesó cada una?
Creo que la decisión tuvo un componente histórico muy importante. Aunque en Argentina conocemos esta variedad como Bonarda, los estudios de ADN realizados en 2008 confirmaron que corresponde a la variedad francesa Corbeau Noir, originaria de Saboya. Llegó a nuestro país a mediados del siglo XIX, probablemente de la mano de inmigrantes italianos. Por eso, el nombre Corbeau Noir nos permite recuperar una parte de la historia y del verdadero origen de esta uva. En castellano significa «cuervo negro», una denominación que también se relaciona con la imagen de los racimos oscuros y los cuervos que habitaban la zona.
En Cumehue quisimos que los cuatro blends llevaran ese nombre porque nos interesa contar una historia que vincula el vino con sus raíces, con el territorio mendocino y con nuestra identidad. Además, tiene un significado especial para nosotros por su relación con la historia del Cruce de los Andes y el legado del General José de San Martín en esta región.
Por eso, diría que la historia y la identidad tuvieron un peso fundamental, junto con la manera de presentar y comunicar estos vinos. No se trata de dejar de lado el nombre Bonarda, que es el que identifica a esta variedad en Argentina, sino de mostrar otra dimensión de su origen.
Desde mi lugar como Brand Ambassador, me parece muy interesante que una etiqueta despierte curiosidad y nos permita contar todo lo que hay detrás de una botella.
Durante décadas la Bonarda fue la uva del rendimiento y el color, la base del vino común, con viñedos que superan las 20 toneladas por hectárea. ¿Qué tuvo que desaprender el Este mendocino para hacer Bonarda de calidad?
Creo que el Este mendocino tuvo que cambiar la forma de mirar la Bonarda. Durante muchos años fue una variedad valorada por su rendimiento, su color y su aporte a los vinos comunes. Pero la Bonarda tiene mucho más para ofrecer.
El desafío fue entender que no se trata solamente de producir más, sino de trabajar para lograr vinos que expresen la calidad de la uva y la identidad de su lugar de origen. Para eso, son fundamentales el manejo del viñedo, el momento de cosecha y las decisiones que se toman en cada etapa de la elaboración.
Desde Cumehue, en Alto Chapanay, Departamento San Martín, Mendoza, apostamos por poner en valor esta variedad y demostrar todo lo que puede dar. Queremos que la Bonarda sea reconocida por sus cualidades, su personalidad y su potencial para elaborar grandes vinos.
Porque la Bonarda tiene historia, tiene territorio y tiene mucho para contar en cada copa.
En el viñedo, concretamente, ¿qué hacen distinto en Cumehue respecto de cómo se cultivaba la Bonarda en Chapanay hace treinta años?
Creo que la principal diferencia está en la mirada que hoy tenemos sobre la Bonarda. Hace treinta años, el objetivo estaba mucho más relacionado con obtener grandes volúmenes de uva. Hoy, para elaborar vinos de calidad, es fundamental prestar atención a cada detalle del viñedo.
Esto implica observar cómo se desarrolla la planta, cuidar el equilibrio entre la vegetación y los racimos, controlar los rendimientos cuando es necesario y, especialmente, encontrar el momento adecuado para cosechar. La madurez de la uva es clave para lograr buenos aromas, color y una expresión equilibrada en boca.
En Cumehue, trabajamos para poner en valor el potencial de nuestra Bonarda y demostrar que el Este mendocino tiene mucho para aportar a los vinos argentinos.
No se trata de dejar atrás la tradición de Chapanay, sino de aprovechar ese conocimiento y seguir avanzando para que nuestra Bonarda pueda expresar lo mejor de su origen.

¿Recuerda la primera Bonarda que le hizo pensar “esta uva puede mucho más de lo que le pedimos”?
No sé si podría señalar una única Bonarda como el punto de partida, pero sí creo que, cuando uno empieza a descubrir esta variedad en profundidad, se da cuenta de que tiene mucho más para ofrecer de lo que históricamente se le reconocía.
Desde el inicio de Cumehue, Hugo Zamora nos acompaña como enólogo y es una parte importante de este proyecto familiar. A lo largo de este camino, su conocimiento y experiencia han contribuido al desarrollo de nuestros vinos y a la búsqueda de una identidad propia. Creo que construir un proyecto en el tiempo también significa trabajar con personas que comparten una visión y que ayudan a darle forma, respetando la esencia de Cumehue y nuestra apuesta por la Bonarda.
Desde mi lugar como Brand Ambassador de Cumehue, me resulta muy interesante mostrar cómo la Bonarda puede expresar distintos perfiles y dar lugar a vinos con personalidad, elegancia y una identidad muy ligada a su origen.
Creo que ahí está lo más interesante: descubrir todo lo que esta variedad puede ofrecer y lograr que cada vez más personas se animen a conocerla y valorarla.
San Martín concentra cerca de un cuarto de la Bonarda del país, pero el prestigio del vino argentino se lo llevó la altura del Valle de Uco. ¿El Este cargó con un prejuicio?
