El vino europeo reclama una estrategia común ante la caída del 14% del consumo en una década

Más de 130 representantes del sector y de las instituciones debaten en Tarento sobre PAC, comercio y salud

Jueves 25 de Junio de 2026

Más de 130 representantes de instituciones europeas y nacionales, empresas vinícolas, viticultores, académicos y organizaciones sectoriales se reunieron este jueves, 25 de junio, en Tarento para abordar el futuro del vino europeo en la European Wine Summit, organizada por el Comité Europeo de Empresas del Vino (CEEV) junto a sus socios italianos Federvini y Unione Italiana Vini (UIV).

La cita reunió a un amplio grupo de responsables públicos y representantes de la cadena de valor del vino. Entre ellos estuvieron el comisario europeo de Agricultura y Alimentación, Christophe Hansen; el ministro italiano de Agricultura, Soberanía Alimentaria y Bosques, Francesco Lollobrigida, mediante un mensaje grabado; el presidente de la Agencia Italiana de Comercio Exterior, Matteo Zoppas; eurodiputados y portavoces del sector europeo e italiano.

El encuentro se celebró en un momento de cambio para el mercado del vino. CEEV sitúa esa transformación en factores propios del mercado y en presiones externas como el cambio climático y la inestabilidad geopolítica. La organización aporta además varios datos para medir ese giro: el volumen mundial pasó de 242 millones de hectolitros en 2016 a una estimación de 208 millones en 2025, lo que supone una caída del 14% del consumo en la última década. A eso se añade que el comercio internacional del vino, que alcanzó un valor récord de 38.000 millones de euros en 2022, podría bajar hasta 33.800 millones en 2025.

Ante esa evolución, los participantes defendieron la necesidad de adaptar el marco político europeo a la realidad económica del sector. El debate giró en torno a una idea central: el vino europeo funciona como una cadena de valor integrada que conecta la producción local con los mercados internacionales y que, a juicio de los organizadores, ayuda a absorber la volatilidad, sostener la actividad de miles de viticultores y mantener la presencia comercial de las marcas europeas fuera de sus fronteras.

CEEV cifra en 130.000 millones de euros la aportación del vino a la economía europea. Sobre esa base, la cumbre planteó que las futuras decisiones comunitarias deben reforzar la inversión, la capacidad de adaptación, la competitividad y el crecimiento sostenible del sector.

Las conversaciones se centraron en dos grandes asuntos. El primero fue el futuro de la Política Agraria Común y la adaptación de las medidas de apoyo al vino. El segundo abordó la relación entre vino, ciencia y políticas de salud. En ambos casos, los asistentes coincidieron en la necesidad de que las futuras normas europeas tengan en cuenta tanto el peso económico del sector como su dimensión cultural y territorial en las zonas rurales.

Durante la jornada también se insistió en la importancia de mantener relaciones comerciales estables y previsibles, mejorar el acceso a los mercados internacionales y evitar una regulación desproporcionada o fragmentada. Los participantes señalaron además que los objetivos de sostenibilidad deben acompasarse con la viabilidad económica de las empresas y con el mantenimiento del potencial productivo.

En la apertura del encuentro, la presidenta de CEEV, Marzia Varvaglione, defendió que el sector debe responder a sus dificultades sin renunciar a una visión de futuro. Varvaglione afirmó que el vino europeo representa historia, cultura, territorios, oficio y convivencia, y sostuvo que para asegurar su futuro hace falta reconectar con la sociedad, atraer a nuevos consumidores adultos y reafirmar el valor de la cultura del vino como uno de los pilares de la sostenibilidad.

El programa incluyó una intervención sobre la situación de los mercados del vino a cargo de la analista Tiziana Sarnari, de ISMEA y experta de CEEV en el Observatorio del Mercado del Vino de la UE. Después se celebraron dos mesas redondas. La primera estuvo dedicada a la reforma de la PAC y a la revisión de la red tradicional de apoyo a la producción vinícola europea. La segunda analizó el vino en su relación con la ciencia y las políticas de salud.

En esos debates participaron, entre otros, los eurodiputados Dario Nardella y Michele Picaro; Luca Rigotti, presidente del grupo de trabajo del vino de Copa-Cogeca; Samuel Masse, presidente de CEVI; Piero Mastroberardino, miembro del consejo de CEEV; Attilio Giacosa, presidente de IRVAS; Sandro Sartor, presidente de Wine in Moderation, y Fabiola Sfodera, profesora de la Universidad La Sapienza. También intervinieron mediante mensajes grabados Esther Herranz, Carlo Fidanza y el subsecretario de Estado del Ministerio de Sanidad italiano, Marcelo Gemmato.

En la clausura, Christophe Hansen subrayó que el vino europeo es mucho más que un producto agrícola y lo vinculó al patrimonio cultural, las identidades regionales y las economías rurales. El comisario explicó que en Tarento quiso escuchar de forma directa a los productores y las dificultades que afrontan en un momento marcado por cambios de mercado, clima y consumo. Hansen añadió que por esa razón la Comisión ha presentado el llamado Wine Package, con herramientas prácticas para que los Estados miembros y el sector puedan adaptarse y reforzar su posición.

Por su parte, el secretario general de CEEV, Ignacio Sánchez Recarte, aseguró que las conversaciones celebradas en Tarento reflejan un amplio acuerdo entre responsables políticos y cadena de valor del vino sobre la necesidad de una estrategia coherente para Europa. A su juicio, el sector atraviesa transformaciones profundas, pero mantiene activos y oportunidades que exigen decisiones públicas orientadas a sostener la resiliencia, la competitividad y el crecimiento sostenible.

Las conclusiones de la cumbre se incorporarán a las reflexiones abiertas sobre el futuro marco político del vino en la Unión Europea y servirán de base para próximas conversaciones entre las instituciones comunitarias y los actores del sector.