Los muros de piedra seca sostienen la viticultura heroica en la Valtellina
La Unesco reconoce una técnica presente en 2.500 kilómetros de bancales clave para la estabilidad del terreno
miércoles 21 de octubre de 2026

La técnica de los muros de piedra seca volvió a ocupar un lugar central en la Valtellina con motivo de la Jornada Internacional del Patrimonio Cultural Inmaterial, celebrada el pasado 17 de octubre. En esta zona alpina del norte de Italia, esa práctica artesanal está en la base de la llamada viticultura heroica y forma parte del paisaje agrario desde hace generaciones. Su valor no es solo cultural: también ayuda a ordenar las laderas y a reducir el riesgo de inestabilidad del terreno.
La Unesco reconoció en 2018 el arte de construir muros de piedra seca como patrimonio cultural inmaterial. Se trata de una técnica antigua que consiste en colocar una piedra sobre otra sin cemento ni mortero, mediante la elección, el ajuste y el encaje de cada pieza. En la Valtellina, ese saber ha permitido hacer cultivables pendientes de montaña que, de otro modo, serían muy difíciles de trabajar.
Las cifras dan una idea de su dimensión en el territorio. En la Valtellina se contabilizan unos 2.500 kilómetros de muros de piedra seca y 750 hectáreas de terrazas, dedicadas sobre todo al viñedo. Ese sistema de bancales también ha sido reconocido como Paisaje Rural Histórico. El conjunto es el resultado del trabajo acumulado de generaciones de agricultores, que levantaron y mantuvieron estas estructuras para ganar suelo de cultivo en un relieve abrupto.
La franja vitícola se extiende desde el municipio de Buglio in Monte hasta el de Tirano y va desde los 300 metros de altitud hasta rozar los 800. En ese corredor de montaña crece el Nebbiolo delle Alpi, la variedad símbolo de la Valtellina. La relación entre el viñedo y los muros es directa: las terrazas sujetan la tierra, permiten organizar las parcelas y hacen posible el cultivo en laderas muy inclinadas.
Por esa razón, la piedra seca no se considera solo una huella del pasado. Tiene una función diaria en la agricultura de montaña. La conservación de los bancales influye en el equilibrio del paisaje y en la continuidad de una forma de cultivo ligada al trabajo manual. En zonas de pendiente, estos elementos ayudan a canalizar el agua y a limitar la erosión, dos aspectos básicos para la estabilidad del terreno.
La conmemoración del pasado 17 de octubre también recordó otros dos patrimonios inmateriales presentes en la Valtellina y vinculados al mundo de la montaña: la trashumancia y el alpinismo. La primera conserva la práctica del desplazamiento estacional del ganado y un conjunto de usos y celebraciones pastoriles. El segundo forma parte de una tradición que expresa la relación entre las personas y el medio alpino. Son prácticas distintas, pero comparten un mismo vínculo con el territorio y con quienes viven en él.
Entre las Orobie y los Alpes Réticos, ese patrimonio inmaterial convive además con una oferta alimentaria muy ligada a la identidad local. En la Valtellina figuran productos como los Pizzoccheri della Valtellina IGP, la Bresaola della Valtellina IGP y los quesos Bitto DOP y Valtellina Casera DOP. A ellos se suman los vinos del valle, entre ellos Valtellina Superiore DOCG y Sforzato di Valtellina DOCG, elaborados principalmente con Nebbiolo delle Alpi.
La jornada sirvió así para poner el foco en una práctica que combina oficio, agricultura y paisaje. En la Valtellina, los muros de piedra seca no son un elemento decorativo ni una pieza aislada del pasado: forman una infraestructura agrícola que sigue condicionando la forma de cultivar, de habitar la montaña y de conservar uno de los paisajes vitícolas más singulares de Italia.