Creo que sí, durante mucho tiempo el Este mendocino cargó con ciertos prejuicios, quizás porque se lo asoció más con la producción de grandes volúmenes que con la elaboración de vinos de calidad.
Mientras otras regiones, como el Valle de Uco, fueron ganando reconocimiento por sus vinos de altura, el Este tenía mucho para mostrar y no siempre logró la misma visibilidad.
Pero creo que hoy tenemos la oportunidad de contar otra historia. San Martín tiene una larga tradición vitivinícola y una relación muy fuerte con la Bonarda, una variedad que forma parte de nuestra identidad. Recordemos que ésta zona, es considerada la Capital de la Bonarda y se realizan numerosas actividades vinculadas con la cepa, que permiten difundirla y fortalecer su relación con la cultura y la identidad de la comunidad.
Desde Cumehue, en Alto Chapanay, queremos contribuir a que se conozca y valore el potencial de esta región. No se trata de competir con otras zonas, porque cada una tiene sus características, sino de demostrar que el Este mendocino también puede elaborar vinos con personalidad, calidad e identidad propia.
Creo que el desafío es que, cuando hablemos de los grandes vinos argentinos, la Bonarda del Este mendocino también tenga el lugar que merece y lo está logrando.
¿Qué tiene una Bonarda de Alto Chapanay que no puede tener una de 1.100 metros?
Creo que cada lugar tiene algo propio para expresar. En Alto Chapanay, Departamento San Martín, Mendoza, estamos aproximadamente a 690 metros sobre el nivel del mar, dentro del Valle Central mendocino. Nuestros suelos son franco-arenosos, de origen aluvional y profundos, y tenemos un clima semidesértico, con temperaturas elevadas durante el día que descienden por la noche, generando una importante amplitud térmica. Estas condiciones forman parte de la identidad de nuestro territorio y del entorno en el que se desarrolla la Bonarda.
San Martín es la Capital Nacional de la Bonarda porque esta variedad encontró aquí condiciones muy favorables para desarrollarse y consolidarse. Pero no se trata solamente de las condiciones naturales: también hay una historia de productores y bodegas que, durante décadas, apostaron por esta cepa, la preservaron y contribuyeron a revalorizarla. La Bonarda forma parte de nuestra identidad, de nuestra cultura y de la tradición vitivinícola del Este mendocino.
Desde Cumehue, apostamos por la Bonarda de Alto Chapanay porque creemos en el potencial de nuestro territorio y en todo lo que puede expresar. No creo que una Bonarda sea mejor que otra por la altura a la que se cultiva; creo que cada región tiene su identidad, determinada por sus condiciones naturales y por el trabajo de quienes la elaboran. Nuestro desafío es mostrar que la Bonarda de San Martín tiene personalidad propia y merece ocupar un lugar cada vez más importante entre los grandes vinos argentinos.
La altura es una característica del lugar, pero no es la única que define a un vino. También importa su origen, su historia y la manera en que ese territorio se expresa en cada copa.
¿Qué haría falta, más allá de lo que haga cada bodega, para que el Este se perciba como zona de vinos de calidad?
Creo que se está haciendo mucho y que hoy el Este mendocino tiene vinos de alta calidad. Hay bodegas que están trabajando para demostrar todo el potencial de nuestra región y, especialmente, de la Bonarda.
Lo que hace falta es que ese trabajo tenga mayor visibilidad. Y ahí tenemos un rol muy importante nosotros, los sommeliers, los comunicadores del vino, los periodistas especializados y quienes estamos vinculados con la industria. Tenemos que hablar más de estos vinos, recomendarlos, llevarlos a las degustaciones y acercarlos a los consumidores.
Desde Cumehue, siento que también tenemos esa responsabilidad: dar a conocer nuestra Bonarda y contar lo que hay detrás de cada botella.
Porque no alcanza con hacer grandes vinos; también tenemos que lograr que la gente los conozca, los pruebe y los valore. El Este mendocino tiene mucho para contar y es éste el momento de que lo comuniquemos más.

Los cuatro vinos relanzados son blends de Corbeau Noir con otras cepas. Si la Bonarda es la protagonista de la bodega, ¿por qué no lidera la línea un varietal puro?
Creo que la Bonarda puede ser protagonista de distintas maneras, no solamente a través de un varietal puro. En Cumehue apostamos fuertemente por esta variedad y los cuatro blends de Corbeau Noir nos permiten mostrar cómo se complementa con otras cepas, dando lugar a vinos con gran expresión aromática, taninos suaves y perfiles versátiles. Además, el nombre Cumehue significa, según nuestros pueblos originarios, «un lugar apacible, un lugar para llegar y quedarse», una expresión que representa el espíritu de nuestro proyecto familiar.
Los cuatro blends de Corbeau Noir tienen también un significado especial: son un homenaje al Cruce de los Andes y a la historia del General José de San Martín. En el Departamento San Martín, Mendoza, el General gestó parte de su proyecto libertador y vivió junto a su hija, Merceditas, en la chacra La Tebaida. Más tarde, emprendió su camino hacia Francia. Esta historia y su vínculo con el territorio mendocino forman parte de la identidad que queremos transmitir a través de Corbeau Noir.
