¿Puede una persona recuperada del alcoholismo volver a beber sin recaer en el trastorno?

Nuevos criterios clínicos aceptan la remisión sin abstinencia total si desaparece el consumo excesivo y sus consecuencias

lunes 21 de septiembre de 2026

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El pasado 18 de septiembre, las declaraciones de Brad Pitt sobre su vuelta a un consumo “más moderado” de alcohol tras siete años de sobriedad reabrieron un debate que va más allá del caso del actor. La discusión gira en torno a una idea muy arraigada: que una persona con antecedentes de alcoholismo solo puede considerarse recuperada si deja de beber por completo y para siempre.

Esa visión convive cada vez más con otra que se ha abierto paso en la medicina de las adicciones. La psiquiatra Smita Das, especialista en adicciones de la Universidad de Stanford, sostiene que el significado de “recuperación” en el trastorno por consumo de alcohol ha cambiado en los últimos años y ya no se limita de forma automática a la abstinencia total.

El cambio no es solo terminológico. Desde 2013, el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, el DSM-5, sustituyó las antiguas categorías de “abuso de alcohol” y “dependencia del alcohol” por una sola: trastorno por consumo de alcohol. Ese diagnóstico puede ser leve, moderado o grave, en función del número de criterios cumplidos en el último año.

Según el DSM-5, se trata de un patrón frecuente o excesivo de consumo que resulta difícil de controlar y que causa problemas en el trabajo, la escuela, la familia, las relaciones u otras áreas de la vida. Para Das, esa definición permite entender que una persona puede mejorar de forma clara aunque no cumpla una abstinencia completa, siempre que reduzca el consumo y deje de presentar los criterios del trastorno.

Esa idea ha ganado apoyo en la investigación. Un estudio pequeño publicado en febrero analizó la posibilidad de que un consumo bajo o moderado forme parte de una recuperación con buenos resultados en algunas personas. Frente al grupo que optaba por la abstinencia, quienes seguían bebiendo dijeron sentirse más capaces de limitar su consumo y percibieron que los cambios positivos en su vida y el apoyo de su entorno reforzaban su proceso.

Otro trabajo de mayor tamaño, publicado en 2025, analizó a cerca de 1.900 participantes que habían consumido alcohol durante el mes anterior. Sus niveles de salud y funcionamiento eran parecidos a los de las personas abstinentes, aunque presentaban una probabilidad algo mayor de sufrir malestar psicológico.

En 2022, investigadores del Instituto Nacional sobre el Abuso del Alcohol y el Alcoholismo de Estados Unidos, el NIAAA, propusieron una nueva definición de recuperación. El organismo la describe como un proceso o un resultado en el que la persona busca o alcanza tanto la remisión del trastorno como el fin del consumo excesivo de alcohol.

El NIAAA entiende por remisión que el paciente ya no cumple ninguno de los criterios del trastorno, salvo el deseo intenso de beber. También fija varios periodos para medir esa evolución: hasta tres meses, entre tres meses y un año, entre uno y cinco años y, por encima de ese plazo, una remisión estable. En cuanto al consumo excesivo, sus autores fijan como límite para los hombres más de cuatro bebidas estándar en un día o más de 14 en una semana, y para las mujeres más de tres al día o más de siete a la semana.

George Koob, director del NIAAA y firmante principal de ese trabajo, explicó que durante años faltó una definición operativa que permitiera estudiar con más precisión qué es la recuperación, cuánto dura y cómo se puede mejorar. A su juicio, ese marco está ayudando a ordenar la investigación y a medir mejor los resultados.

Este cambio tiene efectos prácticos. Das y otros especialistas consideran que ampliar la definición de recuperación puede reducir barreras para acceder a tratamiento. En Estados Unidos, por ejemplo, recibir un diagnóstico de trastorno leve o moderado permite entrar antes en circuitos asistenciales cubiertos por el seguro, sin esperar a un deterioro mayor. También abre la puerta a más investigación sobre fármacos y otras intervenciones para reducir el consumo.

Los expertos consultados coinciden, no obstante, en que la abstinencia sigue siendo la opción que mejores resultados ofrece a la mayoría de los pacientes. Los investigadores del NIAAA señalan que quienes dejan de beber por completo suelen registrar mayores mejoras en salud física, calidad de vida y funcionamiento psicosocial. Aun así, añaden que también hay pruebas de que la remisión del consumo excesivo se asocia con avances importantes y mantenidos en el tiempo.

Un estudio de 2019 observó que, cinco años después del tratamiento, las personas abstinentes y aquellas que habían dejado atrás el consumo excesivo presentaban un gasto sanitario parecido. También mostraban un funcionamiento psicosocial similar al cabo de uno y nueve años. En cambio, otro trabajo de 2025 sobre intentos de recuperación con los criterios del NIAAA encontró más probabilidad de recaída entre quienes seguían bebiendo.