Pero también tenemos nuestro vino ícono, el Reserva Bonarda 2020, elaborado con 100% Bonarda, y proyectos futuros para seguir explorando el potencial de esta variedad. La Bonarda sigue siendo el corazón de Cumehue. Con los blends, nuestro Reserva y los proyectos que vendrán, buscamos mostrar su versatilidad, contar nuestra historia y acercar cada vez a más personas a una variedad que tiene identidad propia y mucho para ofrecer.
Según el INV, la superficie de Bonarda cayó más de un 10% entre 2014 y 2023 y sus vinos y cortes apenas representan el 0,9% de los varietales exportados. Con esos números, ¿se puede hablar de revalorización o todavía es más un deseo de la industria que una realidad?
Creo que la revalorización de la Bonarda está en marcha, pero todavía tenemos mucho camino por recorrer. Si miramos los datos del INV de 2025, Argentina cuenta con 16.360 hectáreas de Bonarda. Es la tercera variedad con mayor superficie cultivada del país y la segunda entre las variedades tintas, después del Malbec. Además, está presente en 15 provincias, aunque el 99% de su superficie se concentra en Mendoza, San Juan y La Rioja.
Estos números muestran la importancia que tiene la Bonarda en nuestra vitivinicultura. Sin embargo, también hay una realidad que no podemos ignorar: su superficie disminuyó un 14,2% en la última década. Por eso, creo que todavía tenemos el desafío de transformar todo su potencial en un mayor reconocimiento y una demanda sostenida.
Apostamos por esta variedad porque creemos en su capacidad para dar vinos de alta calidad, con personalidad e identidad propia.
Creo que la revalorización no es solamente un deseo de la industria: hay un trabajo concreto que se está haciendo. El desafío es que ese esfuerzo se traduzca en más reconocimiento, más consumidores y nuevas oportunidades para la Bonarda argentina.
Con la llegada de la nueva generación a Cumehue, ¿qué están pidiendo los más jóvenes que antes no se lo habían planteado?
Creo que las nuevas generaciones están empezando a participar de a poco y aportan otra mirada, especialmente en la forma de comunicar el vino y de acercarlo a la gente. Hoy no alcanza solamente con elaborar un buen vino; también hay que contar su historia, transmitir lo que representa y encontrar nuevas maneras de llegar a los consumidores.
En un proyecto familiar como Cumehue, que tiene una identidad propia y una apuesta muy fuerte por la Bonarda, es interesante que los más jóvenes se vayan incorporando, aportando ideas y nuevas perspectivas. Creo que ese proceso permite combinar la experiencia de quienes iniciaron el proyecto con las inquietudes y las formas de pensar de las nuevas generaciones.
Lo importante es que Cumehue pueda seguir creciendo, incorporando nuevas miradas de a poco, pero sin perder su esencia, su historia familiar ni el vínculo con Alto Chapanay, en el Departamento San Martín, Mendoza.
Si tuviera que convencer en un minuto a alguien que siempre pide Malbec de que pruebe una Bonarda, ¿qué le diría?
Le diría que está buenísimo que el Malbec sea su vino de referencia, pero que se anime a descubrir algo diferente. La Bonarda es una variedad con mucha identidad, que puede ofrecer fruta, frescura, buena estructura y un final muy agradable. Tiene personalidad propia y merece que le demos una oportunidad.
Además, en Mendoza tenemos una larga historia con esta variedad, especialmente en el Este mendocino, donde forma parte de nuestra identidad vitivinícola. En Cumehue trabajamos para mostrar todo lo que la Bonarda puede expresar y las distintas experiencias que puede ofrecer en una copa.
Mi invitación sería simple: la próxima vez que elija un vino, que pruebe una Bonarda sin compararla necesariamente con el Malbec. No se trata de reemplazar un vino por otro, sino de descubrir una nueva opción. ¡Quizás se sorprenda y encuentre otra variedad para disfrutar!
¿Cómo se imagina la Bonarda argentina dentro de diez años?
Me imagino una Bonarda argentina mucho más reconocida, tanto en nuestro país como en el exterior. Creo que tiene un gran potencial y que, de a poco, cada vez más bodegas están apostando por mostrar todo lo que esta variedad puede ofrecer.
Me gustaría que dentro de diez años la Bonarda tenga un lugar más importante en las cartas de vinos, en las vinotecas y en la elección de los consumidores. Para eso, necesitamos seguir elaborando vinos de calidad, pero también comunicar más, contar su historia y acercarla a la gente. Los sommeliers y quienes trabajamos en el mundo del vino tenemos un papel importante en ese camino.
Desde Cumehue, apostamos a que la Bonarda sea reconocida por su propia identidad y por la calidad de los vinos que puede dar. Me imagino un futuro en el que, cuando se hable de las grandes variedades argentinas, la Bonarda tenga el reconocimiento que merece y el Este mendocino sea valorado como una región capaz de producir grandes vinos.