La propia Das advierte de que todavía hay poca investigación sobre qué personas pueden volver a beber sin que reaparezcan los problemas. A partir de su experiencia clínica y de los datos disponibles, cree que esa opción puede ser más viable en pacientes que no tuvieron un trastorno grave, que no arrastran problemas de salud mental sin tratar o ya han aprendido a manejarlos, que llevan años sobrios o que ya no viven en las circunstancias que favorecieron el consumo problemático.

Ese matiz no elimina otro hecho bien conocido en salud pública: ninguna cantidad de alcohol se considera beneficiosa para la salud general. Incluso el consumo bajo se ha relacionado con demencia, cáncer, hipertensión y accidente cerebrovascular.

El debate también tiene una dimensión cultural. Michael Joshua Ostacher, miembro del Consejo de Psiquiatría de las Adicciones de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría y profesor en Stanford, explica que la frase “una vez alcohólico, siempre alcohólico” procede en gran parte de la influencia histórica de Alcohólicos Anónimos. La organización, fundada en 1935, ha sido durante décadas el modelo de referencia para muchas personas con problemas de alcohol.

Ostacher recuerda que “alcohólico” es un término asumido por Alcohólicos Anónimos para definir a sus miembros, mientras que la medicina utiliza desde hace años el concepto de trastorno por consumo de alcohol. Das añade que la idea de que el problema es irreversible ha servido para algunas personas como una norma protectora: si creen que un solo sorbo puede reactivar el trastorno, evitan ponerse a prueba.

A la vez, ambos subrayan que los programas de 12 pasos y la abstinencia ayudan a muchas personas. Según datos de la propia Alcohólicos Anónimos, en 2021 la organización contaba con cerca de 2 millones de miembros activos y más de 120.000 grupos en todo el mundo.

Pero ese modelo no funciona para todos. Das y Ostacher señalan que algunos pacientes sienten vergüenza cuando una sola bebida se interpreta como una ruptura total de la recuperación y como la obligación de empezar de cero. En ciertos casos, esa carga moral puede empeorar el consumo. También hay personas que no se identifican con la referencia a un poder superior presente en los 12 pasos.

Kenneth Anderson, de 68 años y residente en Filadelfia, sostiene que ese enfoque no le ayudó. Anderson, que se define como ateo, pasó por problemas con el alcohol entre las décadas de 1980 y 2000 y ahora afirma que puede tomar una o dos bebidas cada pocos meses sin que eso le lleve a perder el control. Es fundador de HAMS, siglas en inglés de Apoyo para la Reducción de Daños, Abstinencia y Moderación, una comunidad en línea con más de 13.000 miembros.

Los especialistas recuerdan que no existe una sola causa para el trastorno por consumo de alcohol. Entre los factores que influyen citan la genética, ciertas vulnerabilidades neurológicas, el estrés vital y los trastornos mentales. Das señala que el 50% de las personas con un trastorno por consumo de sustancias presenta además una afección de salud mental.

Por eso, cuando un paciente que ha mejorado de forma clara le plantea la posibilidad de volver a beber, Das no responde con una regla única. Primero analiza por qué quiere hacerlo, qué riesgos existen y qué alternativas tiene. Si el objetivo es sentirse integrado en un grupo o reducir la ansiedad en una reunión, puede proponer bebidas sin alcohol u otras estrategias. Si la persona insiste en intentarlo, revisa con ella los criterios del DSM-5 que cumplía antes, define límites precisos y acuerda un seguimiento para comprobar si el consumo sigue bajo control.

La psiquiatra avisa de que el alcohol reduce la capacidad de tomar decisiones, incluida la de saber cuándo parar. También recuerda que, aunque una persona pueda seguir en remisión clínica mientras bebe, puede haber otros motivos para no hacerlo, como el impacto emocional en familiares o parejas que vivieron de cerca el problema anterior.

Entre las señales de alarma figuran incumplir de forma repetida las propias normas o ir ampliándolas con el tiempo. Para quienes tienen problemas activos con el alcohol, Das apunta que 1 de cada 10 estadounidenses de 12 años o más padece un trastorno por consumo de alcohol. Los tratamientos incluyen rehabilitación ambulatoria o residencial, medicación y psicoterapia, en especial la terapia cognitivo-conductual con prevención de recaídas.

También existen grupos de apoyo orientados a la moderación. Entre ellos figura Moderation Management, una organización sin ánimo de lucro creada en 1994 y gestionada por sus miembros, que ofrece sesiones presenciales y virtuales. Su programa propone un periodo inicial de 30 días de sobriedad, una revisión del impacto del alcohol en la propia vida, cambios en los hábitos diarios y la fijación de límites para un consumo moderado.

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